viernes, enero 17

“Asier ETA biok” = generosidad, valentía, reconciliación, PAZ


Anoche tuve el inmenso placer, el privilegio porque lo hice por invitación personal y expresa de sus directores Aitor y Amaia Merino, de acudir al estreno en Pamplona del documental “Asier ETA biok”. El título para quienes entiendan el euskera juega con el doble sentido de la palabra “eta”, la conjunción “y” más las siglas de una organización que ha producido mucho daño en este país, ponga aquí cada cual lo que desee.

Reconozco que fui con cierto recelo, jugaba en “terreno ajeno” aunque mi larga experiencia en política me ha enseñado que nunca sabes muy bien cuál es “tu terreno”. Las gentes que me rodeaban, la mayoría al menos, habían luchado en diferente trinchera que la mía en esta cruel y absurda guerra, pero ahora había respeto, incluso aprecio, porque al menos en estos momentos somos capaces de dialogar y entendernos.

Tuve ocasión de conocer personalmente a Aitor Merino a la entrada cuando cordialmente vino a saludarme y me dio la percepción de esa juventud fresca, viva, audaz, solidaria y combativa, que además de gran actor y ahora director es los más importante: una gran persona, con ese punto de timidez de los que realmente valen.



El documental comenzó dominando el negro, oscuro, aunque sentí que a medida que avanzaba se iba llenando de colores, e incluso de un refrescante olor en la escena del bosque de hayas en el que Asier tallaba la piedra para su aita (padre). Padre-piedra-haya simbolismo máximo. Que de las imágenes primeras al final iba transmitiendo el profundo cambio producido en la propia sociedad en el tema de la violencia. Una violencia que ha invadido las relaciones personales, las amistades, incluso los amores durante los últimos 40 años, pasando del dolor, la rabia, el odio, a la ilusión, el diálogo, el encuentro de quienes vislumbran la paz al fondo de ese patio de colegio en el que dialogan los dos amigos.

Pero el mayor mérito del documental, realizado con cuidado, con mimo incluso, es intentar mostrarnos sin tomar partido ambas realidades confrontadas. De una manera objetiva entre tanta subjetividad, justa entre tanta injusticia absurda, serena frente a la crispación, con una sensatez que contrasta con la locura partidista que domina aún ambas trincheras. 



Refleja sí la parte humana de dos amigos que se quieren, que discrepan, que se confrontan, pero que también se respetan, como si el respeto tan difícil aquí fuera impregnara cada plano, cada escena. Pero no rehuye el fondo de la cuestión: el denominado “conflicto vasco”. La utilización de la violencia, extrema incluso, el debate sobre su uso con fines políticos, los razonamientos, radicales o no de uno de los protagonistas, Asier, contrastando los del otro, el propio Aitor, imbuido por la cultura, la manera de pensar de Madrid contraria a ese uso.

Tampoco rehuye precisamente eso, aportar su propia visión del conflicto, sus opiniones sinceras, y los interrogantes, algunos sin respuesta, que le abre su amigo del alma, las contradicciones de quererle al límite y discrepar con él profundamente.

Es un documental, una película, valiente, sincera, honesta, generosa, que conviene visualizar y debatir al estilo de los cine fórum que hacíamos en los años 70, incluso debiera ser de obligada visión y reflexión en las aulas de todo el estado, porque esa es una de las claves que aporta Aitor de su vivencia madrileña, el absoluto desconocimiento, lejanía metafísica que se tiene allí de lo que ocurre aquí.



Me sentí identificado con él, una identificación repleta de ternura y comprensión, en mi caso al revés, nacimiento, infancia, juventud allí, en Madrid y madurez y vejez aquí en mitad del conflicto. Amistades, sensaciones, sentimientos en ambas orillas. También con su posición “puente” ante este río de aguas turbulentas. Una compleja y difícil posición en un conflicto con demasiadas aristas, demasiadas incomprensiones, tensiones, demasiada incomunicación, e ignorancia del “otro”, demasiada violencia y poco diálogo, entendimiento.

Quizás el elemento más cruel sea que uno de los protagonistas, Asier Aranguren, haya sido detenido en la última y torpe de nuevo, operación contra el mundo de ETA. Un mundo en el que para muchos insensatos cabe todo, la propia escena que dramatiza la entrada de la policía en casa de Asier lo visualiza perfectamente. Incluso a mí me acusan públicamente de colaborador por mis posiciones heterodoxas sobre esta cuestión en el socialismo español. Por eso este inmenso testimonio tendrá injustamente muchas dificultades para verse en el resto del estado. No sé si alguien que pueda cambiar el sentido de la marcha de este hecho leerá estas líneas, pero si lo hace que haga algo para evitarlo, porque resulta absolutamente didáctico y es una gran aportación a la PAZ, así con mayúsculas.



Da para mucho el documental de Amaia (no la olvido) y Aitor Merino, para sensaciones, sentimientos diversos, reflexiones varias, merece la pena verlo, os lo recomiendo con vehemencia aunque el tema que trata sea difícil de digerir.

Anoche sentí que estaba un poco menos solo en esta a veces estéril batalla por la paz. Anoche recargué pilas, recuperé fuerzas para la parte del largo y curvo camino que aún nos queda por recorrer. Gracias Amaia y Aitor, eskerrik asko desde la otra orilla….





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