Necesitamos líderes sociales que ayuden a evitar la insensatez

Una de las características que tiene esta segunda fase de la pandemia, es que a diferencia de la primera que afectó a las gentes de más edad, en esta ocasión lo hace especialmente a la franja de edad entre 10 y 30 años. Así los jóvenes se han convertido en infectados sin síntomas o muy leves, que son capaces a su vez de contagiar a otras franjas de edad más vulnerables con suma facilidad. Lo que se podría denominar como bombas de relojería. Pero a diferencia de los mayores, su nivel de inconsciencia e irresponsabilidad, en términos generales, es mucho más elevado, lo que supone un riesgo social de la misma importancia. ¿La pregunta del millón es cómo ser capaces de convencerles, de que su comportamiento incívico pone en peligro a los demás, incluidas las personas más cercanas, padres, madres, abuelos, abuelas, etc.? ¿Con multas y sanciones? No parece que ese sea el método más eficaz. ¿Con mensajes y campañas de concienciación desde la instituciones? Tampoc...