sábado, enero 17

ENRIQUE RUANO

Conocí a Enrique Ruano en la lucha anti franquista, era de mi misma quinta, aunque en aquel tiempo yo militaba en el PCE en sus dos vertientes, la sindical a través de CC.OO. de Artes Gráficas, y estudiantil, en la Escuela de Telecomunicaciones de la Complutense. Allí un día de Enero nos enteramos de su muerte, de su asesinato, recuerdo las conversaciones con José Luis “Avinareta”, Manolo Briso, y Manolo Gamella, aunque los dos últimos eran de la FUDE teníamos una muy buena relación, y nos estremecimos al pensarlo. El franquismo agonizaba, lo sabíamos, pero temíamos sus últimos coletazos, y éste fue uno de ellos. También conocíamos a sus torturadores, a sus asesinos, el comisario Conesa, el temible Yagüe, y un sádico, “Billy el niño”, o lo que es lo mismo Juan Antonio González Pacheco. No los conocíamos físicamente pero circulaba por los círculos luchadores su crueldad.

En aquel tiempo se estaba discutiendo el Estatuto para la Politécnica, y la izquierda lideró esa lucha, yo era representante de Teleco, y después de una reunión clandestina en Caminos, al salir camino del autobús, paró bruscamente un Seat negro a mi lado, supe enseguida qué suponía aquello, bajaron dos policías de la Brigada Político Social, uno de ellos era “Billy el niño”. Creo que nunca se borrará de mi mente aquella cara. Ahora la he vuelto a ver de nuevo, vuelven a mí los recuerdos de aquellos interminables días en la DGS, en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol. Aquel tétrico edificio que aún me da escalofríos al pasar delante, por más que ahora sea la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

En el camino unas cuantas, muchas, hostias, casi todas venidas de Billy, especialmente cuando me quejé de que las esposas me hacían daño, y el aviso de lo que sería después. Reconozco que no fue miedo lo que sentí, quizás porque mis convicciones ideológicas eran tan profundas que estaba preparado para ello, era una mezcla de rabia, impotencia, e incertidumbre. Luego recuerdo que ya en la tenebrosa celda mi única inquietud era que mi madre estaría preocupada porque no llegaba a casa, y así era porque en aquel tiempo cuando te detenían desparecías. Menos mal que Mari Carmen que también militaba en el PCE, mi novia de entonces, mi mujer después durante unos años, imaginaba dónde podía estar y se lo advirtió ya de madrugada, por eso acabaron las dos en la DGS descubriendo que me encontraba allí después de recorrer todos los hospitales de Madrid.

En ese lugar, en mí soledad, me preparé para lo que venía, había leído las instrucciones que nos daba mi partido, y por nada del mundo podía dejar de dar la talla, ni podía, ni debía “cantar” nada, porque de eso dependían otros camaradas, y aguanté, aguanté duro, y quizás el aguantar entonces me haya hecho la persona que soy. Quizás en aquellos días, y en los que vinieron posteriormente en nuevas detenciones se forjó mi acero, me curtí definitivamente, quizás me prepararon para aguantar los envites de la vida. Por eso ahora al ver su cara, al recordar sus interrogatorios, sus “métodos”, los siento aún en mis carnes, y me repugna aún más la tortura. Desde aquí alzo mi voz contra ella, más aún si se llegara a practicar desde instituciones dirigidas por mi partido.

Hoy al ver la noticia del país, al recordar que el 20 se cumplen 40 años de aquel asesinato, pienso que pude ser yo, cuando Billy “actuaba” y uno de sus compañeros le decía “ten cuidado que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar”, resuenan esas palabras en mi mente, las heridas se reabren, y las recuerdo como si fueran ahora, y cuando él respondía cínicamente “no importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la ventana y decimos que se quería escapar”. Pienso en Enrique, en todos los Enriques que dejamos por el camino, en los abogados de Atocha, donde las casualidades de la vida también hicieron cambiar una reunión del PCE de Artes Gráficas que teníamos allí ese día, quizás el destino me quería llevar hasta hoy, para escribir estas líneas, que son, que quieren ser un homenaje a quienes lucharon codo con codo conmigo. Hoy estamos en otro tiempo, pero esta tarde de invierno recuerdo aquellos momentos, aquellos días, aquellos interrogatorios crueles, aquellas gentes, con sensaciones profundas, muy profundas, y alguna lágrima asomando por mis ojos, ahora que he recuperado mi capacidad para llorar de emoción.

Quizás lo que me está ocurriendo ahora, escribir estas líneas, sea consecuencia de ese despertar al sentir. Que es como despertar al vivir.

1 comentario:

  1. No conocí a Enrique, si conozco a Margot su hermana y a Lola su novia y conociéndoles a ellas me imagino como era Enrique, y lo que si se es como eran sus asesinos. Me tocó vivir aquella parte de la historia de la Complutense y como se las gastaban aquellos perros fascistas de la social.
    No solamente tienen sobres sus sucias conciencias la muerte de Enrique. Tienen más de una vida colocada en silla de ruedas gracias a sus caricias y más de una tumba con sus huellas de sangre.

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