miércoles, noviembre 12

Malos tiempos para la lírica

Hay una frase famosa que podría venir bien para definir la época que estamos sufriendo; “vivimos malos tiempos para lírica”, no sólo por lo que ahora nos ocupa y nos preocupa: la crisis económica, también por la situación de una violencia enquistada, que desde el Norte azota a todo nuestro país, y a la que no se acaba de vislumbrar su final.

La crisis económica ha venido de improviso, sin avisar, aunque algunos en nuestras reflexiones ya lo advertíamos hace mucho tiempo. La denominada “burbuja inmobiliaria”, la cultura del “pelotazo” y el enriquecimiento rápido, el excesivo endeudamiento de las familias, la falta de control sobre los beneficios especulativos y de la gran Banca, el descontrol del precio del petróleo, o el bluf de unas Bolsas que sólo se preocupaban de buscar rentabilidades rápidas a sus inversiones, más en nuestro país la endeblez del sistema productivo, de nuestros sectores estratégicos, no hacían presagiar nada bueno. Las voces críticas como la nuestra se fueron acallando con la acusación de agoreros y gentes de poca fe, y los días y los meses pasaban situándonos cada vez más cerca del precipicio.

Y llegó el batacazo, así de repente, todo el mundo se llevó las manos a la cabeza, surgió el pánico, especialmente entre los más desfavorecidos, comenzaron las bajadas en las Bolsas, sin dejar de producirse vaivenes especulativos que nade puede ni quiere controlar, los Bancos se desplomaban, las constructoras cerraban, y el viento contaminado que legaba de EE.UU. con sus famosas “hipotecas basura” ha barrido primero Europa, y luego el resto del planeta. Los gobiernos, sus líderes han asistido petrificados a lo que nadie se aventuró a vaticinar, incapaces de tomar medidas contundentes, y eficaces, sólo parches y más parches. Mientras tanto las familias, las grandes paganas de esta crisis, comienzan a angustiarse al ver su desamparo, el tercer mundo era cada vez más, y las diferencias sociales se acrecientan.

La crisis del capitalismo ha llegado, una crisis profunda producto de la tremenda injusticia sobre la que se sostenía, de las profundas desigualdades que ha producido entre los diferentes mundos, incluso entre las propias clases sociales.

Ahora dicen que hay que refundarlo de nuevo, mientras que la izquierda guarda un vergonzoso silencia por incapacidad o complicidad. No ha que refundarlo, ¡hay que transformarlo profundamente!, y esa izquierda que ni está ni se la espera debe aprovechar esta situación para desde los mecanismos de poder que aún le quedan, especialmente los Gobiernos, contribuir a esa transformación. Incluso puede ayudar a conseguirlo el celebrado triunfo de Obama en las elecciones de EE.UU., que aunque no se pueda definir como de izquierdas si puede, y debe estar menos controlado por los grandes centros de poder, grupos de presión, grandes multinacionales, o la industria armamentística, para ayudar en éste empeño. Pero a la izquierda le falta un líder claro, y éste podría ser, debería ser nuestro compañero Zapatero, si de una vez por todas se decide a serlo rompiendo amarras con su controlad ambigüedad. El buen rollito, el talante ya no sirve, debe ser más contundente. Quizás el tándem Obama-Zapatero pueda ser la gran esperanza de la izquierda global. Le animo a serlo desde esta humilde página de alguien de izquierda.

Pero la crisis económica no es el único problema que ocupa y preocupa a nuestro país, también el terrorismo nos está sacudiendo constantemente. La situación en Euskadi y Navarra es cada vez más dura, y difícil, pendiente también del resultado de unas elecciones en la primera, que por primera vez un muchos años pueden traer el anhelado y deseado cambio, para llevar a nuestro compañero Patxi López a la Lehendakaritza. Os lo digo desde la experiencia en primera persona en un pueblo durísimos como Villava-Atarrabia en el que vives entre la incertidumbre de ser el próximo objetivo del coche bomba, ya las miradas de odio que te cruzan por la calle.
Pero ETA y su mundo con su enrocamiento están produciendo sacudidas no sólo en forma de violencia, también en el terreno político, y social. Las sucesivas destrucciones de los puentes, algunos de ellos construidos después de largos años de esfuerzo, hace cada vez más difícil una solución política, y dirige todo el esfuerzo a la labor policial y judicial.

Muchas veces he expresado que el final de éste largo y doloroso conflicto debía ser a través de la suma de éstos instrumentos, acompañados de la ayuda política, el problema hoy es que no hay nadie en la otra orilla de este río de aguas turbulentas con la valentía y la audacia de apostar por ello. Quizás algunas operaciones, a las que desde aquí animamos, por parte de viejos líderes sindicales y políticos del mundo batasunero, hagan ver esta situación con una leve esperanza en el futuro. Mientras tanto los militares etarras se lanzan en una espiral de crueldad y sinsentido que podría conducirnos a un hecho como el de Omagh en Irlanda. Dan la sensación de estar quemando sus naves, pero que ese incendio puede acabar abrasando a un sector social importante de Euskadi y Navarra. Por eso sería especialmente importante que la operación comentada se abriera paso entre sus bases, ante lo que el Gobierno debería ser lo suficientemente hábil y generoso para favorecerla con medidas eficaces. Ése podría ser un momento clave, y quizás el último, para buscar una salida política a esta situación.

Con Patxi López como Lehendakari, una colaboración mayor con el PNV allí y aquí, y algunas medidas complementarias en el terreno institucional, incluidas las transferencias pendientes, se podría ver la luz a este largo y negro túnel.

Vivimos malos, oscuros tiempos para la lírica, pero desde la izquierda habrá que aportar soluciones para todos los problemas expuestos. Esa es nuestra responsabilidad, ése nuestro reto.

Ahí me encontraréis, dedicando mi esfuerzo y mi vida por ello.

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