sábado, junio 21

José Antonio Pérez Tapias y José Tomás: VERDAD!



Me encontraba reflexionando sobre lo acontecido en mi partido el PSOE con todo el lío este de las primarias para elegir Secretario General y vi unas imágenes del excepcional torero (me reconozco contrario a esto de la “fiesta nacional”) José Tomás.
Dos Josés, uno enfrentándose al toro en las plazas, el otro en el PSOE, pero los dos con rasgos comunes, más allá del propio nombre.



¿Qué distingue a José Tomás en el mundo de los toros?

Su valentía al igual que Pérez Tapias al lanzarse a la batalla en plena decadencia socialista y con todos los elementos, aparatos, medios de comunicación, poderes fácticos, en contra, algunos radicalmente en contra. Ambos torean de cerca, pisando terrenos que nadie se atreve a pisar, en las distancias cortas, arriesgando, jugándose la vida, uno real, otro política cada vez que saltan al ruedo.

Su pureza, profundizar en las propias raíces del toreo, como Pérez Tapias que vuelve su mirada a los principios que jamás debimos abandonar. ¿Cómo es posible que decir que debemos recuperar nuestra seña de identidad de partido de izquierdas suene a novedoso e incluso revolucionario? ¿Cómo lo es que defienda nuestro republicanismo, federalismo, nuestra democracia interna y suene casi a herejía?



Su honestidad, su coherencia, José Tomás entiende el toreo de verdad, sin trampas, sin argucias, sin cosmética de marketing barato, no tiene una sonrisa Profidén, torea serio, porque serio entiende es lo que hace, al igual que Pérez Tapias que como buen filósofo analiza con rigor académico lo que debe ser nuestra senda a seguir.

Es profundo, José Tomás practica no un toreo de salón, sino uno real, arriesgado pisando terrenos que nadie actualmente se atreve a pisar, como Pérez Tapias enfrentándose con sus propuestas a la monarquía, a la casa real, a la gran banca encabezada por Botin, a los poderes financieros, a quienes se encontraban cómodos con un PSOE domesticado, integrado y ahora ven peligrar este estatus con su irrupción que se puede considerar revolucionario.



Claro, porque Tomás y Pérez Tapias se consideran revolucionarios, porque son VERDAD, esa es la clave, en un momento en el que la mentira y el engaño dominan el mundo del toreo y de la política, aparecen ellos y ponen las plazas patas arriba. Le dan la vuelta a todo y se atreven a ser iconoclastas, irreverentes, pero curiosamente desde esa verdad, desde el respeto a sus principios, a sus ideas.

Coherentes, Tomás y Pérez Tapias son coherentes con lo que creen y lo defienden hasta las últimas consecuencias, el primero arriesgándose a las cornadas que adornan ya su cuerpo, el segundo con otro tipo de cornadas igual de violenta, dolorosas, que le vienen desde el poder establecidos, desde el inmovilismo estéril de quien solo quiere que cambie algo para que en el fondo nada cambie.

Son, de manera diferente, humanistas, pensadores, soñadores e incluso utópicos. Bendita utopía que nos hace avanzar en un mundo vacío de ideas, en el del toreo y en el del socialismo. Han irrumpido de manera sorpresiva en sus diferentes lugares de actividad y han revolucionado el patio. Han tirado la piedra sobre estanques con aguas demasiado paradas, estancadas. Son viento fresco que sacude y limpia el ambiente.
Es probable que mueran en las plazas, en la de toros y en la del socialismo español, pero dejarán huella, una huella profunda y eterna. Se les recordará por un bello intento de regeneración de ambas actividades.

Ambos emocionan, introducen elementos de sentimiento, de pasión, de ilusión en un mundo falto de todo ello. Y se les respeta. Se les respeta independientemente de que estés o no de acuerdo con su arte en el toreo o sus ideas para el socialismo. Se les respeta sin necesidad de emplear el temor, el chantaje o la presión. Por eso son tan grandes.

Gracias, eskerrik asko José Tomás, José Antonio tapias, gracias por vuestra valentía, pureza, honestidad, coherencia, pero especialmente por ser VERDAD en un mundo de falsos profetas.


2 comentarios:

  1. Flaco favor le haces comparándolo con un torero.

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  2. No lo comparo con un torero, lo comparo con una actitud en la vida, cada uno en su campo, aunque ya aclaro que estoy contra los toros. Leelo amigo, leelo.

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