viernes, agosto 26

La Izquierda Abertzale nos lo debe…y los demás también


(Dedicado a Ernest Lluch, Juan Mari Jáuregui y Enrique Curiel)

Desde hace más de treinta años compañeros y compañeras del partido socialista en sus diferentes federaciones y especialmente del PSE y PSN con excepciones relevantes del PSM y PSC, hemos trabajado desde esa opción ideológica intentando crear vías de comunicación, de diálogo y entendimiento con el mundo de ETA, de una manera más activa con la izquierda abertzale.

Ese esfuerzo, ese intento de aportar nuestro grano de arena a la consecución de la ansiada paz ha sido a menudo mal entendido por nuestros propios compañeros lo que nos ha llevado a sufrir incomprensiones, ataques, descalificaciones en público y en privado, marginación e incluso sanciones absolutamente injustas.

Ha sido un camino difícil, arduo, complejo lleno de sinsabores en el que hemos intentando combinar la lealtad a un partido que a menudo no entendía ni comprendía nuestro esfuerzo y por otro lado nuestro deseo de entendernos con la otra parte que en muchas ocasiones tampoco lo hacía poniendo constantemente palos en unas ruedas que eran imprescindibles para llevar ese proceso por el buen camino.

Quiero recordar como un pequeño homenaje a aquellas y aquellos que me he ido encontrando por el camino de este difícil empeño. Algunos ya no están porque la locura y la barbarie irresponsable e irracional se los llevó por delante, quizás porque veían que con su esfuerzo la locura terrorista podría terminar antes. Juan Mari Jáuregui y Enrnest Lluch son dos de ellos y a ambos dedico hoy de manera especial estas complejas palabras. Odón Elorza, Jesús Eguiguren, Gemma Zabaleta, Dani Arranz, Ainhoa Aznárez, Denis Itxaso, Koldo Méndez, he coincidido también con ellas y ellos en algún momento de este largo y tortuoso camino.

Reuniones, comidas y cenas repletas de análisis políticos, cafés a la sombra de procesos abiertos, en momentos duros o en treguas ilusionantes, siempre con un mismo interés común: intentar desde nuestra orilla ayudar a construir puentes por los que pudiera caminar la paz, un puente lo suficientemente ancho que evitara también el temido choque de trenes.

Pero quiero dejar para el final a otro nombre que también se nos fue, en este caso después de una cruel enfermedad: Enrique Curiel, quizás el que más empeño puso en esta difícil misión. Viví en primera persona con él, codo con codo todos sus esfuerzos, todas las gestiones para ayudar a la paz. Algún día cuando ésta llegue debería ser el primer homenajeado por una y otra parte del conflicto.

Éstas son las personas que en una orilla de este río de aguas turbulentas se han dejado la piel para solucionarlo. También, debo reconocerlo, en la otra las ha habido, me he ido encontrando con algunas: Patxi Zabaleta es la más relevante, la que abrió camino, Pernando Barrena, Santi Kiroga, Jone Goirizelaya, Arnaldo Otegi, Xabi Oleaga, Txema Jurado, aunque quizás se jugaron menos en su entorno político porque en momentos clave no fueron capaces de dar la cara de la misma manera.

Ahora es el momento de rentabilizar todo ese esfuerzo, empezando por su reconocimiento. Para ello el mundo de la izquierda abertzale debería de hacer un ejercicio de humildad y generosidad entendiendo y reconociendo que en el socialismo de este país, estando en el poder o no, han existido estas personas que han batallado por sus propios derechos. Contracorriente, con riesgos y sinsabores, con esa generosidad que ahora se les debe exigir a ellos. Poniendo en riesgo su futuro político y profesional, su prestigio en el seno de su partido e incluso su propia vida.

Batallaron en su día contra una Ley de Partidos que consideraron injusta, contra los posibles casos de tortura, en otros momentos a favor de la legalización de sus ideas, o por la liberación de sus presos más conocidos, Otegi es el referente más importante. Les ayudaron en procesos judiciales claves como el de Egunkaria o Bateragune y siempre estuvieron ahí para echarles una mano ante cualquier movimiento que en su seno se produjera para reconducir su actividad por la senda de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Es probable que su situación actual de legalización y avance electoral no hubiera sido posible sin su apoyo y esfuerzo. ¿Tontos útiles como algunos han acusado sin entender su acción? Quizás, pero en el fondo solo queda la importancia de la segunda palabra: útiles; útiles para la paz.

Es hora pues que desde Batasuna en sus diferentes versiones, desde la izquierda abertzale en su conjunto se reconozca esa labor, a veces pública pero la mayor parte de las veces subterránea y silenciosa. Que se reconozca que en el partido socialista ha habido gentes que durante años se la han jugado para que esta situación se reconduzca.

Se lo deben, nos lo deben y ese ejercicio de generosidad que durante más de treinta años se ha dado desde una de las partes ahora debe ser correspondido debidamente desde la otra.

Desde luego no es con posiciones chulescas, prepotentes y sectarias como las que últimamente se están dando en su seno (Garitano, el Diputado General de Guipuzcoa por Bildu, representa su ejemplo máximo, quizás como expresión de un peligroso pulso echado desde los sectores más duros y recalcitrantes) como se salda esta deuda contraída. Sino todo lo contrario, debe serlo con posturas de acercamiento, de entendimiento y respeto a la pluralidad. Admitiendo ese importante esfuerzo realizado y reaccionando de la misma manera. No solo porque es lo más justo sino porque además es lo más inteligente, incluso para su propio beneficio.

Las últimas elecciones han demostrado que con posturas sensatas y racionales se fortalecen electoralmente. Si además su componente de izquierdas se impone al puramente nacionalista y radical la posibilidad de entendimiento transversal con la otra izquierda, con el PSE y PSN especialmente aumenta exponencialmente, más aún después de la desaparición definitiva de la violencia irracional de ETA.

Nuevos tiempos se abren y algún día cuando se escriba la historia real de estos oscuros treinta años espero que se reconozca desde todos los lugares la labor de ese pequeño grupo de hombres y mujeres que desde el socialismo vasco, navarro o español lucharon, se esforzaron con riesgo incluso de sus propias vidas para que la paz fuera posible.

En ese momento llegarán a mi mente todos ellos, Jáuregui, Lluch, pero especialmente mi amigo y compañero Enrique Curiel. Sé, me consta que en la izquierda abertzale habrá gentes que también lo harán. Porque se habla mucho de homenajes a las víctimas o a los presos, que también, pero la pregunta que me surge es: ¿no se debiera homenajear también, o quizás especialmente cuando esto acabe a quienes ayudaron a su final? ¿No deberán estar sus nombres grabados en un lugar preferente cuando la paz llegue?

Nos lo deben, pero no vamos a parar nuestro esfuerzo en espera de que ese día llegue sino que seguiremos aportando nuestro grano; ese que no hace granero pero ayuda a compañero.

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