sábado, agosto 10

1991




Escribo esta reflexión, o confesión como se quiera considerar, el 11 de Agosto fecha en la que en 1991 se iba a desarrollar en mi domicilio de Villava, una reunión entre el PSOE representado por Luis Roldán, entonces Director General de la GC y otra persona más y por parte de HB, Patxi Zabaleta, Iñaki Aldekoa e Iñigo Iruin, para conseguir su abstención en la investidura de Gabriel Urralburu, por entonces SG del PSN y Presidente del Gobierno de Navarra.

El mismo Roldán venía de visitar a José Luis Corcuera entonces ministro de Interior y según dijo contaba con el ok de FG. Se había aceptado realizar exclusivamente esta reunión, incluso que posteriormente se hiciera pública.


Pero esta afirmación es como en ciertas películas comenzarla por su final, quizás al hilo del debate habido entre PSOE y UPN-PP-Cs la pasada semana sobre lo ocurrido entonces. 

Antes habría que explicar que viví aquel momento histórico en primera persona, debido a que acababa de afiliarme en el PSOE en Noviembre de 1990 después de la crisis vivida en el PCE de los últimos años de Santiago Carrillo y de la mano de mi amigo Enrique Curiel y la Fundación Europa que creamos.

Justo hacía unos meses había sido elegido parlamentario en unas elecciones donde el PSN obtuvo 19 parlamentarios por 20 UPN, pero que gracias a un acuerdo con EA e IU nos permitió superarles a expensas de la abstención de la entonces HB que con 6 se convirtió en árbitro de la situación. O sea, como ahora.

El candidato socialista Gabriel Urralburu era conocedor de los contactos que con Enrique Curiel estábamos teniendo en un pueblo de Soria, Almazán, en su restaurante Casa Antonio con Patxi Zabaleta.

Allí  mandatado por las altas instancias socialistas, Curiel pretendía crear puentes de comunicación con HB en un momento que comenzaban a moverse cosas en su interior. En su nombre en esos contactos  estaba Patxi Zabaleta por entonces uno de los miembros relevantes de su Mesa Nacional y partidario de que era ya momento de acabar con la locura terrorista. 
     
Debo reconocer que me siento muy orgulloso de todo lo que hicimos desde 1989, fecha de comienzo de aquella aventura, hasta 2011 en nos dejó ese inmenso político que fue Enrique.

Creo que al menos sirvió para conocer mejor al “otro”, para construir puentes por los que comunicarnos y para probablemente acortar el tiempo del sufrimiento. La historia dirá si fue así o no.

Una tarde de principios de Julio Urralburu me llamó a su despacho de Presidencia del Gobierno para proponerme una compleja misión, contactar con Zabaleta para intentar convencerles de su abstención que nos garantizaría mantener esa presidencia y cerrar el paso a la derecha más reaccionaria de este país.

Desde el primer momento se me trasladó la idea que todo lo que hacíamos tenía el visto bueno del PSOE y del Gobierno del Estado. No dudé en ningún instante de que eso fuera así.

A partir de ahí, contactos, conversaciones casi todas a nivel personal para evitar cortocircuitos de los aparatos del estado, propuestas, ideas novedosas, reuniones, algunas con la participación del vicepresidente, José Antonio Asiáin, hasta que una noche de primeros de Agosto me llamó a través de su mujer para que fuera a su residencia presidencial.

Allí en su despacho privado llamó al entonces Director de la Guardia Civil, Luis Roldán. A través de un “manos libres” de la época participé en esa larga conversación a tres.

En ella concretamos la posibilidad de hacer una reunión en la que Roldán estaría presente junto con otra persona que no mencionó, pero intuí que era del máximo nivel, con una delegación de HB. Esa era una de las condiciones que me habían trasladado para lograr su abstención.

Acordamos que se haría en mi domicilio particular en Villava que tenía varias características adecuadas, era un lugar discreto, un octavo piso sin edificios de altura a su alrededor y se podía acceder por garaje.

Se me trasladó que una de las personas que debía estar era el abogado Iñigo Iruín, porque entendían que era el de más rango y galones dentro de esa Mesa Nacional. No hubo problema porque su delegación ya estaba elegida y eran el citado Iruin, mi contacto Zabaleta e Iñaki Aldekoa.

Por cierto los dos últimos fueron posteriormente los que lideraron la ruptura en HB montando el partido Aralar partidario de rechazar el uso de la violencia y la participación exclusiva por la vía política y democrática. Con ellos comenzó el principio del fin de la pesadilla.

Había acuerdo en todo incluso en que dicha reunión se haría pública a posteriori. Para todo ello Roldán tuvo que desplazarse con un helicóptero de la GC hasta el lugar donde estaba veraneando Corcuera para conseguir su OK. Sí, sí, ese que ahora va por los platós diciendo barbaridades. Qué pronto se olvidan y qué vueltas da la vida.

Pero a última hora HB añadió a sus condiciones una más, negociar un documento con varios puntos, ante lo que indiqué que yo ya no podía ser el interlocutor sino que debía hablar directamente entre ellos. De ahí la famosa txartela con el membrete de Presidencia del Gobierno con el texto: L.R. 91 – 5332792 que de puño y letra de Urralburu entregué en mano a mi interlocutor.

Aquella conversación acabó mal porque se suspendió la reunión en mi casa y HB voto en contra del candidato del PSN, y también del de UPN, por lo que accedió a la Presidencia del Gobierno de Navarra su candidato Juan Cruz Alli como lista más votada.

Todo lo que pasó durante aquellos días lo iba transcribiendo en su ordenador personal, José Luis Álvarez Santacristina “Txelis” entonces miembro de la triada “Artapalo” que junto a “Pakito” y “Fiti” dirigía la banda ETA. Su detención en Bidart y que no tenía encriptada la información destapó todo posteriormente filtrada a la prensa en Junio de 1992.

Esa es la historia y ahora la reflexión.       

Quizás la culpa de que ahora nos sigan atosigando con Bildu, heredera de la HB de entonces, sea que en aquella época y hasta 2012 que yo fuera testigo, no hiciéramos públicos aquéllos encuentros y contactos, que fueron diversos y numerosos os lo puedo asegurar. Especialmente que no lo hiciéramos a partir del final de ETA que comenzó oficialmente hace diez años.

Que no hubiéramos normalizado, puesto a la luz lo que todos los gobiernos, TODOS y como era su obligación política y moral, hicimos todos esos años. Intentar acabar cuanto antes y de todas las maneras posibles con aquella sinrazón.

Por eso ahora nos acobardamos, reculamos, por no tener la valentía de decir en su día la verdad de lo que pasó, porque al menos algunos lo hicimos de buena fe y jugándonos nuestra propia seguridad.

¿Ayudamos a conseguirlo? En mi opinión sí, creo que aunque muchos de nuestros puentes fueron dinamitados, otros se mantuvieron y ahora circulamos por ellos con normalidad.

¿Cuánto de lo que hicimos tiene la nueva disposición de Bildu? ¿Cuánto sus abstenciones en la investidura de Pedro Sánchez y María Chivite? ¿Cuánto sus apoyos para sacar las decisiones de los “viernes sociales”?

Aún nos queda rematar pero si lo hubiéramos hecho antes ahora no tendríamos esos problemas.

Este es sólo un capítulo de aquel libro aún sin escribir, aunque ya lo está en parte, al menos ésta, en un magnífico libro de Cárlos Fonseca, “Negociar con ETA, de Argel al gobierno del PP, un diálogo siempre negado”………………

Veremos……………

                                                                                                                                                                                                                      


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