domingo, julio 10

¡Gora San Fermín, viva San Fermín!


San Fermín es una fiesta especial. Desde hace más de cuarenta años la disfruto año tras año con muy pocas excepciones, apenas dos, aunque cada vez me cuesta más seguir el ritmo de una fiesta sin igual, como dice la canción.

Este año de nuevo me he sumergido en ella con la herida reciente de la mayor injusticia que he sufrido en toda mi vida: la expulsión del PSOE después de 22 años de militancia, de esfuerzo y de servicios, algunos ellos aún inconfesables. Cuando ayer a la noche veía a mi compañero Rubalcaba hablar de nuevos tiempos me habría gustado tenerle cara a cara para decirle a él, precisamente a él, que me ha utilizado durante 20 largos años en misiones de paz, ¿qué nuevos tiempos son eso que comienzan con mi expulsión por alabar la labor de Otegi en Batasuna? Precisamente a mí, amigo Alfredo.


Pero no quería hablar de eso, quiero referirme a los días que he disfrutado en mi querida Iruña, rodeado de amigas y amigos, de la gente que me aprecia, que me quiere. Decía muchas veces aturdido por los comentarios que me hacían, que no sabía si me había casado de nuevo sin enterarme, porque cada paso que daba había alguien que me felicitaba, me animaba precisamente por lo que más me estaba doliendo: mi expulsión del PSOE.


Han sido días intensos en lo social, me ha ido encontrando por mi largo periplo por la fiesta con gentes que hacía tiempo que no veía. Es uno de los valores de San Fermín ese reencuentro con quienes no ves durante el año. Gentes variadas de diferentes talantes ideológicos, del mundo de la política, de la prensa, de la música, de las artes y todas y todos coincidían en una cosa: en que estaría mejor fuera que dentro del PSOE, que me distanciara de un PSN a la deriva, dirigido por indocumentados burócratas que solo buscan lo que ahora tienen, un puesto institucional, sin importarles un carajo las ideas, los ideales. Discrepo de sus análisis, prefiero estar dentro, pero reconozco que ha sido una cura de mi herida que prácticamente ha cicatrizado en mi paso por la vieja Iruña. Las cientos (no exagero, no) de personas con las que he hablado estos días me han dado un impulso, el ánimo suficiente para seguir caminando.

Algún pequeño revolcón, como cuando corría los encierros, también me he llevado. Ver desde mi localidad del tendido 8 de sol al máximo dirigente de mi partido (aún lo es) haciendo el ridículo en el burladero 19, con quien le han impuesto como jefa de gabinete desde los que manda sobre él, me ha parecido patético e indignante. Está ahora muy arriba, lo más que se podía imaginar después de haber destrozado al PSN, pero estoy convencido que más dura va a ser su caída. Espero que sea más pronto que tarde a ver si podemos salvar algo de la quema.


En fin que han sido unos días preciosos, en los que ha habido de todo desde almuerzo en el Muthiko Alaiak, mi peña, cenas con buena compañía, amigas y amigos, mi familia, bien, muy bien acompañado, paseo con los correspondientes fritos, salidas nocturnas incluyendo un baño de música heavy en el Atxiki con música de mi hijo, la emoción de la jota ante la imagen de San Fermín con un coro del Muthiko Alaiak espectacular (aunque uno no sea religioso se emociona ante estas cosas), vermuth al medio día por los bares que rodean la plaza del Castillo y el contacto con mi gente, con la gente que quiero y recuerdo desde la distancia.


Iba con el corazón dolorido por una profunda injusticia, pero ahora volveré con las pilas cargadas por tantos y tantos gestos de cariño y solidaridad. No sé si son los mejores Sanfermines de mi vida pero si puedo decir alto y claro que están entre los mejores.

Gracias, eskerrik asko a quienes me habéis saludado, acompañado, apoyado. Gracias, eskerrik asko San Fermín por permitirme, a pesar de mi falta de creencia, disfrutar de tus fiestas, unas fiestas únicas en el mundo.


Después desde un pueblecico de Catalunya gritaré con fuerza: ¡Viva San Fermín, gora San Fermín!

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