jueves, noviembre 19

El horror: ¿Son iguales los muertos en Siria que en Paris?



En memoria del niño Aylan Kurdi

Artículo publicado en DEIA el 19 Noviembre 2015

Puede parecer a la vista del título del artículo que se intenta desviar la atención del execrable atentado de Paris del pasado viernes. Muy al contrario, desde estas líneas se pretende trasladar la más absoluta y radical de las condenas ante lo que resulta un cobarde y cruel acto terrorista. Desde  aquí mi solidaridad con sus familiares y allegados.

Pero a las gentes de la izquierda, al menos quienes reflexionamos no sólo observamos e intentamos buscar respuestas sensatas a preguntas que no lo son, se nos debe exigir un punto más de avance en nuestros argumentos, en nuestras propuestas intelectuales. Buscar el origen de la enfermedad para luego poder aplicar la terapia adecuada, para paliarla primero y curarla después.

Lo ocurrido en Paris es una canallada, un acto criminal que no admite ninguna justificación y no se debe buscar ninguna en estas líneas, pero sí que podamos profundizar en las causas por las que ocho jóvenes deciden  coger armas automáticas y explosivos e ir a lugares donde no conocen a sus víctimas para masacrarlas, inmolándose a continuación al grito de Alláhu akbar (Alá-Dios es grande).

Pero para realizar una reflexión más profunda nos deberíamos de quedar con el que lanzaron en la sala Bataclan: “os vamos a hacer lo que vosotros nos hacéis en Siria”. Quedarnos sólo en el primero nos llevaría a hacer un análisis simplista sobre la maldad del islam, sobre el choque civilizaciones que supone una ideología que impulsa a esos jóvenes a matar supuestos enemigos ideológicos, intentando destruir una civilización en la que prima la libertad, la igualdad y la legalidad, pero dejándonos por el camino la parte sustancial de la cuestión.

De lo ocurrido en estos días y para no errar en nuestro análisis cabe observar lo ocurrido en el minuto de silencio del partido Turquía-Grecia, esos silbidos, esos gritos demasiado numerosos.  También preguntarnos a la vista de la operación policial en Saint Denis: cuántos yhadistas potenciales nuevos pueden derivarse de ella? O al menos cuántos simpatizantes del Daesh? Cierto es que el camino debe ser ese, el ataque selectivo a los autores o impulsores de la barbarie y no los bombardeos indiscriminados, pero no sólo eso.

Resulta un error sólo buscar respuestas equivocadas sobre una religión mal interpretada, o en el mejor de los casos intentar buscarlas en la marginación de esa parte de la juventud europea que viene de otros lugares.

Probablemente ahí se encuentren algunas claves para entender lo sucedido, pero no las fundamentales, las que nos pueden marcar la senda a seguir. Es en la segunda frase donde está la parte más importante del problema. Es con la que intentan alertarnos sobre las verdaderas razones de su acto criminal y estamos obligados a escrutarlas, a llegar al fondo del asunto sin miedo a encontrarnos de frente con el horror sobre el que teorizaba el Coronel Kurtz en Apocalypse Now, o mejor dicho en “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad. Leyéndolo también podremos encontrar razones más profundas.
“Os vamos a hacer lo mismo que nos hacéis en Siria”. Cierto, lo hicieron, asesinaron al menos a 129 personas inocentes y dejaron tras su horror 319 heridos, asumiendo el papel de salvajes extremistas irracionales, criminales sin escrúpulos. Pero no demasiado alejados de lo que los civilizados países occidentales estamos haciendo en Siria, Iraq, Afganistan y por cuantos países se nos ponen por delante.

Allí cada día mueren 129 personas como las de Paris, inocentes. Allí mueren niños, hombres y mujeres diariamente con la única culpa de vivir allí. ¿Qué haríamos si cada día en Paris, o en Madrid, Londres o NY murieran 129 personas? Eso cada día del año. ¿Qué horror seríamos capaces de aplicar como respuesta?

¿Cuándo se dice os vamos a hacer lo mismo, quién se entiende que ha empezado este horror? Decía un político inglés que la solución a este espinoso problema pasaba por dejar en paz a los musulmanes, evitar injerencias que resultan más dañinas que el mal inicial. ¿Sería lo mismo sin la intervención occidental en Iraq, Afganistan, Siria, Libia…, o ese horror no habría llegado a nuestras ciudades?

Preguntas y más preguntas que solo reciben respuestas irresponsables, erróneas llenas de cinismo e hipocresía. ¿Habríamos intervenido si no hubiera petróleo por medio? ¿Intentamos proteger a sus pueblos, a su ciudadanía, o la estamos masacrando sin piedad, esa que de alguna manera les pedimos para nosotros? Cada bomba que echamos sobre ellos trae cien seguidores más del ISIS, o del Daesh dispuestos a hacernos lo mismo a nosotros.

Por eso se nos deben abrir las carnes al escuchar a nuestros dirigentes planteando que esto se soluciona con más bombas, más muertes, más horror. Puede parecer lógica una reacción vengativa pero no es lo más racional y desde luego no soluciona el problema, antes al contrario lo agrava.

Escuchar a líderes socialistas españoles asegurar sin ningún pudor “probablemente habrá excesos en la limitación de las libertades, pero valdrá la pena” produce estupor y preocupación. ¿De verdad vale la pena coartar libertades incluso para evitar actos terroristas?
¿Qué hacer? Decía Lenin. Difícil respuesta. Deberíamos primero tener claro qué no hacer. No seguir con el horror allí, parar la barbarie, pero no con bombas indiscriminadas. La guerra preventiva y la selectiva resulta más difícil de aplicar pero es mucho más eficaz. Acabar con el Daesh, sí, matar para ello a miles de civiles como “efecto colateral” no. Limitar libertades aquí tampoco. ¿Cómo? Pues para eso nos gastamos miles de millones de euros y dólares en ejércitos y armamento. Cabe exigirles mayor eficacia.

Parar el horror allí para que no nos venga cual boomerang el horror aquí esa es una de las claves. No vender más armas, quizás no fabricarlas, no colaborar con países como Arabia Saudí, eliminar nuestra hipocresía, nuestro cinismo, nuestro escándalo por un horror que quizás hayamos ayudado a provocar y desde luego “mirar al otro”, intentar entender sus razones y no esconderlas bajo la idea de su irresponsabilidad. Ellos tienen sus razones y muchas son efectivamente irresponsables, criminales, pero otras indudablemente no y esas hay que atenderlas.

Si nuestros dirigentes, nuestros jóvenes, claman venganza al igual que los suyos esto no tiene solución. Si lo hacen al grito de “la democracia es grande” o “nuestra civilización, nuestros ideales son grandes” frente a su “Alláhu acbar” tampoco. ¿Quién es el bárbaro, los asesinos de Paris o los que bombardean Siria?
Maldigo a quienes han perpetrado u organizado la masacre de Paris. La condeno sin paliativos, pero también maldigo a quienes por acción u omisión han creado el avispero de Oriente Medio que provoca miles de muertos y cientos de miles de refugiados.

Quizás no se entiendan estas reflexiones, es probable que suenen a políticamente incorrectas, pero alguien debe decirlas aparcando la hipocresía y el cinismo. Ojalá impere la sensatez en este desvarío.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 19 Noviembre 2015




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