martes, febrero 28

2 de Marzo en memoria de Enrique Curiel

Artículo publicado en Deia, Diario de Noticias de Navarra, Gara, y Navarra Información

El 2 de Marzo de hace seis años fallecía un gran político, un gran amigo: Enrique Curiel. Una figura clave para entender nuestra historia reciente escrita con su lucha antifranquista, pasando por su militancia en el PCE primero y en el PSOE hasta su muerte.

Sirvan estas breves y sentidas líneas como un recuerdo personal y político. Pretenden ser  sólo, y nada menos, un pequeño homenaje como cada año y mi reconocimiento, desde el cariño y respeto. Por quien compartí instantes diferentes de la historia de nuestro país, desde la lucha estudiantil de los 70, pasando por nuestra común militancia comunista, el tránsito hacia el PSOE y en los últimos 25 años de su vida en un esfuerzo común y continuado: el intento de conseguir la paz y la construcción de puentes.

Era un político de los que se ven pocos hoy en día: inteligente, reflexivo, honesto, dialogante, de izquierdas de los de verdad, un intelectual, pero sobre todo era una excelente persona repleta de humanidad, de sentido común.


Enrique era de esas personas a las que se les echa en falta cuando nos abandonan, un “rara avis” de los tiempos actuales con condiciones personales y políticas que ahora escasean: sensatez, generosidad, valentía, coherencia.

Fue respetado y apreciado en el mundo de las diferentes culturas de la Izquierda Abertzale y en el del nacionalismo vasco en general, también en Catalunya con sus ideas sobre la necesidad de resolver las tensiones centro-periferia heredadas de la transición.

Su visión del camino hacia la paz, que coincidió con la mía, no en vano hablábamos casi a diario de ello y le acompañé por sus diferentes andanzas por el norte, le convertía en un elemento clave en la necesaria comunicación entre ese río de aguas turbulentas, término que acuñamos hace ya muchos años. No fue el único; “choque de trenes”, “diálogo y negociación”, “entendimiento entre diferentes y muy diferentes” jalonaron nuestros artículos durante 17 años en DEIA.

Enrique tuvo un paso por el PSOE con luces y sombras pero creo que se va sin que le hayan aprovechado todo su potencial. Un potencial ideológico, de análisis que generó muchos celos y envidias que como en el resto de la vida es lo más peligroso que puede ocurrir. Su carisma, su manera de hablar, de reflexionar, provocó recelo entre los mediocres. Quizás haya sido algo común en el tránsito en la militancia socialista de muchos cuadros formados  en el PCE.

Pasan por mi mente muchos momentos vividos, en Pamplona, en Madrid, en San Sebastián o en Leitza. San Fermín, comidas, cenas, partidos de pelota en el frontón Labrit, paseos, charlas, debates. Enrique se enfadaba conmigo con frecuencia, era como su hijo político, un hijo que a veces se le iba de la mano. Él era mucho más sensato que yo y lo que más me duele es que se fue enfadado por lo que hice en el cohete de Villava en 2010.
Pero nos queríamos mucho, nos apreciábamos y respetábamos profundamente. En los últimos 22 años el trío Enrique Curiel-Patxi Zabaleta-José Luis Úriz, al que luego se añadió Pernando Barrena da para más de una novela.

Ahora nos falta, deja pendiente ese libro que íbamos a escribir conjuntamente sobre el problema vasco, se va sin terminar su obra a favor de la paz, pero cuando ésta llegue definitivamente me encargaré de que se le recuerde y reconozca, porque una parte importante de esa obra será suya.

Agur Enrique, amigo y compañero, agur de nuevo en este sexto año sin ti, adiós con el profundo dolor que me produce aún tu marcha.

Continuaré incansable como me reclamabas tu lucha, pero al mismo tiempo desde estas líneas vuelvo a alzar mi voz para reivindicar tu legado, para clamar por el reconocimiento de tu inmensa labor a favor de la paz.

Quizás el Gobierno Vasco, el PSOE, o incluso la Izquierda Abertzale debieran recoger la iniciativa y subsanar este profundo olvido.

Seis años después de tu pérdida tu bandera sigue alzada….y seguirá….

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado el PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 27 Febrero 2017



lunes, febrero 20

¿Por qué asistí a ese homenaje?

El pasado sábado asistí al homenaje que el Gobierno de Navarra, junto con el Parlamento de Navarra y la Federación Navarra de Municipios y Concejos, hizo a las víctimas por actos de motivación política provocados por grupos de extrema derecha o funcionarios públicos.

O quizás mejor sería decir que fue un acto de reconocimiento y reparación. Reconocimiento de que también son víctima y reparación debido a los años que han pasado sin haberles tenido en cuenta.

Allí en representación de ese colectivo de víctimas intervinieron el hermano de Germán Rodríguez muerto en los aciagos incidentes de los San Fermines de 1978, miembro de LKI, o sea trotskista, la hermana de Mikel Zabalza y el hermano del desaparecido José Miguel Etxeberría. Ninguno de ellos miembro de ETA reconocido, o sea confirmado y comprobado, aunque los dos últimos con fuertes lazos de conexión.

En ese acto volví a reflexionar sobre mi papel allí como doble víctima, por un lado de la policía franquista en mis detenciones en Madrid de 1969 y 1970 militando en el PCE y CC.OO. y también de ETA y su mundo durante mi militancia en el PSOE en Navarra.

¿Qué hacía pues un chico como yo en un lugar como ese? Pues los mismo que en los diferentes homenajes a las víctimas de ETA en los que he intervenido, especialmente en los de mis compañeros Juan Mari Jáuregui y Ernest Lluch. Exactamente lo mismo.
Porque todos los discursos que allí escuché, al menos los que entendí por hacerlos en castellano, valían para todas, todas, las víctimas. Todos hacían referencias a los mismos derechos, a las mismas denuncias y condenas.

La violencia venga de donde venga es reprobable, condenable, incluso diría que mucho más si viene de los funcionarios públicos cuya misión es proteger los derechos humanos, esos que en algunos casos han cercenado.

ETA fue una banda criminal que asesinó a centenares de personas, que amedrentó a miles, que extorsionó, amenazó, que no respetó esos derechos humanos y por lo tanto merece nuestro rechazo, nuestro desprecio. Pero también quienes desde la otra orilla hicieron exactamente lo mismo, de paisano o de uniforme; estos también merecen nuestra repudia y condena.

Estuve allí como doble víctima y también solidario con el sufrimiento producido en ambas orillas de lo que fue un río de aguas turbulentas.

Reconozco que me faltó algo, quizás lo vi demasiado escorado hacia un lado, hacia una de esas orillas, porque también fueron de este tipo de víctimas gentes del PCE, de CC.OO, de ORT….Quizás una representación de ellos habría cumplido más el objetivo de ese acto.

Me hacía preguntas mientras escuchaba desgranar las diferentes intervenciones. ¿Era yo víctima si mis torturas fueron realizadas durante el franquismo en Madrid y como miembro del PCE y CC.OO.? ¿Lo era también por los 11 años de acoso que sufrí por parte de ETA y su entorno? ¿O por el contrario al tener estas peculiaridades quedaba excluido de ambos reconocimientos?

¿Mi equidistancia me situaba desde ambos bandos, en especial desde los más sectarios, como “tonto útil” o incluso como traidor?  En un mundo donde lo que prevalece es los “tuyos, tuyos” intentar ser equidistante o imparcial genera desconfianzas, quizás derivadas de las envidias de quienes no pueden serlo.

Preguntas de compleja respuesta, pero que dan pie a una reflexión más profunda. Creo que ha llegado el momento, después de cinco años del final de la violencia de ETA y su práctica desaparición, de no hacer distinciones, especialmente entre víctimas.

Una de las acepciones de la palabra “víctima” que contempla el RAE es “persona que sufre las consecuencias de un delito”. Cuestión que se puede y se debe aplicar a ambos colectivos. ¿No es igual de víctima Lluch que Germán? ¿No lo es de la misma manera Miguel Ángel Blanco o Mikel Zabalza? ¿Merecían ellos la muerte? No, por supuesto que no la merecían y por lo tanto todos ellos, como el título del acto del sábado, merecen nuestro reconocimiento y reparación, ellos y sus familiares.

Debemos trabajar, al menos quienes llevamos más de 30 años construyendo puentes, para que llegue un día en el que no existan diferencias, en el que podamos hacer un acto común para todos ellos, en el que nos podamos reconciliar, “ver el sufrimiento de otro” de manera definitiva.

Sí, estuve el sábado en ese acto, estuve desde mi condición de víctima y también desde mi condición de solidario con cualquier tipo de sufrimiento, venga de donde venga y lo haya infringido uno u otro. Me emocioné, me impliqué, y lo hice sin olvidarme de las otras víctimas ni un solo instante.

Creo en la convivencia, en la reconciliación, en la justicia, en la memoria. Por eso estuve, por eso estaré.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 20 Febrero 2017


martes, febrero 14

Una izquierda a la gresca

Artículo publicado en Deia el 14 Febrero 2017

De manera lamentable, especialmente para los intereses de las capas más desfavorecidas de la sociedad de este país (ponga aquí cada cual lo que desee), la izquierda como una especie de maldición bíblica, ha estado habitualmente a la gresca, repleta de conflictos internos y también entre las diferentes opciones políticas.

¿Quién no recuerda la lucha fratricida desarrollada durante la Guerra Civil, que probablemente fuera una de las causas de su derrota? Socialistas frente a comunistas, estos contra anarquistas, UGT enfrentada a la CNT, así durante todo el tiempo que duró la contienda. Debilitándose, desangrándose  y al mismo tiempo a la II República que acabó cediendo ante el fascismo llevando a España a años negros de penuria y sufrimiento.

A pesar de que aquel episodio de nuestra historia ha sido estudiado por las nuevas izquierdas, no parece que hayan aprendido de sus errores de entonces, más bien al contrario a la vista de los últimos acontecimientos.

Mientras tanto la derecha y el centro-derecha caminan con paso firme más unidas que nunca, fortalecidas en sus últimos congresos que se saldan con una unidad prácticamente absoluta. Tanto Ciudadanos como el PP, sus líderes Rajoy y Rivera han salido con sus liderazgos fortalecidos conscientes de que es la manera de ganar las elecciones y por tanto de conseguir el poder.

Cuando reflexionamos sobre esa derecha nos preguntamos cómo es posible que en España, al igual que ocurre en Francia, Bélgica, Grecia o Alemania no exista un partido de extrema derecha fuerte y consolidado. La respuesta resulta evidente, porque aquí están en el seno del PP, como grupo de presión organizado pero bajo el paraguas común.

En la izquierda al contrario se están desarrollando batallas cruentas por el poder, con pocas dosis de diferenciación ideológica. Pablo Iglesias frente a Iñigo Errejón, o Pedro Sánchez contra Susana Díaz, hacen que Podemos y el PSOE se encuentren en plena ebullición fratricida, debilitados en esas guerras absurdas. No sólo en sus correspondientes territorios, también entre ellos.

Reconozco que también, al igual que a una parte importante de la ciudadanía, la aparición de Podemos en la escena social y política me produjo una sensación de ilusión. Es cuando menos curioso que una de las acepciones de ésta palabra sea “esperanza que carece de fundamento en la realidad” que quizás venga muy bien para éste caso.
Su inicio fue espectacular, rutilante, era como una bocanada de aire fresco que irrumpía en un panorama político demasiado envejecido, obsoleto. Rompía con todos los estereotipos ver a un grupo de jovenzuelos universitario subiéndose a las barbas del poder establecido con propuestas novedosas, incluso rompedoras, en las formas y en el fondo.
Eso en un momento de especial decepción de la ciudadanía, desmoralizada, cabreada con el machaque de la derecha gobernante y la parálisis de una izquierda que ni estaba ni se la esperaba. Representándolo gráficamente era como echar una piedra en un estanque pleno de quietud pero enfangado.
El problema fue que al menos mi idilio con ellas y ellos duró poco. Justo hasta comenzar a detectar signos de prepotencia, de una cierta chulería cargada de tópicos como considerar “casta” a todo los que no fueran de los suyos. Perdón, debo decir de los suyos, suyos. Resulta curioso que ya no utilicen esa acepción, quizás conscientes de que ya ellos y ellas ya se han acabo convirtiendo en esa casta que antes criticaban.
Por eso esa ilusión que genera entusiasmo y alegría se fue transformando poco a poco en decepción (frustración que se da al desengañarse de lo que no satisface nuestras expectativas).
Lo más triste, quizás lo más doloroso es que bajo esa capa exterior de colores y viento fresco hemos ido descubriendo el gris, las deficiencias, las perversiones y maldades del ser humano, los viejos tics de los viejos aparatos que también se descubrían en su seno. Lo de siempre recubierto de una falsa originalidad.
Así durante el periodo previo a la II Asamblea de Vista Alegre los peores defectos de los partidos clásicos han emergido con fuerza en esa batalla brutal entre “pablistas” y “errejonistas” en la que ha valido todo.
Observar esa pelea en algunos instantes barriobajera da también para entender que las diferencias políticas, ideológicas, resultaban mínimas y desde luego eran y son fácilmente sintetizables. Quizás la única relevante tenga que ver, aunque no se haya dicho con claridad, la que existe entre el pactismo con la otra izquierda, el PSOE, que defiende Errejón y la confrontación de Iglesias. Poca cosa para tanto ruido. Ahora conocido que Iglesias ha ganado de manera arrolladora, habrá que observar si como en los partidos clásicos aplica el rodillo, o de manera innovadora, integra y suma.
Pero también ese PSOE, la otra izquierda se encuentra en plena convulsión. Después del golpe de estado del Comité Federal del pasado Octubre las dos posiciones han paseado sus diferencias por los diferentes territorios expectantes ante la decisión de sus dos líderes. Pedro Sánchez al fin dio el paso en su multitudinario acto en Dos Hermanas, Susana Díaz aún medita a la vista de la marea de apoyos que está recibiendo su contrincante por cada lugar por el que pasa.
Él y sus leales escuderos Odón Elorza, Zaida Cantero, José Luis Ávalos y el resto de los sargentos que aún le quedan tras el abandono en masa de generales y coroneles. Quizás no los necesite ante unas primarias en las que el voto del más humilde afiliado vale igual que el del más poderoso general. A día de hoy Susana tiene esos generales y Pedro la soldadesca. Las guerras ya se sabe las ganan ellos y ellas, con su valor, su arrojo. Quizás en esta ocurra lo mismo.

Puede que ese acto de Dos Hermanas sea un momento histórico no sólo para un socialismo a la deriva sino incluso para una izquierda que de momento ni está, ni se la espera. Puede ser que su discurso, mucho más escorado a la izquierda que cuando era Secretario General del PSOE, sirva para su recuperación, para su renacimiento después de una tenebrosa particular II Edad Media.
El PSOE necesita reinventarse, la izquierda de este país también y ver al lado de ese Pedro Sánchez resucitado a Elorza y Tapias da al menos para concebir la esperanza de que lo haga desde la izquierda y para la izquierda. Este país lo necesita ante una derecha encarnada por  Rajoy y su PP cada vez más insultantemente fortalecida. Los últimos discursos de éste entre faltones y prepotentes necesitan de una respuesta contundente que ese trío, Sánchez, Elorza, Tapias puede propiciar.

No se debe mirar hacia detrás, porque como en la Biblia se corre el riesgo de convertirse en estatua de sal. No más mirar al pasado, a los Comités Federales de la vergüenza, ni tampoco obsesionarse con las traiciones, ni con mensajes ya caducos, aunque hayan tenido tirón hasta ahora entre las bases socialistas. El No en no debe dar paso a un sí es sí de esperanza, a unas propuestas que ilusionen en positivo.

En ellas adquiere una importancia relevante solucionar las viejas tensiones centro-periferia, evitar el choque de trenes con Catalunya con planteamientos audaces, imaginativos y generosos como la defensa de un Estado Federal Plurinacional que lleve adjunta una propuesta sobre el derecho a decidir que encaje constitucionalmente, o plantear que se debe abrir un proceso constituyente que nos lleve a una reforma progresista de nuestra actual Constitución que incluya una decisión sobre el modelo de Estado. República frente a monarquía.

Trabajar las ideas es lo más importante, ponerlas negro sobre blanco no en un “tocho” de 200 páginas que nadie se lea, sino en un folio con 10 propuestas sería suficiente. Y una recomendación; aunque sea impopular debe trabajar también la necesidad de consolidar la paz y la convivencia después de los años de “plomo y fuego” de ETA. No debe temer tampoco a afrontar ese espinoso problema de manera audaz.

Momentos convulsos para una izquierda que corre el peligro de convertirse en líquida, siguiendo las reflexiones del recientemente fallecido Sygmunt Bauman. Con candidatos que van y vienen, inconsistentes, vacíos de contenido, confrontaciones personalistas, batallas exclusivas por un lugar en el poder, mientras la sociedad que dicen representar observa entre perpleja y decepcionada su devenir.

Evitar esa liquidez es tarea de quienes tomen el poder, en Podemos ya se conoce que Iglesias y en el PSOE quien gane sus primarias Dotar sus propuestas de contenido ideológico, sólidas, contundentes, profundas, alejadas de esa liquidez que inunda nuestra sociedad actual.

Después trabajar por restañar heridas, por buscar puntos de encuentro, de síntesis y unir fuerzas para plantar cara a esa derecha prepotente, aquí y allí. Precisamente ahora que se cumplen los cien años de un hito histórico: la Revolución en Rusia. Unidad, unidad de la izquierda para tomar el poder y defender los intereses de las capas populares, en especial las más débiles. Podemos y PSOE unidos dentro y fuera, ese es el futuro, ese el reto.

Veremos si están a la altura de las circunstancias.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 13 Febrero 2017







miércoles, febrero 8

¿Una izquierda líquida?


Artículo publicado en Gara, Diario de Noticias de Navarra y Navarra Información

El recientemente fallecido Zygmunt Bauman introdujo en sus reflexiones la idea de sociedad líquida, modernidad líquida, e incluso amor líquido. Intentaba definir con ellas el actual momento de la historia donde todo parece efímero, frente a lo que vivimos nuestra generación y la anterior en la que lo consistente se imponía.

Casas fuertes, de ladrillo, empleos que duraban toda la vida laboral, matrimonios que acababan con la muerte, amistades eternas. Ahora esa liquidez acaba generando relaciones de usar y tirar, inconsistentes, empleos en precario, una sociedad voluble, amores volátiles y dispersos.

Ahora todo es líquido como el agua en un vaso que cambia de posición a la menor vibración. Esa sensación de interinidad va desde la situación profesional, familiar, amorosa o vivencial. Es como si cambiáramos de traje, o de camisa, cada mañana. Esa situación produce inestabilidad, inconsistencia, miedo, nadie puede sentirse seguro, la todo poderosa clase media de antaño ha saltado hecha añicos y se encuentra en KO técnico.

Bauman en su reflexiones planteaba que se estaba produciendo una “devastación emocional y mental de muchos jóvenes que entran ahora al mercado de trabajo y sienten que no son bienvenidos, que no pueden añadir nada al bienestar de la sociedad sino que son una carga”. Y concluía, “la gente que tiene un empleo experimenta la fuerte sensación de que hay altas posibilidades de que también se conviertan en desechos” con lo cual esa sensación de liquidez se incrementa.

Esta liquidez de la sociedad, se traslada a las relaciones humanas, el amor ya no es como antes, le falta anclaje, fuerza en su construcción, porque los sentimientos cada vez son más vacuos, vacíos de contenido. Se cree que se siente, pero al menor envite ese estado líquido hace que se derrame por el suelo desperdiciando el empuje que provoca un sentimiento profundo consolidado.

La política actual también se ve infectada, invadida por ese estado de liquidez. Los y las políticas son personas y por tanto susceptibles de sufrir esa terrible enfermedad. Afecta así a sus comportamientos y por lo tanto a esa política cada vez más débil, con ideas poco profundas que a veces recuerda al famoso diálogo de los Hermanos Marx: “Estas son mis condiciones (ideas), pero si no le gustan tengo otras”.

Pero dentro de esa política afecta especialmente a una izquierda vacía de ideales y huérfana de ideólogos. Lo que existe hoy mañana desaparece. Lo ocurrido en Francia y lo que está ocurriendo en España o Italia es un ejemplo de ese estado de liquidez por el que atraviesa especialmente la izquierda europea.

En el caso de Francia afectada por el virus de la incertidumbre los candidatos de PSF aparecen y desaparecen. El heterodoxo Hamon ha vencido en sus primarias al oficialista Valls que a su vez había desplazado al anterior líder Hollande. Cuando parecía que lo más conservador del socialismo francés se disponía a dar batalla a lo más rancio de la derecha, Fillon el extremo del centro y Le Pen el extremo de la derecha, la militancia socialista da la campanada imponiendo con sus votos a un socialista de izquierdas, vamos cómo debe ser un socialista.

Quizás ahora esa sensación de liquidez pueda desaparecer, aunque cabe la posibilidad de que Hamon, como Corbyn en Inglaterra, Tsipras en Grecia, o Renzi en Italia acaben pragmatizados volviendo a esa izquierda a su estado de liquidez.

La misma liquidez que se observa en nuestro país, con un PSOE a la deriva y un Podemos que no acaba de encontrarse, ambos en plena lucha fratricida. Observar la poca consistencia que existe en sus debates más personalistas que de fondo, produce decepción. Se observa también aquí ese estado de liquidez que apuntaba Bauman.

Sólo la reaparición de un nuevo Sánchez con un discurso más potente, ideologizado, de izquierdas, con propuestas novedosas que cuando era Secretario General, puede dar un poco de esperanza. Eso y la rebelión de las masas de afiliación que se está produciendo en el seno del PSOE.

Aunque Sánchez debe dejarse aconsejar por gentes sólidas para evitar patinazos como asegurar que si pierde se retira de la política. Eso compañero Sánchez es ser un político líquido, porque el consolidado, el potente, sigue luchando aunque pierda.

Curiosamente parecía que ese fenómeno fuera más fácil en un Podemos mayoritariamente joven, pero al igual de la Revolución en Rusia ahora que se cumplen los 100 años, se dio allí cuando todos los análisis apuntaban a que fuera en la Alemania industrializada y con una clase obrera potente.

Si esa marea revolucionaria socialista es capaz de imponerse en las primarias, la izquierda española celebrará ese centenario con una gran noticia. Ojalá……..

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 6 Febrero 2017