lunes, febrero 6

PSOE: El final de una ilusión. ¿El comienzo de una esperanza?


El título es muy importante en una reflexión que pretende ser seria y sensata como esta. Por eso le he estado dando muchas vueltas a cómo titular mi valoración sobre e 38 Congreso del PSOE que acaba de celebrarse, con alguna sorpresa y también muchas decepciones.

Ilusión: era lo que había generado éste cónclave en la militancia socialista, en nuestra base social y en la sociedad en general. En los que nos votan siempre disciplinadamente y también en quienes últimamente nos abandonan en masa pero pendientes de que cambiemos. Que cambiemos de verdad.

Parecía que esta vez sí habíamos escuchado las voces que nos pedían a gritos ese cambio de rumbo. En lo ideológico con posicionamientos más de izquierdas pero sobre todo en el modelo de partido, haciéndolo más democrático, participativo, plural (porque la izquierda a la que pretendemos representar es plural), abierto, transparente, librepensador. Se hablaba con unanimidad, en los candidatos y en sus seguidores, de abrir puertas y ventanas, de transformar las paredes y puertas de cristal, en dar cabida a todas las opiniones y tendencias.

Se hablaba también de hacer más democráticos los sistemas de elección, incluso a la “francesa”, o sea con participación no solo de los afiliados y afiliadas más simpatizantes, también de la ciudadanía. Se defendía la incompatibilidad de cargos, el límite de mandatos, o incluso la obligación de un mínimo de cotización a la seguridad social para entrar en puestos internos e institucionales. Era una manera de evitar que el PSOE siguiera siendo una oficina de colocación y por tanto un manipulador de voluntades. Desde un ciudadano que se ha jubilado después de 44 años de cotización habiendo sido dos veces parlamentario, un mandato en la ejecutiva federal y varios concejal pues no solo lo veía bien, imprescindible, sino que además lo veía (a las pruebas me remito) posible.


Ilusión a borbotones por lo que parecía una verdadera revolución en su seno y aunque fuera fruto de severas derrotas electorales al final era bienvenida.

Pero me temo que la ilusión se ha visto quebrada. Los mismos métodos cuasi mafiosos de presión a los delegados, un Congreso solo pendiente del líder que se iba a elegir y de los puestos consiguientes y poco muy poco debate y menos aún resultados prácticos sobre esa revolución.

Lamentable el que en las votaciones de las ideas participaran menos de la mitad de quienes participaron en las de para elegir líder y dirección.

¿Qué se debería hacer con estas delegadas y delegados que hicieron dejación de sus responsabilidades con los afiliados que los habían elegido? En mi opinión inhabilitarlos no solo para ir a próximos congreso, también para cualquier cargo interno y externo durante al menos una legislatura.

Teniendo en cuenta que a mí me expulsaron “manu militari”, sin responder reflexionadamente a mis amplias alegaciones, por motivos puramente ideológicos (por comentar que, cito textualmente: “Otegi trabaja en el seno de Batasuna para llevarla por la senda de la paz”), creo que es lo mínimo que les debiera pasar por una infracción muchísimo más grave.

La mayor parte de las enmiendas que reflejaban el espíritu comentado al inicio fueron decapitadas, laminadas, rechazadas, en muchos casos incumpliendo también el mandato de la mayoría de nuestros afiliados y simpatizantes que las habían aprobado.

Por eso la principal derrotada no ha sido Carme Chacón, ha sido la militancia y sobre todo nuestra base social que ha visto defraudadas todas sus expectativas de cambio.

Seguimos pues con un instrumento, una herramienta: el PSOE, obsoleta, anticuada, oxidada, alejada de las nuevas demandas sociales. Seguimos con los mismos tics dictatoriales, con los mismos errores de funcionamiento militar, sin adecuarnos a los nuevos tiempos que nos tocan vivir.


Así hemos salido del 38 Congreso, pero no quiero ser pesimista, quiero dar un margen de confianza a la nueva dirección. Quiero pensar que después de la refriega en lugar de enrocarse, de refugiarse en los cuarteles de invierno, van a realizar una auténtica transformación del PSOE, en el que vamos a caber todas y todos los que nos consideramos de izquierdas, progresistas, librepensadores.

De no ser así aún quedaría otra esperanza: que las bases, la base social se lace y realice una auténtica revolución, pacífica y democrática, pero firme y contundente. Las redes sociales arden estos días, ahí esta lo mejor del partido, de los que están dentro y de los que desde fuera apoyamos. Quizás ese novedoso y potente instrumento sea capaz de arrancar a la fuerza las ideas que han ido emergiendo en estos últimos meses.

En eso confío, en que la respuesta a mi pregunta inicial sea un rotundo y sonoro SÍ. Sí a que esa esperanza es real. Con esa ilusión cierro esta reflexión y con las ganas de participar en esa revolución.

Mientras tanto como en la canción RESISTIRÉ.

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