martes, diciembre 4

La izquierda y Andalucía: ¿ahora qué?





Escribir esta reflexión con las negativas sensaciones de la noche electoral del 2-D, no resulta demasiado fácil ni agradable. Esta mañana del día después todo parece gris tirando a negro, especialmente cuando te encuadras en el sector de la izquierda española y europea.

En casi 50 años de militancia probablemente el de esa noche haya sido el impacto más fuerte jamás recibido. Pero toca rehacerse, analizar los errores, observar esta nueva sociedad del siglo XXI, hacer la correspondiente autocrítica y cambiar el sentido de la marcha antes de que sea demasiado tarde.

Los resultados del 2-D nos traen grandes derrotas, victorias agridulces y resultados espectaculares que cambian radicalmente el escenario político para el futuro.

Pierde el PSA, Susana Díaz, Podemos e IU, Teresa Rodríguez y Maíllo, incluso el PP a pesar de que quieran aparentar una victoria inexistente al perder 7 escaños. En los últimos tiempos algunos políticos parece que hablan para una sociedad tonta que no se entera de lo que pasa.

Escuchar a Susana Díaz y Teresa Rodríguez intentar minimizar el guantazo, o a Casado defendiendo justo lo que criticaba a Pedro Sánchez hace ahora seis meses, produce vergüenza ajena.
Porque intentar llegar al gobierno de Andalucía siendo segunda fuerza política, con un pacto anti natura con la extrema derecha y su enemigo natural Cs, es exactamente lo mismo que acusaba a Sánchez en su momento. ¿Acaso ya ha olvidado el término “gobierno Frankenstein? ¿Contradicción, cinismo, intento de engaño, o todo a la vez?

En el otro lado Susana Díaz con cara de haber recibido un crochet de izquierda en el mentón, intentó de la misma manera engañar al personal aludiendo a que la bajada era del 7 %. Ignora la señora Díaz  que en apenas unos años ha dilapidado el legado que recibió, esta vez perdiendo un tercio de votos y escaños. La posición mínimamente digna habría sido anunciar su dimisión en ese mismo instante.

Pero también hubo triunfadores. Cs que consigue más del doble de su resultado anterior, o Vox que irrumpe en el Parlamento andaluz con nada menos que doce escaños, fueron los grandes ganadores de la noche originando un tsunami político cuyas consecuencias se podrán ver a medio y largo plazo.

Otro de los perdedores ha sido el criticado CIS de Tezanos que como se dice coloquialmente no le ha dado ni a la península. Vivimos en un país sin una cultura de la dimisión arraigada, pero si la hubiera, si se detectara un mínimo de dignidad debería acompañar a Susana y haber dejado su cargo antes del amanecer. No ha sido así, se agarran a sus poltronas con si estuvieran pegados con Loctite.

Que en sus estudios sociológicos no haya detectado ninguna de las tres novedades ocurridas, ni siquiera darse cuenta de las tendencias es intolerable, un ridículo inadmisible. Ni siquiera el derrumbe del PSA y de la izquierda. La diferencia entre los datos del primero es de nota, ya que su estudio le daba entre 45 y 47 parlamentarios y han sido 33, los 67 para la izquierda se han visto reducidos a 50. Tremendo.
Tampoco ha habido triple empate, ni irrelevancia de Vox al que en el mejor de los casos daba un parlamentario por Almería y han sido 12 en todas las provincias, ni siquiera detectó la disminución en la participación.  La realidad es tozuda y así tenemos que la izquierda ha perdido en tres años 700.000 votos, mientras que el PP a pesar de su euforia 300.000.

Toca ahora a esa izquierda dolorida realizar un análisis autocrítico y riguroso. No vale con echar las culpas a los demás, o azuzar el temor, por otro lado ya conocido, de “que vienen los fascistas”. Eso puede servir para una auto complacencia pero no para solucionar realmente los daños ocasionados.

La izquierda ha recibido un castigo brutal, no sólo por sus propios errores, también porque ha sido incapaz de entender por dónde iba la sociedad andaluza y deberían tener cuidado en que tampoco sepan por dónde va la española.

Parece evidente que 40 años de gobierno socialista más los casos de corrupción han agotado al personal. Pero no sólo ha influido ese hecho, porque si sólo fuera eso el trasvase de votos habría sido del PSA a Podemos, sin salir de la propia izquierda. Pero no ha sido así.

Existen dos elementos que no han sido detectados por sus sesudos analistas, por un lado el efecto que la emigración está teniendo en una sociedad andaluza convulsionada por su incremento y las tensiones del Proces catalán.

Así nos encontramos que en localidades como El Ejido ha vencido Vox, o que en el sentir de la población se ve con temor cualquier cesión hacia los sectores independentistas catalanes.

La izquierda ha perdido la ocasión en los últimos tiempos de haber hecho pedagogía democrática sobre las tensiones centro-periferia y la necesidad de buscar soluciones de consenso, con una Susana más pendiente en este asunto en segar la hierba bajo los pies de Sánchez y Teresa Rodríguez haciendo lo mismo con Pablo Iglesias.
Igualmente han sido incapaces de realizar planteamientos rigurosos sobre el fenómeno de la inmigración, que consiguieran un equilibrio entre el respeto de los derechos humanos y la desconfianza que ciertas medidas provoca entre la ciudadanía, especialmente en los sectores más desfavorecidos.

¿Resulta difícil entender trasvases de votos del comunismo a la extrema derecha? Ya en Francia y Alemania ha ocurrido, el caso de Marsella es de manual y ahora nos toca a nosotros. Nuevamente por la miopía de una izquierda paralizada por el miedo. Algunos analistas señalaban la noche electoral que ya somos Europa. Íbamos con retraso pero la extrema derecha ha llegado y lo ha hecho para quedarse.

Ese escoramiento hacia la derecha de un feudo tradicional de la izquierda como Andalucía debe hacernos reaccionar, no sólo como arengaba Pablo Iglesias al analizar los resultados, con un movimiento social anti fascista. El “No pasarán” de Madrid en el 36 no basta si no somos capaces de hacer un análisis riguroso de sus motivos y posteriormente aplicar recetas políticas para darle la vuelta.

¿Qué hacer a partir de ahora? Existen dos direcciones, la del miedo, la parálisis y el enroque, o la de la imaginación y la audacia. Todo ello aderezado de toneladas de pedagogía social. Audacia en lo referente al fenómeno de la emigración, audacia a la hora de resolver de manera definitiva las tensiones centro-periferia.

Haría mal la izquierda en limitarse a echar las culpas a otros y replegarse a sus cuarteles de invierno. Es hora de valentía, de generosidad, de echarse hacia adelante sin un paso atrás ni para tomar impulso.

En estos momentos es cuando se demuestran los verdaderos estadistas. ¿Habrá alguno dispuesto a ello?

Veremos……….

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 3 Diciembre 2018






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