domingo, octubre 27

La izquierda debe frenar a la extrema derecha, al fascismo



Mi lema para hoy y siempre: "justicia para todas y todos, por un final sin vencedores ni vencidos, reconciliación con generosidad.

Egun on, buenos días, bon día, amanece luminoso en Villava-Atarrabia, con una extraña sensación de inquietud y desasosiego después de ver y escuchar ayer las tertulias de la Sexta y Tele 5 sobre la sentencia del TEDH.

Vi la extrema crispación, la instrumentalización, el odio, el deseo de venganza que confunden con justicia, de algunas de las víctimas y de parte de los tertulianos. Especialmente terribles las intervenciones de Isabel San Sebastián, el director de La razón, Marhuenda, o la hermana de Gregorio Ordoñez.

Me di cuenta de la aparición violenta de la extrema derecha en este país, detecté rasgos de un peligroso fascismo, de planteamientos contrarios al Estado de Derecho y contra el proceso de paz. Quizás algunas y algunos se encontraban más cómodos cuando ETA asesinaba y podían utilizarlo como arma arrojadiza contra la democracia. Me pregunté: ¿Quiénes pueden ser más peligrosos para esta los etarras y su violencia, o ellas y la que detecté ayer brotando por sus labios y sus ojos?
 

Hace años que apuesto, que lucho para que la paz llegue a nuestro país (ponga aquí cada cual lo que desee). Años de actividad, de contactos, de diálogo, entendimiento, de intentos de entender al “otro” y sus razones, de construcción de puentes. Muchas veces con incomprensión, con presiones intolerables, con represión. Pero ahora que después de cuatro años veo tan cerca la paz, no voy a consentir que  se ponga en peligro por estos facinerosos, canallas que solo desean romper el delicado equilibrio actual.

Pero temo que lo hagan, por eso desde mis atalayas lanzo un angustioso mensaje a la izquierda de este país, callada, acojonada ante esta violencia fascista. Ya sé que es difícil ante tanto griterío alzar una voz sensata, responsable, pero alguien debe hacerlo desde el PSOE, desde IU (solo Llamazares lo ha hecho ayer), alzarla alta y clara, de manera valiente.

Sí Zapatero es en cierto modo responsable de esta sentencia del TEDH, claro que lo es, porque creía que la paz era posible, porque apostó por ello, por cierto con Rubalcaba cerca apoyando, soy testigo directo de ello. Y casi lo consigue, si no hubiera sido porque la crisis se lo llevó por delante, la paz ya sería una realidad consolidada. Apostó, es su legado y los socialistas debemos defenderlo con coraje, con valentía, con claridad y no acojonarnos ante el vocerío. Fue él quien inicio el proceso de paz que nos ha llevado a cuatro años, cuatro! Sin violencia, sin muerte y sufrimiento. Solo por eso ya valía la pena intentarlo. Por eso al menos desde esta atalaya lo reivindico, lo reconozco y le mando un abrazo especial.

Pero ahora no podemos, no debemos dar pasos atrás, ni por electoralismo siquiera. Tenemos que enfrentarnos al monstruo que el PP ha alentado, amamantado y que si no lo hacemos nos puede devorar a todos.

No solamente eso, también hay que avanzar, presionar a ETA para que ahora mueva ficha con su desarme con fecha fija, al PP para que cambie su política penitenciaria eliminando la dispersión, para que desactive los macro juicios en marcha sobre Herriko Tabernas y Segi, para que libere a Otegi, Miren Zabaleta, y el resto de quienes siguiendo los pasos del camino iniciado por Zapatero impulsaron Bateragune.

Después vendrá la necesaria reconciliación con grandes dosis de imaginación, audacia y generosidad. La victoria de víctimas generosa como Maixabel Lasa, las hijas de Ernest Lluch y otras y el reconocimiento de quienes habrán hecho posible esa paz: Zapatero, Zabaleta, Otegi, Egiguren, Barrena, Paul Ríos y el que más: mi difunto amigo Enrique Curiel.

La paz es posible, la paz es necesaria y está muy cerca, pero para eso la izquierda, mi partido el PSOE deben reaccionar y enfrentarse a la marea negra que hoy va a caminar por las calles de Madrid, por esas calles donde mareas de colores, amarilla, blanca, verde, han caminado con más dignidad estos últimos meses.

¡No pasarán! Al menos no pasarán con mi silencio cómplice.

 

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