miércoles, diciembre 21

Se necesita una revolución interna en los partidos políticos

Artículo publicado en Gara el 22 Diciembre 2016 y en Diario de Noticias de Navarra el 30 Diciembre 2016

La situación en el interior de los partidos políticos -de todos ellos- en lo que se refiere a la falta de democracia interna es manifiestamente mejorable. Los últimos acontecimientos que sobresaltan al PSOE, Podemos e incluso Cs así lo indican.

 Nacieron en el siglo XIX y prácticamente no ha evolucionado nada en esta cuestión. Se han convertido en una maquinaria electoral desideologizada en la que prima exclusivamente la disciplina -sumisión deberíamos denominarlo-, cercenando cualquier debate, cualquier disidencia que pueda suponer un peligro para las élites que los dirigen, aunque generalmente la disfracen con el ropaje de que eso debilita al partido y es castigado electoralmente por la sociedad.

Es probable que esto último sea cierto, ya que la sociedad actual aunque siga considerando a los políticos como uno de sus mayores problemas, castiga cuando en el interior se manifiestan riquezas ideológicas, debates enriquecedores. Esa contradicción es utilizada por sus dirigentes para cortar de raíz cualquier disidencia, cualquier discrepancia con el poder establecido, utilizando un instrumento cruel y deleznable que se conoce como “medidas disciplinarias”. Al principio como amenaza y a la larga con su aplicación estricta.

Por eso en los Estatutos que rigen su vida interna y externa, el apartado disciplinario es el más extenso. Leídos con detenimiento producen la sensación que todos ellos son claramente inconstitucionales, infringiendo muchos de los derechos básicos contemplados en nuestra Constitución.

Lo normal debiera ser que un afiliado tuviera los mismos derechos como ciudadano que como militante, y que las normas básicas que rigen la vida fuera de los partidos fueran de aplicación también dentro.

Lamentablemente eso no es así, y por eso en los últimos tiempos conflictos que debieran ser solucionados en clave interna trascienden al ámbito judicial. Qué mal está esto cuando ocurre una circunstancia así.

Los ciudadanos perciben en los partidos políticos una vocación enfermiza por ocupar parcelas de poder para utilizarlo en la búsqueda de un beneficio personal o colectivo al margen de los intereses generales de la sociedad.

Se muestran como estructuras de poder inaccesibles, como castas incontrolables por los ciudadanos, como máquinas de influencia que tienen sus propios códigos de conducta, comunicación y pacto, y que engañan y ocultan la realidad con el único fin de mantenerse en el poder al precio que sea.

¿Podemos afirmar que la estructura interna de los partidos políticos en España y su funcionamiento son democráticos como establece el referido texto fundamental? ¿Podemos sostener que la transparencia en su gestión y el control interno de sus representantes en las instituciones resulta satisfactorio, eficaz y suficiente? ¿De verdad que nuestros partidos "son instrumento fundamental para la participación política"?
Lamentablemente pocos ciudadanos se pronunciarían en sentido afirmativo a las tres preguntas. Lo cierto es que sufrimos un sistema de partidos que arrastra varios traumas no resueltos desde el inicio de la transición democrática.

Uno de ellos se refiere a la ausencia de imprescindible pluralismo político e ideológico en la vida interna de las organizaciones. Por la forma de producirse nuestra transición y por la falta de hábitos democráticos durante el franquismo, se impuso la idea de que cualquier debate ideológico interno implica inestabilidad y que tal situación "es castigada por los electores".

A diferencia del resto de los países europeos, entre nosotros, cualquier crítica o disidencia hacia la cúpula del partido se presenta como una "deslealtad". Los partidos no pueden ser cuarteles con mentalidad militar en aras a un bien superior que define el aparato burocrático correspondiente. "Los trapos sucios se lavan en casa, en el interior", claman algunos.

Falso. El primer compromiso que tienen los responsables políticos es con los ciudadanos y no cumplen con su obligación si ocultan su opinión sobre asuntos públicos o conductas irregulares "para proteger al partido". Tal comportamiento tiene que ver más con residuos del estalinismo que con la vida democrática en una sociedad plural.

Desde tal concepción, la mayoría de nuestros partidos políticos han generado unas tramas de poder interno y externo que, en la práctica huyen de cualquier control.
Quizás sea este el momento, aunque sólo fuera para recuperar la confianza perdida en el seno de nuestra sociedad, de poner fin a esta situación y emprender una profunda transformación de los Partidos Políticos en nuestro país. Quizás el primero que tenga el valor de hacerlo acabe teniendo un plus electoral inesperado.

Conseguir que dejen de ser una maquinaria al servicio de sus dirigentes, una fuente de empleo que genera dependencia a quien tiene el poder de repartirlo, que conviertan sus paredes de acero en cristales transparentes, con una mayor democracia interna, fomentando la libertad de expresión, debates activos, rotación constante en su dirección, incompatibilidad de cargos, límite de mandatos, listas electorales abiertas, etc., etc. Que se conviertan realmente en instrumentos al servicio de la sociedad, en los que cualquier cargo suponga un esfuerzo y no una prebenda.

Abrir ese debate, dentro y fuera de los mismos, al menos en los de izquierdas como el propio PSOE, y Podemos, con valentía, imaginación y audacia. Partiendo de una base fundamental: que todas las actuaciones disciplinarias abiertas queden en suspenso. Una especie de amnistía política que permita participar en el mismo a todas aquellas personas que tienen algo que aportar. Porque son precisamente éstas, las que han tenido el valor de enfrentarse a los “aparatos”, las que tienen una mayor capacidad intelectual y por eso están en esa situación. Probablemente lo más valioso de cada partido haya estado o esté bajo el peso de esa terrible disciplina interna.

Somos más quienes estamos a favor de esa profunda reforma. Los que apostamos porque el aire fresco inunde sus salas y despachos, que sean los más valiosos, quienes más valía intelectual e ideológica tengan y no los más serviles, lameculos, burócratas vulgares, los que dirijan estas naves. Somos más quienes desde la base -porque la base es inmensamente mayor que las cúpulas dirigentes- estamos exigiendo esos cambios, y quizás sea bueno y saludable que una profunda revolución interna acabe con el sistema actual.

Nuestros partidos funcionan a través de un sistema piramidal y oligárquico que se reproduce verticalmente y que reproduce otras cúpulas pequeñas, u oligarquías locales y regionales, que le deben su poder al vértice del partido y dependen de una complicidad política mutua. Es un sistema en el que la aparición del nepotismo y de las redes clientelares internas y externas del partido constituyen un auténtico "aparato de poder" que resulta imbatible.

Desde ese poder local o regional se distribuyen los cargos públicos a personas de estricta confianza, y, a su vez, tales personas influyen y controlan la vida interna del partido para que no cambie la correlación de fuerzas interna. El pluralismo, la transparencia y el control interno de la gestión desaparecen como por ensalmo, lo que explica la sorpresa que suscita, en ocasiones, la aparición de prácticas corruptas o abusos de poder insoportables.

Si además se exige silencio y aparece la figura de la "omertá" para mantener el poder y el respeto a los pactos clientelares, la democracia resultará derrotada, se convertirá en simple hojalata mientras las burocracias fortalecerán su resistencia al control. Éste es el debate hoy tanto en el PSOE donde las bases están en plena revolución interna, como en Podemos donde puede ocurrir en un futuro no muy lejano.

Veremos…………….

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal del PSN y actual militante del PSC)

Villava-Atarrabia 21 Diciembre 2016



lunes, diciembre 19

Reflexiones de un librepensador

En alguna ocasión, en los últimos tiempos con más razón, me he preguntado cómo me definiría desde el punto de vista ideológico. ¿Socialista? ¿Socialista, anarquista? ¿Socialista, liberal? ¿Liberal de izquierdas? Pero he llegado a la conclusión de que en realidad me considero "librepensador", o aunque pueda ser una redundancia "librepensador de izquierdas". Entendiendo por librepensador la definición clásica de "persona que forma sus opiniones sobre la base de la razón. Independientemente de la tradición, la autoridad o de creencias establecidas".

Además y como agravante, me considero utópico, que como aseguraba Galeano en una de sus geniales reflexiones es aquel que persigue la utopía, porque está en el horizonte: cuando uno camina dos pasos, ella se aleja dos pasos, cuando se camina diez pasos, ella está diez pasos más lejos. ¿Para qué sirve pues la utopía? Sirve para eso, para caminar, para avanzar, para crecer intelectual y humanamente.

Por tanto a la vista de cómo está la militancia política en estos tiempos, resulta casi una contradicción definirse así y al mismo tiempo militar…, perdón, sería más adecuado decir estar afiliado a un partido. Aunque viendo cómo se estructuran hoy en día tampoco sería tan desafortunado emplear ése término.

Utilizando la lógica, la mayoría de los afiliados a partidos considerados de la izquierda clásica deberíamos ser librepensadores, y además utópicos, pero me temo que eso no es así ya que la práctica de estos principios llevaría inexorablemente a la expulsión, o como mal menor la marginación en más o menos tiempo. La disciplina en los partidos políticos clásicos  está por encima de cualquier otra componente, véase si no los “avances” que intentan en este tema en los partidos de nuevo cuño como Podemos o Ciudadanos.

Ya se sabe que la disciplina si algo coarta es la libertad, también la de pensar, especialmente cuando el pensamiento se transforma en palabras y mucho más peligroso aún si se pone negro sobre blanco haciéndolo además público.

Ante esas circunstancias se me puede y debe preguntar: ¿Cómo se apaña un militante honesto para ser leal a su ideología librepensadora, y al mismo tiempo seguir militando en un partido político como el PSOE? Buena pregunta, de difícil respuesta. Quizás limitando la actividad librepensadora, o al menos dejándola en eso, en lo que se piensa, evitando en lo posible trasladarla a lo que se dice y mucho menos aún a lo que escribe.


En alguna ocasión ya he elucubrado sobre eso de la censura, la autocensura, o la existencia constante de Torquemada en el seno del PSOE por lo que la respuesta más correcta sería: practicando la autocensura, controlando en lo posible la extensión de tus ideas y mucho más aún tus críticas.

¿Eso supone una contradicción, o incluso una traición a esas ideas? Puede ser, pero al menos permite la supervivencia en una actividad política   que se desea mantener. Aunque hay que decir que a medida que pasan los años uno se vuelve menos pragmático, comienza a romper ataduras y compromisos, se va más ligero de equipaje llevando la ideología librepensadora a su máxima expresión, pase lo que pase, y tenga las consecuencias que tenga. En éste momento me encuentro en los convulsos tiempos que nos tocan vivir dentro del socialismo español.

Desprecio profundamente a los burócratas, casi siempre mediocres, que se dedican a coartar la libertad de expresión, quizás porque siempre he defendido que en los partidos políticos debería de cuidarse la heterodoxia como si de una especie en vías de extinción se tratara, porque la verdad es que quedar, lo que es quedar, quedamos bastante pocos heterodoxos en su seno.

La gente hoy llega a los partidos políticos como si de una oficina de colocación se tratara, con ánimo de medrar y para conseguirlo se impone la ortodoxia, el portarse bien y obedecer ciegamente al líder, convertirse en su acólito sin osar contradecirle en lo más mínimo. Ni siquiera en los grupos minoritarios o grupúsculos están bien vistos los heterodoxos, también entre los que van con la bandera de “rompedores”.

Esto no quiero que se interprete como una crítica a mi partido, porque probablemente en cualquier otro además de cómo estoy (marginado y ninguneado) estaría expulsado (obvio aquí mi experiencia anterior), en alguno incluso algo peor. Aún no se quema a los discrepantes en una hoguera, pero todo llegará. Mi crítica se dirige a todos, todos los partidos en general, y especialmente a los que se definen como progresistas o de izquierdas.

Aunque no nos confundamos, tampoco la sociedad actual tolera el librepensamiento. Bueno, cuando éste supone una crítica a los demás sí, pero si está dirigida a nosotros la cosa cambia porque se impone el sectarismo. Existen demasiadas sectas en la actividad política. No hay nada más que ver, o leer, las furibundas respuestas a algunas reflexiones

Como eso se suele transformar en epidemia, también algunos medios de comunicación se suman a la cruzada. Habitualmente éstos sólo sacan los artículos que son críticos con la actitud del partido al que se intenta debilitar, no porque respeten el librepensamiento sino para erosionarlo.

No vivimos una buena época para el librepensamiento. A pesar de ello habrá que aguantar. Intentaremos seguir los consejos de Bertolt Brecht: "Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles". Seguiremos luchando, al menos para que alguien aguante ésta vela hasta que otros más jóvenes vengan a relevarnos, aunque a la vista de lo que viene detrás no me extrañaría que nos muramos de viejos sujetándola.


En fin, alguna gente me suele decir que me estoy volviendo demasiado pesimista y crítico a la hora de valorar la sociedad actual. Será cosa de la edad, ya se sabe que algunos nos volvemos gruñones y cascarrabias con los años.

Reivindico pues el librepensamiento, la utopía y también otra cualidad ahora en desuso: la bondad. A menudo cuando te tachan de buena persona casi suena a insulto, por eso aunque se pueda interpretar que no tiene nada que ver con este artículo, no quisiera privarme de reflejar una frase que me ha parecido simplemente genial, dicha por Blanca Li: «Si tuviera que morir esta noche, quisiera tener la sensación de haber sido bueno. Cualquier tonto puede ser malo, pero la bondad precisa inteligencia».


martes, diciembre 13

La vida nos lleva por caminos raros

Artículo publicado en Diario de Noticias de Navarra, Gara y Navarra Información el 13 Diciembre 2016

Empecé a imaginar este artículo escuchando la brutal canción de Quique González de parecido título. Comienza con esta estrofa:
La vida te lleva por caminos raros .. 
por la esquina más perdida de los mapas, 
por canciones que tú nunca has cantado. 
La vida te lleva por caminos raros.

Observar el mundo actual lleva a esa conclusión, ver la peligrosa situación a la que nos lleva la reciente elección de un loco como Donald Trump en EE.UU., sus recientes decisiones en especial los nombramientos de sus colaboradores, millonarios cada uno de ellos más esperpéntico o un general retirado denominado “Perro loco”, indica que nos lleva por caminos raros.

Caminos raros son los que se recorren en Siria, en Afganistán, en Iraq, los atentados brutales de Turquía o Egipto que llenan de cadáveres sus calles mientras escribo estas líneas. O el silencio sobre un Mediterráneo en el que no caben ya más cadáveres de gentes que huyen del horror. De ese horror que ya adivinaba el Coronel Kurtz en “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, posteriormente hecha película de culto con Apocalypse Now.

Caminos raros que recorre la vieja Europa, la que parecía vacunada contra los extremismos después de lo ocurrido en la II Guerra Mundial y que de nuevo en su corazón de las tinieblas, en Austria o Alemania, nos sobrecoge con su recuerdo.

Cierto es que Austria ha evitado su primer match ball al darle el triunfo a un ecologista veterano como Alexander Van der Bellen, evitando que un miembro de la extrema derecha, Norbert Hofer llegara a un puesto de esa relevancia. Pero no debemos de olvidar que han estado cerca, muy cerca.

Los mismos caminos raros por los que transita la política francesa en la que ante una izquierda atónita y dividida, emergen dos derechas extremas, la  neo fascista liderada por Marine Le Pen y la cuasi fascista de François Fillon, candidato elegido en las recientes primarias de Los Republicanos. El más derechas de las derechas.

Mientras la izquierda francesa del PSF transita también por caminos raros, descuartizándose en luchas fratricidas a pesar del gesto de un Hollande a la baja que ha decidido no estorbar, gesto que le honra. El único capaz de dar la batalla parece ser un Manuel Valls que casualmente se sitúa en el ala más derechista de los socialistas franceses. Mal síntoma.

En Italia recorren igualmente su peculiar camino raro, en este caso muy a la italiana. La metedura de pata de un Matteo Renzi que creyéndose sobrado ha acabado por perder un referéndum convocado de manera irresponsable, al más puro estilo Cameron y su Brexit británico, les lleva de nuevo a un callejón sin salida.

Por cierto, que también ese irresponsable referéndum permitió emerger a otra figura de extrema derecha, Nigel Farage, el primero en reunirse con el ahora todo poderoso Donald Trump. Curioso y preocupante.

Ahora el Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella intenta un movimiento continuista proponiendo como Primer Ministro a una persona de confianza del propio Renzi, su ministro de Asuntos Exteriores Paolo Gentiloni. Camino raro de gobierno Renzi sin Renzi, para que vuelva de nuevo Renzi.

No debemos olvidar que Italia se debate entre cuatro figuras a cada cual más controvertidas, el guaperas Renzi, el capo Berlusconi, el peligroso payaso Beppe Grillo líder de un extraño movimiento como el “Cinco Estrellas”, populista escorado hacia la derecha y el neo fascista Umberto Bossi de la Liga Norte. Eso sí que es transitar por caminos raros.

Dejo para el final el transitar por caminos raros de nuestro país y en especial del PSOE. Después de un culebrón de once mese Rajoy fue investido Presidente del Gobierno casi más por una planificada estrategia de desgaste desde los poderes fácticos, que “haberlos haylos”, que porque la lógica política nos llevara a esa conclusión.

Por el camino dejó a un Partido Socialista “hecho unos zorros” con dos Comités Federales propios de una película de Berlanga, una Gestora que camina a trompicones y un Pedro Sánchez que no sabemos si está o se le espera. 

Tampoco Podemos camina por lugares soleados, empeñados en descuartizarse unos a otros siguiendo el ejemplo socialista. Es como si el guión de lo que está ocurriendo en ambos partidos lo estuviera escribiendo el gurú Arriola.

La consecuencia es una oposición balbuceante, dispersa, sin rumbo, que también aquí ha fortalecido a la derecha más rancia y extrema.

La única esperanza es la verdadera revolución interna de las bases socialistas que no admiten ciertos giros y que mantienen su lucha por la democratización del partido y la necesidad de las primarias y el Congreso con la máxima urgencia. Se organizan a través de plataformas, de Socialistas en pié, u otros movimientos de manera dispersa y por tanto debilitada.

Sólo la reciente reunión en el Ateneo de Madrid, lo que ya se va conociendo como el “Espíritu del Ateneo”, parece haber puesto un poco de cordura a través de un documento constructivo y de consenso. Allí gentes como Odón Elorza, José Antonio Pérez Tapias, Andrés Perelló, Josep Borrell, Cristina Narbona, más una treintena de cuadros históricos y de Izquierda Socialista intentan poner algo de sensatez en esta dispersa situación. La izquierda del PSOE parece retomar la voz en un momento que es más necesaria que nunca.

Como conclusión cabe asegurar que en este final de un complejo 2016 el mundo camina por caminos raros, algunos como el de las agresiones al planeta parecen autodestructivos. Que en pleno cambio climático, con los polos derritiéndose y las ciudades, ríos y mares con la mayor polución de su historia, Trump elija como colaborador a un negacionista de esta situación nos debe producir escalofríos.

Pero la pregunta es ¿hacia dónde nos llevan estos caminos raros?

Eso da para otro artículo.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 12 Diciembre 2016