jueves, marzo 1

¡Obreros y estudiantes unidos!


Hay ciertos detalles de las últimas revueltas estudiantiles (Valencia y Barcelona especialmente) que me recuerdan a los finales de los años 60. En aquella época acababa de ingresar en la universidad de Madrid, primero en Físicas, luego en Telecomunicaciones y finalmente en Económicas, un periplo lleno de vicisitudes y emociones de la mano de mi reciente ingreso en el Partido Comunista y en comisiones obreras. Por cierto, al mismo tiempo que trabajaba en una empresa de Artes Gráficas. Los jóvenes proletarios de aquella oscura época iniciábamos nuestra andadura por una universidad elitista desde el esfuerzo del trabajo previo para poder financiarlo.

Eran años duros en los que desde los sectores de la izquierda se comenzaba a atisbar el final del franquismo, teorizábamos que había que empujarlo fuerte para derribarlo. La aparición del movimiento estudiantil, aún quedan en la imágenes colectivas la manifestación encabezada por Tierno Galván, Enrique Curiel, o Raúl Morodo entre otros muchos, pilló por sorpresa a un régimen que vigilaba de cerca los movimientos obreros y sociales dirigidos desde el PCE y unas emergentes Comisiones Obreras, pero no se esperaban que la confrontación viniera de un lugar como la universidad, tomada por sus cachorros.

Aquellas manifestaciones, aquella revuelta, los grises en la universidad, incluso entrando en su interior con caballos, despertó a un movimiento obrero todavía incipiente. Se empezaba a fraguar la unidad entre obreros y estudiantes. De ahí a la batalla final contra un régimen que solo supo reaccionar con la represión, el encarcelamientos de sus líderes y alguna tropelía mayor, asesinatos de estudiantes, obreros y abogados laboralistas incluido.

Aquella época puede parecer que no tiene nada que ver con la actual, pero quizás lo que está ocurriendo en las últimas semanas nos indique que puede haber muchos más elementos comunes de los que imaginamos.

No hay un franquismo aferrado a un poder obtenido de manera ilegítima, pero sí hay una derecha social, política, financiera, religiosa dispuesta a seguir controlando los mecanismos de poder cueste lo que cueste y caiga quien caiga, incluido los derechos conseguidos durante décadas. El brutal ataque al Estado del Bienestar, el recorte de derechos básicos, llevando a sectores mayoritarios de nuestra sociedad al límite de sus posibilidades hacen que aquel franquismo, aquellos franquistas se parezcan mucho a sus herederos. Y por eso no es de extrañar que las reacciones de los estudiantes se parezcan también a las de sus predecesores. Solo falta ahora que la clase obrera también tenga el mismo parecido.

Una clase obrera que lleva demasiado tiempo anquilosada, dormida, incluso renegando de su denominación: obrera, afectada aún por las tesis manipuladores de Fukujama y su final de las ideologías, con sus dirigentes domesticados. ¿Qué parecido hay entre el Marcelino Camacho o Julián Ariza de entonces y Toxo o Méndez de ahora? Ninguno, ninguno! Quizás ese sea uno de los problemas y la explicación del por qué de nuevo comienzan la lucha los estudiantes. Porque son los que han sido capaces de romper con esa parálisis que nos invade a las izquierdas.

¿Qué hacer?

Como decía Lenin, qué hacer ahora? Pues lo que resulta evidente es que se debe continuar la lucha, como en los años 60 y 70, desde la unidad de obreros y estudiantes, si es necesario pasando por encima de los inmovilistas, burócratas, lacayos del poder, que dominan los aparatos de los partidos y sindicatos. O se ponen a la cabeza del movimiento revolucionario iniciado, o que se aparten al menos para no estorbar.

¿Revolucionario? ¿Hay que plantearse hacer una revolución? ¿Qué supone ese concepto? Revolución, según el diccionario de la RAE significa: “Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”. La única palabra que nos puede chirriar hoy en día es lo de “violento”, el resto es perfectamente aplicable a lo que debemos hacer, pero quizás haya maneras de hacerlo sin violencia. ¿O no? Depende de la aplicación de esa violencia. Si la entendemos como pasar a cuchillo a todos los banqueros, políticos, empresarios, financieros, obispos, causantes de esta terrible situación, pues la respuesta es claramente: NO. Pero si para que se produzca ese cambio, que debe ser radical, profundo, hay que hacer manifestaciones, huelgas, tomas, concentraciones, boicots, y otros mecanismos de presión social, estudiantil, obrera parecidos, la respuesta es: SI!


¡Obreros y estudiantes unidos! Ese grito sonó fuerte, contundente hace casi 50 años. Ese grito, su unidad de acción es necesario, imprescindible en este nuevo tiempo, para evitar que los lobos acaben con nosotras y nosotros definitivamente.

Los estudiantes de Valencia, Barcelona y otros lugares nos han marcado el inicio del camino, solo falta ahora que seamos capaces de recorrerlo juntos. Espero que no haga falta tener que volver a hacerlo desde la clandestinidad.


1 comentario:

  1. Buenísima la canción. Te recomiendo que busques la versión del concierto de París (la gira "Radio bemba")

    Estoy contigo al 100%.

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