miércoles, febrero 10

El futuro del trabajo

Escribí este artículo hace diez años, pero creo que con algunos matices está de plena actualidad.

Se ha hablado mucho en los últimos tiempos del futuro del trabajo y del futuro de la clase trabajadora , pero se ha evitado (conscientemente en la mayoría de los casos) hablar de las consecuencias de este problema. Se podría decir que entre los teóricos del tema existe una especie de “conspiración del silencio” , quizás presionados por círculos poderosos , que temen que las personas perciban el desempleo estructural que nos castiga , como una inevitable consecuencia de la revolución científico-técnica en la que estamos inmersos.

Pero no solo nos enfrentamos al miedo de los empresarios que temen las respuestas negativas a las consecuencias , tan ventajosas según ellos , de la revolución tecnológica , también está el miedo de los sindicatos al pánico de sus afiliados ante la perspectiva de un desempleo estructural inevitable. Sindicatos incapaces de dar una respuesta coherente y eficaz a este problema.

Existe miedo en los que saben e ignorancia en el resto , porque es difícil llegar a entender la complejidad de la moderna tecnología y de la evolución que se produce en este campo , sin precedentes en la historia de la humanidad. Además los especialistas , los que “saben” , no están interesados en las consecuencias sociales de lo que están haciendo.

Por tanto podemos asegurar que la revolución cientifico-técnica y las consecuencias sociales de la misma , van acompañadas por la ignorancia y el miedo a hablar sobre ello.

Es por eso fundamental y prioritario que desde los partidos definidos como de izquierda y desde los sindicatos , se comience un amplio debate sobre este grave problema y tratemos de contestar a la pregunta que nadie quiere hacerse : ¿es el desempleo estructural un resultado inevitable de la 2ª Revolución industrial que vivimos? , y si así fuera ¿qué hacer ante ello desde una perspectiva de izquierda?.
Ya en 1.930 Keynes lo anunciaba de forma profética :
“ Nos aflige una nueva enfermedad cuyo nombre no se haya oído , pero acerca de la cual oiremos mucho en los próximos años , me refiero al desempleo tecnológico”.
Y lo dijo cuando no existía la microelectrónica y lo llamó desempleo tecnológico cuando ahora lo llamamos estructural. Pero lo que importa no es el nombre sino el fenómeno que se analiza y ahí Keines acertó.

Está claro para todos los analistas que estamos viviendo una 2ª Revolución Industrial , basada en la parición de la microelectrónica y la robótica , de la que estamos solo en su etapa inicial , que está produciendo cambios revolucionarios en nuestra sociedad y que tiene su origen en el uso de microprocesadores que en solo 25 años han multiplicado por cien su eficacia y potencia , con una caída en picado de su precio. Existen ya macrochips que integran cada uno un millón de transmisores y aparecen ya ordenadores de 5ª , 6ª ... generación y de robots relacionados con ellos.Para el siglo XXI se puede tener en un chip el equivalente al cerebro humano , con lo que la idea del cyborg (robot humanoide) ya no pertenece a la ciencia-ficción sino simplemente al futuro tecnológico inmediato.

En Japón se trabaja ya en futuras fábricas que funcionarán sin mano de obra humana y la mayor fábrica del mundo de robots con capacidad de hacer 12.000 al año , funciona con 90 personas.

Utilizando técnicas no ya de análisis marxista , sino simplemente de sentido común , se llega a la conclusión de que todo esto significa una aceleración en la robotización y la informatización de los procesos productivos y de los servicios , y por tanto una reducción drástica de la mano de obra , no solo como consecuencia de la crisis económica como era habitual , sino fundamentalmente del resultado de los progresos tecnológicos. Y por tanto la generación de un desempleo estructural , que según algunos expertos como el premio Nobel de economía Leontief , cifra solo para EE.UU. en 20 millones más para el año 2.000 y hay quién apunta una reducción del 25 % de la mano de obra a nivel mundial.

Afirmar como hago que es inevitable este desempleo , como consecuencia de la 2ª Revolución Industrial que vivimos , no debe significar que ésta sea una desgracia , y que debemos luchar contra ella (entre otras cosas porque no es posible). No será un desastre en tanto en cuanto se satisfagan ciertas condiciones con las que debe resultar beneficiosa para la humanidad.

Como afirma Adam Schaff : “es un desafío al Jehová bíblico que condenó a los seres humanos a ganar el pan con el sudor de su frente , porque la automatización invalida esta sentencia , permitiendo al ser humano en lugar de realizar trabajos físicamente duros , liberar su actividad creativa para un desarrollo más pleno de su personalidad y de su realización”.

Por lo tanto la escasez de trabajo no es una maldición , sino la forma perversa de lo que puede y debe ser un beneficio potencial. Significa que la economía ya no va a necesitar que se trabaje a tiempo completo (considerando esto como las ya clásicas 40 h. semanales) , y durante todo el año y por tanto que exista la posibilidad de disponer de una cantidad sin precedentes de tiempo libre.

La cuestión para la izquierda es luchar para permitir , que todos los individuos y la sociedad en su conjunto se beneficien de ello. Esto requiere trabajar menos horas y con más trabajadores , para evitar que la maldición anterior se pueda transformar en : “No trabajarás”.

Es por eso necesario fijar una serie de condiciones que contesten a la pregunta de ¿qué hacer?. Qué hacer para asegurar la existencia de millones de personas que están condenadas a perder su empleo con un doble problema , el económico y también en qué emplear el ahora tiempo libre. Y también qué hacer para generar el empleo necesario para las nuevas generaciones que llegan al mercado de trabajo.

Para contestar estas preguntas debemos partir de las siguientes ideas básicas , desde una posición nítidamente de izquierdas :
1.- El pleno empleo y la mayor igualdad social y económica , son objetivos más importante que el crecimiento económico por si mismo.
2.- Debemos priorizar el crecimiento económico en aquellas áreas que más beneficien a la población , que menos deterioren el medio ambiente y que corrijan los desequilibrios entre el Norte y el Sur.
3.- Seguir profundizando en las campañas para el acortamiento de las jornadas laborales , y como consecuencia por una redistribución de los puestos de trabajo existentes (trabajar menos para trabajar todos).
4.- Instituir una Renta Básica para todos los ciudadanos de un país , con la obligación para aquellos que no tengan empleo de participar en ocupaciones socialmente útiles. Para ello se deberá elaborar un catálogo de las mismas.
5.- Fomentar la cultura del ocio y de la educación continua , trabajando en la idea de “disponer de tiempo libre es más importante que disponer de dinero”.
6.- Está claro que los recursos necesarios para todo ello , deben venir de los fondos públicos provenientes de una nueva redistribución del PNB , mediante impuestos progresivos.
7.- Iniciar una campaña a nivel internacional para que el mayor número de personas tomen conciencia del problema. Con la máxima urgencia ya que el ritmo de la actual revolución tecnológica es tan rápido , que esta cuestión afectará a nuestros hijos o quizás a nosotros mismos.

Hacerse cargo de todos estos planteamientos es el deber de la izquierda en el sentido más amplio de la palabra , porque si no , la falta de cumplimiento de esta tarea significaría asumir una responsabilidad política y moral directa respecto al posible desastre en que quedará sumida la próxima generación , desastre que será inevitable si dejamos su solución en manos de la derecha , o de los autodenominados social-liberales muy de moda en los últimos tiempos , incluso en el seno de la izquierda.

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