martes, julio 7

12-J: Los diferentes caminos de Euskadi y Galiza




El próximo domingo 12 de Julio todavía en medio de la pandemia, se van a desarrollar las elecciones autonómicas en dos de los territorios históricos de este país, Euskadi y Galiza; País Vasco y Galicia.

En ambas existen elementos comunes y otros profundamente diferentes, aunque quizás si analizáramos con más rigor descubriríamos que no lo son tanto.

¿Cuáles son los comunes? En primer lugar que existe un partido que suscita el apoyo mayoritario de la ciudadanía, en Euskadi el PNV y en Galiza el PP, probablemente porque lo estén haciendo bien. Liderados por dos políticos de altura, Iñigo Urkullu y Alberto Núñez Feijóo, especialmente el primero de esos estadistas que ya no se observan a menudo.

El PNV partido de la derecha cristiana de talante moderado y pactista, que es capaz de suscitar simpatías de carácter transversal, el PP de Galiza al contrario de sus homónimos en el Estado, Madrid, Andalucía, o Murcia por ejemplo, que ha sido capaz de situarse en el mismo lugar consiguiendo así la posibilidad de obtener la mayoría absoluta.

Por otro lado en ambos y es otro de sus elementos comunes, existen partidos de corte independentista, Bildu y Bloque Nacionalista Galego-BNG, que últimamente a diferencia de Catalunya han ido moderando su discurso haciéndole más acorde a los nuevos tiempos democráticos.

Aquí surge la primera diferencia, que al contrario del BNG, el pasado y lastre de Bildu por su apoyo implícito o explícito a la violencia de ETA cuando estaba en activo, dificulta el acuerdo (no así la negociación) con el resto de las izquierdas, PSE y Podemos.

Tampoco le ha beneficiado su posición ambigua, por decirlo de manera generosa, para unos, cobarde o cómplice para otros, ante lo sucedido con el preso duro de ETA Patxi Ruiz, que ha permitido el revivir de su sector radical, ATA, hasta entonces adormecido.

Que no hayan sido capaces de romper amarras criticando los ataques a sedes de PNV, PSE o Podemos, incluida la casa de la líder socialista Idoia Mendía, les sitúan muy lejos de ese entendimiento, a pesar de que en el Parlamento del Estado hayan adoptado otra posición muy distinta.

El reto que tienen a partir del 12 de Julio, es ver si son capaces en la lucha entre sus dos almas de optar por la segunda.

Su posición de cara a la revisión del nuevo Estatuto de Gernika, o ante los debates abiertos sobre la convivencia y el relato de lo sucedido en los años de hierro y plomo, será clave para permitir acuerdos entre las izquierdas también en Euskadi.

Mientras tanto si en las elecciones gallegas el resultado de los tres, PSdG+Podemos+BNG sumara mayoría absoluta, montarían un gobierno con total seguridad. En Euskadi en cambio todavía es demasiado pronto para que se diera esa misma circunstancia, aunque parezca evidente que les van a dar los números.

La otra diferencia va en esa dirección, en Galiza es imposible un acuerdo del partido mayoritario, el PP, con el segundo, el PSdG, mientras que en Euskadi ocurre justo lo contrario y probablemente el positivo acuerdo de esta legislatura entre PNV y PSE continuará su trayecto.

No son estas unas elecciones con incertidumbre, a diferencia de las próximas en otro territorio mucho más convulso como Catalunya. Por eso existe tranquilidad en los cuarteles generales de todos los partidos.

Esa circunstancia nos ha llevado a que esté siendo hasta ahora una campaña electoral sin pena ni gloria, apenas existen abruptos o sobresaltos, quizás porque la sombra del Covid-19 sea demasiado alargada.

Y precisamente ese sea el único elemento que pueda distorsionar el resultado electoral. Va a ser la primera prueba de fuego en tiempo “covidiano”. ¿Influirá éste en el resultado final? ¿Habrá un incremento de la abstención, debido al miedo a las aglomeraciones que pudieran producirse en los colegios electorales? ¿A quién podría beneficiar o perjudicar dicha abstención?

La aparición de diversos brotes de la pandemia en ambos territorios puede dar un giro inesperado a un argumento controlado y producir un desenlace inesperado.

Para después quedará el último reto de nuestra ejemplar Transición aún sin resolver; las tensiones centro-periferia. Con más de tres años por delante una vez transcurran las elecciones catalanas, tenemos una oportunidad inmejorable para trabajar este espinoso tema y ser capaces desde el diálogo y la negociación de transformar nuestro estado en otro más moderno y adecuado a los nuevos tiempos.

Habrá que dejar todos “pelos en la gatera”, pero vale la pena intentarlo en la dirección de un Estado Federal Plurinacional, que tranquilice de manera definitiva las aguas excesivamente convulsas en Catalunya y algo menos en Euskadi.

Por eso resultan tan importantes estas elecciones en Euskadi y Galiza y las posteriores en Catalunya.

Un nuevo tiempo post Covid-19 se abre pues, apasionante e ilusionante para unos, peligroso e incierto para otros.

Suponiendo claro que salgamos vivos de esta pandemia. Pero eso amigas y amigos da para otra reflexión.

Veremos….

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 5 Julio 2020

lunes, junio 29

¿Malditos homicidas? Seamos valientes y llamemos a cada cosa por su nombre.


Artículo publicado en El Confidencial Digital, Periodista Digital, Plaza Nueva, Navarra Información, Gara, Nueva Tribuna, Cónica Local, La Voz de Ávila del 29 de Junio al 2 de Julio 2020.
Domingo de una tarde noche calurosa de veranos en un pequeño pueblo de Navarra. Decenas de personas disfrutando del momento como si realmente no pasara nada de nada.
Especialmente jóvenes que hasta altas horas de la madrugada, además de fastidiar el descanso de los demás, se ponen en peligro ellos y al resto sin mascarilla y por supuesto sin guardar las mínimas normas de seguridad.
Entran ganas de bajar a la calle e intentar explicarles que aunque ellos se crean inmunes al Covid-19, pueden volver a casa y transmitir ese coronavirus que han recibido por irresponsabilidad a sus padres, o lo que es más grave a sus abuelos provocando daños irreparables.
¿Soy yo quien debe hacerlo? ¿Realmente deberíamos ser por responsabilidad una especie de policía social que controle a  quienes no lo son? ¿Están cumpliendo los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad del estado en Navarra con su cometido? Especialmente los más próximos, Policía Municipal y Foral.
Difícil respuesta especialmente en un pueblo gobernado por Bildu y su animadversión a todo lo que suene a represión.
¿Es realmente represivo evitar contagios, enfermedad, muerte, sufrimiento, a través de medidas contundentes de control?
Y por último la pregunta del millón: ¿esos irresponsables, especialmente jóvenes que transmiten la pandemia, se podrían considerar como homicidas?
Teniendo claro la diferencia que la RAE hace entre asesino y homicida. La primera acepción “matar a alguien con alevosía”, la segunda “matar a una persona sin que exista premeditación”.
Pero en ambas circunstancias la consecuencia es la misma, la muerte de una persona.
Por eso ante la inacción de quien debía hacerlo; ¿la ciudadanía deberíamos intervenir llamando a cada cual por su nombre? ¿A esos que con insensatez expanden la pandemia, homicidas, o mejor malditos homicidas?
Eso a pesar de que exista hoy en día una extraña sensación de censura, a todo lo que no sea afirmar que ya no hay peligro y que estamos ya en normalidad, normal.
Me niego a participar en esa ceremonia de “normalización” obligatoria, incluso aunque venga de MIS gobiernos, el de allí y el de aquí.
Cuando miro a mi alrededor estos días veraniegos, no me cuadra nada ni los datos, ni las estadísticas, ni justificar y aparentar para rápidamente volver a una normalidad en la que todavía no estamos.
Me gusta ver “La noche de la Sexta” en su primera parte y escuchar las opiniones de quienes realmente saben lo que está ocurriendo, me gusta (aunque nos cuestione la situación real) lo que me transmiten quienes están en la primera línea sanitaria, directores de urgencias, de UCI, del SAMU de hospitales como Ramón y Cajal, Carlos III o Vall d´Hebron, a epidemiólogos, científicos, a Miguel Sebastián, o Josep Corbella de La Vanguardia.
El sábado 20 la explicación que nos dieron sobre los efectos de este coronavirus en nuestro organismo, debería ser de visión obligatoria, especialmente para optimistas de tres al cuarto, o quienes imprudentemente no cumplen las normas establecidas.
Gente seria, que sabe y nos transmite una situación preocupante muy alejada de lo que se quiere dar a entender. Incluso desde los gobiernos.
Comentar eso en redes sociales provoca una lluvia de críticas por catastrofista. Mucho más aún si les llamaras homicidas.
Al igual que comentar los preocupantes rebrotes en China o Nueva Zelanda, que pillan muy lejos, pero también el de Alemania que pilla más cerca, o los Basurto y Txagorritxo, Huesca, Santander, Pamplona y Sumbilla, que se los han ventilado de un plumazo para dejar más cerca las playas de Cantabria, Salou, o Peñíscola.
¿No debería sacarse una estadística de los afectados, ingresados y fallecidos como consecuencia de actitudes insensatas?
Para eso han cambiado la manera de contabilizar fallecidos o infectados. Con el cambio de excluir los test rápidos y contabilizar sólo las PCR, se distorsionan la realidad y se enseña al personal sólo la punta del iceberg
Probablemente presionados por los sectores económicos, especialmente el turístico y las ganas proverbiales de juerga que tenemos  los españoles y aquí no se diferencian mucho los vascos, navarros, catalanes o madrileños.
¿Para qué ese engaño? ¿Para disfrutar de las terrazas, piscinas, o poder ir a la playa? ¿Compensará?
¿Debemos reflexionar sobre eso y complicarnos la existencia, o creernos ciegamente los datos oficiales?
¿A quién responsabilizaremos si hay un rebrote? ¿Al gobierno central, al de aquí, o a los buenistas que nos recriminan ser catastrofistas, a nosotros mismos por no ser más valientes y llamar cada cosa por su nombre? ¿A los irresponsables que no cumplen las normas y por tanto se comportan como  homicidas?
¿Qué es desde el punto de vista ético más lícito, la opción de Oriente de erradicar el Sars2-Covid 19 o la de Europa de convivir con él? ¿Incluso deberíamos interrogarnos sobre qué podrá ser a largo plazo más beneficioso para la economía? Porque podría ocurrir que por ejemplo China debido a sus medidas contundentes, saliera de esta crisis antes y devorara a las economías que optan por la blandura de normas.
Como conclusión un nuevo interrogante: ¿A quién hay que definir y señalar como maldito homicida?
Pues parece que la responsabilidad debe ser compartida, de unos por acción negativa y de otros por complicidad cobarde, o intereses económicos y financieros.
Bien; me he desahogado. Ahora sólo aspiro (rezaría si fuera católico) a que la naturaleza nos eche una mano aunque no la merezcamos, porque desde luego por nosotros solos no salimos de esta.
¿Malditos homicidas? Dejémonos de protegernos tras los interrogantes, la respuesta es: SÍ!
Seamos pues valientes y digámoslo públicamente.
Veremos………
Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE)
Villava-Atarrabia 29 Junio 2020



viernes, junio 19

¿Pretende bailar Pedro Sánchez la Yenka?



Publicado en Público, Nueva Tribuna, Plaza Nueva, Diario de Noticias de Navarra y Guipuzcoa, Gara, Eldiario.es, El Confidencial Digital, Periodista Digital, La Voz de Ávila, Crónica Local, Navarra Información, Mil21, Hora Punta en Junio 2020.

La yenka fue un ritmo pegadizo y peculiar, que nos trajeron en 1965 un dúo de holandeses afincados en Barcelona, Jhonny y Charley, inspirado en el folclore finlandés. Desgraciadamente el segundo no pudo disfrutar del tremendo éxito que tuvo ya que falleció en un accidente de tráfico.

Hace por tanto 55 años a lo largo y ancho de nuestro país las gentes bailaban y cantaban el famoso; “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres que dominó aquel verano imponiéndose a gentes como los Rolling Stones, The Beatles, Beach Boys incluso al mismísimo Bob Dylan.

Era el triunfo de la simpleza frente a la contundencia del rock, la sutileza del pop, o el compromiso de la canción protesta.

Pero precisamente por esa razón duró poco y se esfumó con la misma rapidez que llegó. Ahora ya sólo lo recordamos los nostálgicos de aquella época y los estudiosos musicales.

¿Qué tiene que ver entonces la yenka con Pedro Sánchez? Si vamos a la letra reflejada antes se tiene la respuesta. Indica y así se bailaba que se debe ir a la izquierda, la izquierda, para a continuación pasar a la derecha, derecha, lo que trae como consecuencia final un adelante y atrás.

¿Se parece la yenka a lo que el Presidente denomina “geometría variable”? ¿Que da igual con quien se pacta si se consigue sacar adelante las propuestas presentadas?
Todo indica que sí y coincide con ese pragmatismo peculiar made in Iván Redondo que ha ido imponiendo en los últimos tiempos. Un pragmatismo desideologizado que solo busca el fin sin importar los medios.

¿Puede ser eficaz al igual que lo fue la yenka que triunfó arrolladoramente? Parece que también, pero con el riesgo de que como aquella, ese triunfo dure poco y se difumine con el tiempo.

En este tiempo líquido que nos está tocando sufrir, hasta la izquierda se ha contagiado del culto a lo inmediato, a lo que en la vieja escuela se denominaba táctica, olvidando demasiadas veces la importancia de la estrategia.

La yenka frente al rock el pop, o el Jazz. Lo efímero facilón y eficaz antepuesto al largo plazo profundo y sedimentado, que resulta más difícil de conseguir y sobre todo mantener, pero que acaba siendo mucho más duradero.

Porque frente a la cultura de esa yenka del pasado existe mantener siempre la mirada en la izquierda, en el pacto con las fuerzas políticas y sociales de izquierdas que además son más numerosas, aunque el esfuerzo por acordar propuestas pueda resultar mayor.

Pedro Sánchez debería recordar lo que le pasó a la yenka, evitar los cánticos de sirena, las fuertes presiones que le llegan de los poderosos poderes fácticos de aquí y de allí y mantener a toda costa el bloque de izquierdas y progreso que le llevó a la Moncloa.

La yenka duró lo que podría durar un pacto con el PP, poco, con la sensación de traición que quedaría entre las bases que le auparon al poder, primero en el PSOE y después a la Presidencia del Gobierno.

Frente a la simpleza y volatilidad de la yenka, la fortaleza y contundencia de un rock eterno.

Pedro, no bailes la yenka, practica el rock and roll que te saldrá mucho mejor y durarás más.

Veremos………..

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 19 Junio 2020





sábado, junio 13

Con la retirada de medallas a “Billy el niño”, la democracia pagará una deuda



Publicado en Nueva Tribuna, Hora Punta, Crónica, Local, La Voz de Ávila, mil21, Crónica Local, La Voz de Ávila, Plaza Nueva, Diario de Noticias de Navarra, Deia del 13 al 15 de Junio 2020

En memoria de Enrique Ruano y Chato Galante

El Congreso acaba de aprobar una iniciativa, por la que se retiran las infames medallas concedidas a Juan Antonio González Pacheco alias “Billy el niño”.

Lo ha hecho con los votos afirmativos de PSOE, Podemos, ERC, Más País, Bildu, BNG…y la abstención del PP, y el voto negativo de VOX.

A “Billy” le conocí al inicio de los 70 y durante las horas que estuve en sus manos entendí de qué pasta estaba hecho. Un sádico anti demócrata, que disfrutaba haciendo daño a quienes luchábamos por traer la democracia a nuestro país.

Creo que cualquier persona de bien, piense lo que piense, se considere de derechas, izquierdas, o simplemente nada, debe posicionarse en contra de lo que hizo este personaje. Porque la tortura la practique quien la practique es la máxima degradación del ser humano.

Durante años esa democracia que tanto odiaba le protegió, le ayudó, le ensalzó e incluso le premió por sus “andanzas” con varias medallas que no merecía. Porque no eran para premiar su lucha contra el terrorismo o la delincuencia, se las dieron por sus prácticas condenables.

Ni siquiera la izquierda con sus mayorías absolutas fue capaz, no se sabe muy bien el por qué, de juzgarle y arrebatarle esos galardones que manchaban nuestra historia democrática.

Eso a pesar de la lucha que desde sus víctimas desarrollamos pidiendo justicia, incluso teniendo que recurrir a la de otro país como Argentina.

Todo fue imposible y acabó muriendo como consecuencia de un COVID-19 justiciero en este caso, yéndose a la tumba con sus galardones.

Afortunadamente este nuevo gobierno de las izquierdas ha atendido al fin nuestras demandas y hoy 11 de Junio se convierte para sus víctimas en una jornada histórica.

Gracias en nombre de todas y todos, gracias a quienes apoyaron una iniciativa a medias, ya que al ser una PNL no obliga al gobierno a su cumplimiento. Una parte de la deuda queda saldada, aunque se fuera sin que se hiciera justicia, ahora hace falta que no sea un nuevo señuelo, que no sea otra vez un cruel engaño.

Esta tarde mientras escribo estas líneas me invaden sensaciones contrarias, diferentes. Por un lado la alegría de saber que hemos sido capaces de conseguir esta mínima victoria, por otra la amargura de que algunos como “Chato” Galante, o Enrique Ruano no la han podido ver, o el dolor del recuerdo de aquellos oscuros días en la tétrica DGS,  Dirección General de Seguridad, en manos de los miembros de la BPS, Brigada Política Social.

El ser humanos a veces tiene muy mala memoria, pero al menos en esta batalla por quitar esos galardones que no merecía a “Billy el niño”, hemos tenido la oportunidad de recuperar esa parte de nuestra historia y que otras generaciones hayan conocido nuestras vivencias.

Esta democracia de la que disfrutan no llegó por ciencia infusa, costó mucha sangre sudor y lágrimas. Las que provocaron gentes como “Billy”.

Aunque sólo sea por eso ya vale la pena el esfuerzo.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal de PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 13 Junio 2020



jueves, junio 11

Unas “no fiestas” covidianas 2020



Publicado en Periodista Digital, Plaza Nueva, Navarra Información, La Voz de Ávila, Crónica Local, mil21, Hora Punta. del 8 al 10 de Junio 2020.

El SARS 2-COVID 19 ha cambiado la vida de la humanidad, allí y aquí.

Lo que a principios de año veíamos como algo que ocurría en la lejana China a miles de Km, la existencia de un mundo interrelacionado donde las distancias no existen, nos lo ha traído a nuestra casa alterando la marcha de nuestras vidas.

La palabra confinamiento ha formado parte de nuestra cotidianidad como único medio de parar la pandemia. Lo hemos conseguido a medias y por el camino hemos dejado a más de 28.000 personas (algún día conoceremos la cifra exacta) y miles de damnificados, ingresados en hospitales, en UCI, en domicilios, familiares y amigos. Demasiado sufrimiento.

Ha afectado en el devenir diario y seguirá haciéndolo, al menos hasta alcanzar una vacuna que se prevé para principios de 2021. En ese tránsito nos queda un duro verano y el peligro de un otoño en el que el monstruo acecha dispuesto a asestar un segundo golpe.

Por eso debemos tomar medidas, prudencia, sensatez y responsabilidad. De los poderes públicos y en especial de la sociedad en su conjunto, en especial los jóvenes que son los que ven el peligro más lejano, o incluso ni lo ven.

Se equivocan, el peligro sigue ahí y su colaboración es fundamental para evitarlo.

El verano traía habitualmente multitudinarias fiestas en los pueblos de nuestro país. Juerga, jolgorio, relaciones estrechas, alegría, buen humor y alcohol, mucho alcohol. Ese producto que desinhibe y hace ignorar el peligro; éste también.

Por eso los diferentes gobiernos autonómicos están planteando y los que no lo han hecho deberían, que este año se suspendan esas fiestas (potestad de los respectivos alcaldes)  y en mi opinión debemos hacerles caso.

Ya habrá tiempo el año que viene de recuperar el tiempo perdido. Este año la prudencia aconseja no realizarlas, ni mucho, ni poco; nada. Nos jugamos mucho en ello.

De hecho, algunas, quizás las más importantes, ya lo han decidido. Así no ha habido Fallas, ni Semana Santa, ni feria de Abril de Sevilla, ni los famosos Sanfermines. Probablemente tampoco se realicen las de la noche de San Juan, o las Semanas Grandes de Vitoria, Bilbao y San Sebastián.

Porque a este virus le agradan las multitudes, las distancias cortas, la proximidad donde con mayor facilidad se transmite y las fiestas serían el caldo de cultivo ideal para su fortalecimiento y repunte (otra palabra que ya forma parte de nuestro lenguaje habitual).

Del debate ¿economía o salud?, pasamos al de ¿fiestas o salud? y se debe apostar con claridad por la segunda opción, que salva vidas y reduce mucho sufrimiento.

Este año no debe haber fiestas en verano y especialmente en otoño para frenar al virus. Los alcaldes deben entender el riesgo que asumirían de no hacerlo y  todos debemos ayudar y colaborar con  nuestra sensatez y nuestra prudencia, no forzando decisiones que estarían contra nuestra seguridad sanitaria.

Quizás estaría muy adecuado hacer pequeños homenajes al vecindario fallecido, o que ha sufrido, como consecuencia de esta pandemia.

Con un llamamiento especial. No podemos, no debemos, rebelarnos contra decisiones responsables con irresponsabilidad social. No podemos, no debemos ante una suspensión sensata plantear unas insensatas fiestas alternativas. 

Por eso habría que hacer un llamamiento a los líderes sociales, por ejemplo en Pamplona a las poderosas Peñas, para que se impliquen en esta necesaria medida de seguridad.

Este 2020 por nuestro bien, por el bien de todas y todos, fiestas no!

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 11 Junio 2020

domingo, junio 7

Agur silencio, vuelve la tortura del ruido



Publicado en El Confidencial Digital, Público, Plaza Nueva, Periodista Digital, Hora Punta, La Voz de Ávila, Gara, Navarra Información, Elperíodico.es, Mil21, Crónica Local, los 8 y 9 de Junio.

Una de las pocas sensaciones positivas que el COVID-19 ha traído al ser humano, junto a la recuperación del medio ambiente que ha dado un pequeño respiro al planeta, ha sido el silencio.

Según diferentes informes incluidos algunos de la OMS y la ONU el ruido, la antítesis del silencio, es una de las peores contaminaciones que afectan al ser humano. Produce un daño a veces irreparable no sólo en lo físico, especialmente en lo emocional y psicológico y también se ha demostrado científicamente que ese daño incide  igualmente en los animales e incluso en las plantas.

Hace varios años el Defensor del Pueblo de Navarra elaboró un informe, en respuesta a las quejas de una vecina contra el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia. En ese documento además de dar la razón a esa vecina que se quejaba de los ruidos producidos por una puerta metálica, incluía varios estudios en los que diferentes organismos internacionales, entre ellos la misma ONU, equiparaban al ruido con la tortura. Sí, sí, con la tortura.

Es cierto que hoy en día es casi imposible disfrutar del silencio. Un silencio que te permita relajarte, reflexionar, leer, o simplemente mirar el paso de la vida con un mínimo de tranquilidad. El silencio es salud al igual que el ruido es enfermedad.

Incluso en los lugares más apartados es prácticamente imposible disfrutarlo. La incivilización de nuestra sociedad actual, la falta de respeto a los demás, a su derecho (inalienable según todos los expertos) al descanso hacía imposible su disfrute.

La música a toda pastilla de los niñatos (y menos niñatos) que se creen con  capacidad de imponer ésta a los demás, los ladridos constantes de los perros que en soledad esperan a sus dueños (es curioso ese empeño que tenemos en sustituir a personas por animales), las motos y coches trucados que indican la manera en que sus conductores se quieren “dar a conocer”.

Incluso el indirecto, pero no por ello menos molesto del run run del tráfico que a veces resultaba insoportable, estropeaban la posibilidad de escuchar ese silencio reconfortante.

Si tuviéramos que valorar algo que nos faltaba antes de aparecer el virus era la ausencia de sonidos estridentes y molestos. Pero no nos dábamos cuenta hasta ahora, de que era uno de los bienes más preciados que nos lo estaban arrebatando sin que hiciéramos nada por conservarlo. Hasta ahora.

Porque esta pandemia ha tenido la virtud de recuperar ese silencio casi olvidado, que ha producido un efecto balsámico y curativo en otras sensaciones crueles provocadas por el monstruo, como la angustia o el miedo.


Por eso al salir a la calle esa primera parte del confinamiento lo primero que nos llamaba la atención era esa falta de ruido producto de la ausencia de los humanos.

Pero lamentablemente lo bueno dura poco y con este bien no podía ser menos y así las fases 0, 1, 2 y el lunes próximo 3 han ido trayendo poco a poco esa tortura, que día a día vuelve a recuperar su efecto destructivo anterior.

El ser humano dicen que aprende rápido, pero quizás olvida más rápido aún. Aunque cabría esperar que esta vez entre las enseñanzas que sacáramos de estos difíciles tres meses, estuviera la de que por un lado deberíamos limitar al máximo el nivel de ruido que generamos, especialmente en donde podemos incidir, en lo privado y al mismo tiempo que tenemos que cuidar con más cariño a la naturaleza.

¿Quién debía ayudar a conseguirlo? Sin duda la propia ciudadanía recuperando viejos hábitos de respeto, pero si eso no es así y no parece que lo sea, los poderes públicos, especialmente los Ayuntamientos que son los más próximos a los ciudadanos, que deben poner medidas, educativas por un lado y coercitivas por otro, para hacer que esto pueda ser realidad.

Un mundo en el que se pueda disfrutar del silencio o al menos solo con los sonidos del trinar de los pájaros, el aíre al rozar las hojas de los árboles o el murmullo de un torrente es muy difícil, quizás imposible, pero sí lo es evitar que el ruido se convierta en una tortura. Hagamos algo para evitarlo.

Por ejemplo ahora que tanto se estilan diferentes campañas; ¿por qué no poner en marcha una reivindicando ese silencio del que hemos disfrutado durante unas semanas? ¿Por qué no llevar iniciativas a los diferentes Ayuntamientos declarándoles zonas libres de ruidos?

¡Reivindiquemos el silencio, porque es salud!

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE

Villava-Atarrabia 5 Junio 2020


miércoles, junio 3

Del optimismo al pesimismo. De la esperanza a la decepción




En los últimos tiempos tengo la extraña sensación de ir montado en una gigantesca montaña rusa de sensaciones, por una parte con una esperanzadora sensación de alivio y optimismo y por otra de preocupación y pesimismo.

Quiero pensar que los datos que los gobiernos autónomos y central nos dan, son los correctos y que por tanto la curva de nuevos casos, ingresados en planta de hospitales, en UCI y fallecidos es claramente descendente lo que indicaría que la pandemia va a la baja.

Optimismo pues al conocer que los dos últimos días no ha habido ningún fallecido y muy pocos nuevos infectados que parecería indicar que la situación estaría controlada.
Ignoro (creo coincidir con todos los que saben de esto) si en otoño surgirá un nuevo rebrote, en ese caso espero que acierten al señalar que será mucho menos virulento porque el virus esté perdiendo fuerza.

Parece que a pesar de las barbaridades que hemos hecho en los 21 días de confinamiento, la naturaleza nos ha dado una nueva oportunidad y salvo casos puntuales, producidos todos ellos por imprudencias, no se está dando el temido repunte.

O simplemente sea que la suerte que le achacan al Presidente del Gobierno Pedro Sánchez sea real.

Pero por otro lado me preocupa y mucho los datos que van llegando de la macro encuesta de Torrejón, que indican que el 4 % de la población está infectada en estos momentos, algunos de ellos niños y jóvenes.

Extrapolando ese dato a España significaría que el dato actual de 270.000 infectados, sólo sería la punta del iceberg y escondería los 1.760.000 reales.

Por eso convendría no confiarnos y que la ciudadanía tuviera claro que esta nueva fase optimista, no se estaría dando porque nuestro comportamiento haya sido ejemplar, que evidentemente no lo es, sino porque la naturaleza por sí misma nos esté dando esta nueva oportunidad, que desde luego no merecemos, pero que al mismo tiempo con el monstruo agazapado esperando tiempos mejores, quizás la vuelta del frío en otoño.

Cierto es que la mayoría ha sido respetuosa con las normas que los expertos y las instituciones nos han ido dando, pero ha habido, sigue habiendo, una minoría cada vez más numerosa que no lo ha sido, que no lo es.

Ver las imágenes de playas como La Concha de Donosti, o La Barceloneta, o algunas del litoral Mediterráneo, más las terrazas y chiringuitos a lo largo y ancho del país, o conocer casos como los de Lérida, Extremadura, Ceuta, Murcia, Ibiza etc. nos dicen que la irresponsabilidad campa a sus anchas producto de unos datos engañosos.

Espero y deseo que esa manita de la naturaleza coincida con lo que nos dicen los médicos situados en primera línea, que aseguran que el virus ha perdido virulencia teniendo por tanto menos capacidad de contagio y produciendo en los pacientes efectos menos graves.

A pesar de ello lo ocurrido en estos apenas tres meses nos debería hacer reflexionar sobre alguna cuestión.

Por un lado que vivimos en una sociedad líquida que impregna la praxis política y nuestras diferentes instituciones, contagiando como si de otro virus maligno se tratara a nuestra sociedad. ¿O quizás sea al revés?

Hay quien asegura que tenemos la peor clase política de la democracia y desde luego a años luz se la que lideró la Transición. El espectáculo en el Congreso de las últimas semanas abochorna a quienes nos criamos imbuidos de aquel espíritu.

Ha habido pocas excepciones, quizás Almeida y el ejemplar acuerdo en el Ayuntamiento de Madrid. El resto desde Díaz Ayuso, pasando por Álvarez de Toledo hasta el mismísimo vicepresidente Pablo Iglesias no han estado a la altura de las circunstancias.

Tampoco en la calle el espectáculo ha sido más ejemplarizante. Las caceroladas con algunos enfrentamientos intolerables, las manifestaciones de coches contra el Gobierno, nos dan un panorama desolador.

En definitiva que el optimismo gracias a la naturaleza del inicio, se va transformando en pesimismo a medida que aparece en escena el ser humano.

Precisamente la segunda reflexión se produce derivada de esta constatación. Retirarnos un tiempo breve ha producido un efecto muy beneficioso en esa naturaleza (quizás de ahí la oportunidad que nos da). Ver las imágenes de ocho osos pardos, entre ellos dos cachorros, por los montes de Asturias, o las cabras montesas retozando por tejados de un pueblo reconforta el ánimo.

Debemos tenerlo en cuenta y que esta vuelta a la “nueva normalidad” tenga presente ese hecho. Que si volvemos a los niveles de agresión al medio ambiente, a la naturaleza, de antes de la crisis sanitaria ésta se volverá a defender de nuevo.

Tengamos pues más cuidado, controlemos el impacto de nuestras zarpas en ella, porque de lo contrario lo del otoño no será una simple posibilidad sino una cruel realidad.

Procuremos llevarnos bien con esa bondadosa naturaleza cuidémosla, aprovechemos la enseñanza de estos meses de confinamiento, vivamos más con ella y no contra ella. Cuidemos por tanto de esa naturaleza porque es la manera ideal de cuidarnos a nosotros y a nuestros hijos.

Pero no sólo cuando salgamos del túnel sino especialmente las próximas semanas. Llega el verano, apliquemos lo aprendido en playas, monte (ha sido significativa la práctica ausencia de incendios este tiempo), terrazas, comidas y cenas con familia y amigos, fiestas, etc.

Extrememos el cuidado, la prudencia y el respeto a las normas, porque todos, sensatos e irresponsables, nos jugamos mucho en ello. El virus no se ha ido sino que se ha agazapado.

Para cerrar esta reflexión con una dosis mayor de optimismo, recordar la decisión histórica del Consejo de Ministros del viernes 29. El Ingreso Mínimo Vital IMV era una deuda que como sociedad teníamos con los más desfavorecidos, por eso después del 29 de Mayo este país es más justo y sobre todo más bueno. Dijimos que de esta crisis debíamos salir todos juntos y esta medida ayuda a ello.

Ahora solo falta que la clase política recupere la dignidad y el respeto de la que tuvimos la suerte de tener en la Transición, se imbuya de ese legado, lo observe, estudie y aplique. El país se los merece, la sociedad lo necesita.

También que la ciudadanía no se confíe, porque nos jugamos demasiado. Que la responsabilidad de TODOS nos traiga optimismo y esperanza y no pesimismo y decepción.

Veremos…….

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal de  PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 4 Junio 2020


viernes, mayo 29

Diez días de recuerdo y respeto por nuestros muertos



Publicado en Diario de Navarra, Diario de Noticias de Navarra, Gara, Plaza Nueva, Navarra Información, Público, Nueva Tribuna, Periodista Digital, Eldiario.es, El Confidencial Digital, mil21, Crónica Local, La Voz de Ávila, Hora Punta, y DLV radio en Junio 2020.

El gobierno ha declarado diez días de luto nacional que comenzaron el miércoles 27 de Mayo.

Serán diez días en los que toda la ciudadanía del país hayan nacido donde lo hayan hecho, se sientan vascos, catalanes, o españoles, se consideren de derechas centro o izquierdas, creyentes o no creyentes, nos uniremos para homenajear sin fisuras a nuestra gente perdida durante esta cruel pandemia.

Durante ese tiempo deberemos guardar el debido respeto e intentar evitar gestos y manifestaciones contrarias al mismo. No es algo simbólico, debe ser algo sentido desde lo más profundo de nosotros. No pasa nada por parar en ese tiempo reacciones, que perfectamente pueden esperar esos diez días para ponerlas en práctica.

Resulta entendible que vaya a resultar difícil después de tantas semanas recluidos, especialmente para las gentes jóvenes, pero se lo debemos y por eso habrá que hacer un llamamiento para que sea así.

Se lo debemos a los y las miles de fallecidos, sus familiares y amigos, a los miles que han sufrido de manera diferente esta pandemia, lo hayan hecho en casa, ingresados o lo que es más grave en la UCI.

En estos más de 70 días todas y todos hemos perdido a alguna persona querida, o que hemos tenido conocimiento de su sufrimiento, o sea que debe resultar relativamente fácil empatizar y participar de este homenaje.

Además sería recomendable y saludable aprovechar ese tiempo para reflexionar sobre nuestro comportamiento, también si cumplimos las normas exigidas para evitar el contagio y por lo tanto de ponernos en peligro, a nuestros seres queridos y al resto y si llegamos a la conclusión de que no lo hacemos rectificar.

Podría producir mucho sufrimiento nuestra insensatez, incluso la muerte.

Esos diez días pueden ser el momento ideal para que salgamos de ellos mejores personas, más responsables, solidarias, más cumplidoras de las normas y sobre todo más sensatos.

El otro día el The New York Times sacaba una impactante portada con los nombres de 1.000 de los miles de fallecido en esa ciudad. Quizás si los medios de comunicación, especialmente escritos, hicieran lo mismo aquí durante ese tiempo, ayudaría por un lado a su recuerdo y homenaje y al mismo tiempo de revulsivo para el tiempo que está por llegar.

Para finalizar mi recuerdo emocionado de las personas próximas que han caído durante estos 73 días, en primer lugar los que como mi casi hermano Koldo Méndez han sido como consecuencia del coronavirus, pero también por otros motivos como Julio Anguita o este mismo martes el gran fotógrafo pamplonés Patxi Calleja. A ellos y ellas van dedicadas estas palabras con lágrimas en los ojos.

Recuerdo que en los oscuros días que me vi atrapado por el monstruo observé que no tenía sueños, quizás porque me los robó, tampoco emociones más allá del temor. Hoy ya los he recuperado y miro a un futuro en color, aunque durante esos diez días lo cubriré de un manto negro.

Hasta siempre amigas y amigos y los que aún seguís atrapados toda mi energía positiva y mi apoyo para salir de sus garras.

Os pido, especialmente a los jóvenes, que respetéis este luto estos diez días.
Veremos……..

Fd.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE)

Vilava-Atarrabia 27 Mayo 2020