miércoles, agosto 20

Verano terminado en 8

Ahora que no nos apartamos de ver las Olimpiadas de Pekín, qué impresionante ceremonia de apertura, sabemos que el 8 es el número de la suerte para los chinos.

No me acaba de cuadrar porque nací en 1948, o sea año terminado en 8, y no es que ésta me haya acompañado mucho, tampoco parece que este año, también con el 8 como última cifra, parece que sea favorable. Nubarrones en la economía, nubarrones en algunos lugares “calientes” del mundo, nubarrones por este “territorio comanche”.

La calma chicha que se respira, entre inquietante y agobiante se parece a la que en la mar precede a una gran tormenta. No me gusta nada. No me gusta como mira alguna gente por las calles de mi pueblo, ni la paralización repentina de la actividad de un cierto sector. No me gusta lo que hacen, o no hacen ellos, pero tampoco lo que hacemos nosotros.

Tampoco me gusta lo que está pasando en la política de mi país, ni en la de aquí. Desde los Congresos de mi partido siento que me alejo de su praxis política, pero al mismo tiempo no lo digo para no crear de nuevo tensiones. No tengo claro que haga bien al callarme. La libertad de expresión es una de las conquistas de la izquierda, pero cada vez la restringen más desde esa misma izquierda.

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