lunes, diciembre 8

CUBA: “Sólo vence quien lucha, y resiste”

(En memoria de Ernesto "Che" Guevara")

De todos les eslogan que leí pintado en las paredes de pueblos y ciudades de Cuba, éste es el que más me llega, quizás porque resume una parte de mis ideas, para vencer en cualquier aspecto de la vida no sólo basta con luchar, también hay que resistir.

Hacía seis años que no visitaba Cuba, y reconozco que la he visto cambiada en la forma aunque no en el fondo. Han evolucionado, han aprendido, en cierto modo nosotros les hemos enseñado, y por eso ahora los precios para los turistas se asemejan más a los que tenemos en cualquier parte de España. Pagar mojitos o cubatas a 5 euros, o las comidas a 30 por cabeza es un salto cuantitativo, pero también cualitativo. Si los que vamos del primer mundo (nunca me ha gustado esa denominación) queremos disfrutar de su clima, de sus playas, de sus calles, de su música, de sus valores o de su alegría, pues es lógico que nos lo cobren. Ahora su mayor fuente de financiación somos esos turistas que vamos ansiosos de esas cosas, y de otras más vergonzantes, y una forma de ayudarles o de apoyarles es precisamente seguir yendo y pagando por ello.

Me preguntaban a la vuelta qué era lo mejor y lo peor que había detectado allí. No sabría con certeza contestar a la segunda pregunta, pero la respuesta a la primera es clara y contundente: sus gentes, sus habitantes, su carácter, su alegría, su amor a la vida, en contraste con la amargura que se ve por este “territorio comanche”. Pasear por sus calles sin que nadie te mire con cara de mala hostia, o incluso de odio es un placer para los sentidos, escuchar la música en cada rincón, en cada casa, o mejor, en cada persona que pasa a tu lado resulta por inhabitual aquí, sorprendente, y agradable para los sentidos. Tienen sus dificultades, aunque sus necesidades básicas las tengan cubiertas, lo están pasando mal, y a pesar de ello siguen alegres. Como me dijo alguien allí, lo son porque saben saborear la vida, su vida, minuto a minuto, segundo a segundo, sin interrogarse por el qué ocurrirá mañana, y porque lo del estrés, esa maldita enfermedad de nuestras sociedades avanzadas (¿) que conduce a la depresión, ni lo conocen ni tienen pinta de conocerlo.

Allí los hombre y las mujeres son diferentes. Su forma de hablar, su sensualidad que incrementa su belleza, pero sobre todo su capacidad de seducción sin esfuerzo, sin acartonamiento. La pena es que luego esa seducción se ve estropeada por los vicios exportados desde aquí, pero si se mantiene en su justo lugar es inimitable, y agradable. La manera que tienen ellos y ellas de moverse, de mirarte, o de hablarte resulta tan novedoso para quienes no estamos acostumbrados a esa manera de tratar en este "territorio comanche" en el que me toca vivir, que a la vuelta todo te parece más agrio, más gris, cuando precisamente esa es una de las cualidades de Cuba, los colores que inundan tus sentidos.

Por último la música, todo tipo de música, desde su pasional Son, hasta los boleros, la salsa, la música clásica adaptada a su ritmo, e incluso el jazz o el rock and roll. Todo es música, y uno percibe que todos y todas son de una manera u otra músicos allí. Es curioso ver mujeres en los innumerables grupos que van sonando en los diferentes bares, garitos, restaurantes, o en locales varios, tocando la flauta, la trompeta o el tres, especial guitarra de por allí que produce un bello sonido, tanto como quien lo tocaba.

Alegría, bondad, belleza, sensualidad, seducción, color, música, y además playas, atardeceres y amaneceres de ensueño, bosques formados por árboles como cortinas verdes, o con mil raíces, selvas de palmeras rectilíneas, plantaciones de tabaco, olor especial a la gasolina sin refinar, calles con edificios semi derruidos pero que conservan su belleza antigua, y la dignidad de un pueblo que lucha y resiste notándose en sus rostros erguidos.

Cuba tan lejos, pero ya tan cerca, tan dentro de mi corazón. Volveré, volveré a disfrutarte a saborearte, desde estas líneas me comprometo desde mi admiración y mi respeto, y por qué no decirlo, desde mi amor, porque ya te llevo en lo más profundo de mi corazón.

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