lunes, febrero 20

¿Por qué asistí a ese homenaje?

El pasado sábado asistí al homenaje que el Gobierno de Navarra, junto con el Parlamento de Navarra y la Federación Navarra de Municipios y Concejos, hizo a las víctimas por actos de motivación política provocados por grupos de extrema derecha o funcionarios públicos.

O quizás mejor sería decir que fue un acto de reconocimiento y reparación. Reconocimiento de que también son víctima y reparación debido a los años que han pasado sin haberles tenido en cuenta.

Allí en representación de ese colectivo de víctimas intervinieron el hermano de Germán Rodríguez muerto en los aciagos incidentes de los San Fermines de 1978, miembro de LKI, o sea trotskista, la hermana de Mikel Zabalza y el hermano del desaparecido José Miguel Etxeberría. Ninguno de ellos miembro de ETA reconocido, o sea confirmado y comprobado, aunque los dos últimos con fuertes lazos de conexión.

En ese acto volví a reflexionar sobre mi papel allí como doble víctima, por un lado de la policía franquista en mis detenciones en Madrid de 1969 y 1970 militando en el PCE y CC.OO. y también de ETA y su mundo durante mi militancia en el PSOE en Navarra.

¿Qué hacía pues un chico como yo en un lugar como ese? Pues los mismo que en los diferentes homenajes a las víctimas de ETA en los que he intervenido, especialmente en los de mis compañeros Juan Mari Jáuregui y Ernest Lluch. Exactamente lo mismo.
Porque todos los discursos que allí escuché, al menos los que entendí por hacerlos en castellano, valían para todas, todas, las víctimas. Todos hacían referencias a los mismos derechos, a las mismas denuncias y condenas.

La violencia venga de donde venga es reprobable, condenable, incluso diría que mucho más si viene de los funcionarios públicos cuya misión es proteger los derechos humanos, esos que en algunos casos han cercenado.

ETA fue una banda criminal que asesinó a centenares de personas, que amedrentó a miles, que extorsionó, amenazó, que no respetó esos derechos humanos y por lo tanto merece nuestro rechazo, nuestro desprecio. Pero también quienes desde la otra orilla hicieron exactamente lo mismo, de paisano o de uniforme; estos también merecen nuestra repudia y condena.

Estuve allí como doble víctima y también solidario con el sufrimiento producido en ambas orillas de lo que fue un río de aguas turbulentas.

Reconozco que me faltó algo, quizás lo vi demasiado escorado hacia un lado, hacia una de esas orillas, porque también fueron de este tipo de víctimas gentes del PCE, de CC.OO, de ORT….Quizás una representación de ellos habría cumplido más el objetivo de ese acto.

Me hacía preguntas mientras escuchaba desgranar las diferentes intervenciones. ¿Era yo víctima si mis torturas fueron realizadas durante el franquismo en Madrid y como miembro del PCE y CC.OO.? ¿Lo era también por los 11 años de acoso que sufrí por parte de ETA y su entorno? ¿O por el contrario al tener estas peculiaridades quedaba excluido de ambos reconocimientos?

¿Mi equidistancia me situaba desde ambos bandos, en especial desde los más sectarios, como “tonto útil” o incluso como traidor?  En un mundo donde lo que prevalece es los “tuyos, tuyos” intentar ser equidistante o imparcial genera desconfianzas, quizás derivadas de las envidias de quienes no pueden serlo.

Preguntas de compleja respuesta, pero que dan pie a una reflexión más profunda. Creo que ha llegado el momento, después de cinco años del final de la violencia de ETA y su práctica desaparición, de no hacer distinciones, especialmente entre víctimas.

Una de las acepciones de la palabra “víctima” que contempla el RAE es “persona que sufre las consecuencias de un delito”. Cuestión que se puede y se debe aplicar a ambos colectivos. ¿No es igual de víctima Lluch que Germán? ¿No lo es de la misma manera Miguel Ángel Blanco o Mikel Zabalza? ¿Merecían ellos la muerte? No, por supuesto que no la merecían y por lo tanto todos ellos, como el título del acto del sábado, merecen nuestro reconocimiento y reparación, ellos y sus familiares.

Debemos trabajar, al menos quienes llevamos más de 30 años construyendo puentes, para que llegue un día en el que no existan diferencias, en el que podamos hacer un acto común para todos ellos, en el que nos podamos reconciliar, “ver el sufrimiento de otro” de manera definitiva.

Sí, estuve el sábado en ese acto, estuve desde mi condición de víctima y también desde mi condición de solidario con cualquier tipo de sufrimiento, venga de donde venga y lo haya infringido uno u otro. Me emocioné, me impliqué, y lo hice sin olvidarme de las otras víctimas ni un solo instante.

Creo en la convivencia, en la reconciliación, en la justicia, en la memoria. Por eso estuve, por eso estaré.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 20 Febrero 2017


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