martes, junio 28

26-J: el descalabro de la izquierda

Artículo publicado en Deia el 28 Junio 2016

Ha sido una larga campaña de más de doce meses. Larga, dura, cambiante, con altibajos, como si de una montaña rusa se tratara y hasta con sustos finales como el caso de las grabaciones al Ministro del Interior en funciones Fernández Díaz, o la aprobación del “Brexit” en el último suspiro.

Llegó por fin el momento, el domingo ha sido lo que los taurinos definen como “el momento de la verdad”. Ese instante en el que el torero toma su estoque real se perfila ante un toro cuadrado y entra a matar. Es cuando se recoge, o no, toda la faena realizada con anterioridad, porque aunque hayas hecho una magistral levantando literalmente la plaza en pié, si a la hora de matar entras seis veces y otras diez a descabellar es probable que salgas abroncado, con pitidos y almohadillas, mientras que si de una certera estocada acabas la cuestión eres capaz de abrir la puerta del éxito. Esa puerta que todos los contendientes esperaban abrir hace apenas unas horas.

El domingo en lo que a política se refiere se ha producido también ese momento de la verdad. Es igual lo que hubieran hecho anteriormente, que se hayan esforzado en buscar alternativas transversales, o fórmulas intentado el “sorpasso”, o hayan creído que a pesar de estar rodeado de casos de corrupción lo han hecho muy bien en lo económico, incluso que hayan pensado que eran los más regeneradores de la historia. El domingo la ciudadanía ha dictado su sentencia y los que han fracasado en la estocada,  PSOE, Podemos y Ciudadanos han salido por la puerta de atrás, mientras el PP lo ha hecho a hombros por la puerta grande.

También todas las dudas existentes hace apenas unas horas se han desvanecido, todas las preguntas han sido respondidas. ¿Serían capaces los votantes de castigar a un partido corrompido hasta las trancas? ¿Se castigaría al PSOE, a Podemos o a Ciudadanos por el fiasco anterior? ¿Se produciría el “sorpasso”? ¿Cómo afectaría la aprobación del “Brexit en el electorado? ¿Las izquierdas sumarían más o menos que las derechas? Preguntas respondidas por una ciudadanía que dicen siempre tiene razón. ¿O quizás no?

Porque lo que ese electorado ha dictado es que este país es definitivamente de derechas. Que efectivamente ha castigado a PSOE, Ciudadanos y Podemos, por más que estos últimos hayan mantenido su resultado porque suponían que la unión con Izquierda Unida les iba a deparar uno mucho más elevado. También que ese castigo ha ido dirigido especialmente a unas izquierdas incapaces tras el 20-D de ponerse acuerdo para un gobierno alternativo a Rajoy y su PP. Observar ahora que podríamos tener un gobierno diferente presidido por Pedro Sánchez y ver lo que se nos avecina da para salir corriendo justo hasta Australia.

Otra de las respuestas importantes obtenidas el domingo es que no se ha producido el tan cacareado “sorpasso”, ni siquiera se ha acercado esa posibilidad. Tampoco han afectado los numerosos casos de corrupción de un PP que lejos de ser castigado ha sido el único partido que ha subido y además de manera importante, 14 escaños. Tampoco las utilizaciones vergonzosas del poder, como las famosas filtraciones de las conversaciones entre el ministro del Interior Fernández Díaz con el director de la Oficina Anti fraude catalana intentando utilizar sus informaciones contra partidos independentistas.

Otra incógnita desvelada es que parece evidente que el “Brexit” sí ha influido al final en los resultados. Suele decirse que “en tiempos de crisis no hagas mudanzas” y eso han debido pensar miles de ciudadanos al devolver su voto a la opción más conservadora, en un vano intento de protegerse de la que se nos viene encima.
Pero quizás el dato más relevante de estas elecciones que confirma lo ocurrido en las anteriores del 20-D, resulta ser el impresionante fracaso de las diferentes encuestas habidas durante la campaña e incluso las llamadas israelitas de preguntas a pié de urna, lo que nos lleva a conclusiones terribles sobre la sociedad que tenemos.

Es cierto que estamos pasando por una profunda crisis económica, financiera, política pero también que resulta aún más relevante la crisis de valores. Que la ciudadanía de este país no sólo no castigue a un partido que ha destrozado en casi cinco años el Estado de Bienestar  y que está inmerso en los mayores casos de corrupción de la historia, sino que al contrario acabe premiándolo con 14 escaños más y un incremento de seiscientos noventa mil  votos, indica que algo muy profundo se ha corrompido en su seno durante estos últimos ocho años. Que además se le añada el indicador de que incluso esa misma ciudadanía  mienta colectivamente al contestar a las diferentes encuestas, indica que para salir de esta crisis no sólo se necesitarán buenos economistas, o políticos sino probablemente mejores psicoanalistas. Quizás tengamos una sociedad enferma que pide a gritos un diván donde ser tratada.

Pero no sólo han fracasado las diferentes empresas demoscópicas, todas, también ha fracasado la izquierda en su conjunto que ha sido capaz, como consecuencia de su imposibilidad de entendimiento tras un buen resultado el 20-D, de llevarnos a unas nuevas elecciones que han traído como consecuencia el fortalecimiento de la derecha y su propio debilitamiento.

De una correlación de fuerzas 163-161 o sea menos dos con la posibilidad de ser más cuatro con el apoyo decidido del PNV, hemos pasado gracias a los lumbreras que la dirigen al actual 169-156, o sea menos trece. Pero en votos ha resultado aún peor, un verdadero cataclismo porque en las anteriores elecciones esa misma izquierda superó a la derecha en casi un millón de votos cuando en estas ha sucedido justo lo contrario, han sido superadas por casi quinientos mil. Para este viaje no necesitábamos alforjas señores Pedro y Pablo, o viceversa.

 Algunos, pocos, ya advertimos de que el electorado de izquierdas es muy sensible a la frustración de no haber podido conseguir, pudiendo hacerlo, un gobierno de cambio. Ya se adivinaba esta consecuencia de su propia incompetencia, de su inmensa irresponsabilidad. Nadie nos escuchó y ahora toca comprobar lo acertado de la predicción, que se pierden cinco escaños y lo que resulta más dramático aún les abandonan un millón doscientos mil  votantes, justo la cifra de la diferencia con la participación anterior.

Quizás el único elemento positivo, más para el prurito propio que otra cosa, sería para el PSOE salvar los muebles evitando el temido “sorpasso” y para  Pedro Sánchez mantener su cabeza que para estas hora ya esperaba tener Susana Díaz cortada sobre una bandeja a su disposición. No sólo no hubo viaje en AVE la noche electoral hacia la Secretaría General del PSOE, sino que su propio fracaso, al verse superada por el PP en su feudo andaluz incluso con la pérdida de dos escaños, la dejan muy debilitada e incapaz de plantar cara al SG actual.
Especialmente patéticas fueron algunas imágenes, algunos comportamientos observados la noche electoral. ¿Tenían motivos para la sonrisa eufórica los dirigentes de En Común Podem, especialmente Ada Colau y Xavier Doménech después de la sonora bofetada que acababa de recibir la izquierda en su conjunto? ¿Y para la sonrisa forzada mostrada por la cuadrilla del PSOE que apareció rodeando a su líder, o la del propio Pablo Iglesias, aunque en este caso fuera una extraña mueca que contrastaba con la seriedad extrema de un Iñigo Errejón, que parecía expresar: “si ya te lo decía yo”? ¿O por el contrario debieran haber tenido la dignidad, el coraje que tuvo Mónica Oltra, al mostrar sin pudor la vergüenza y decepción porque en su región el PP no sólo no recibía castigo por la corrupción que le devora, sino que había sido premiado con dos escaños más?

Pero una vez analizada esta parte surge la terrible pregunta: ¿qué hacer a partir de ahora? Pues parece evidente que a diferencia de las elecciones anteriores no parece muy probable que el PSOE se aventure a permitir que Sánchez vuelva, una vez salvados sus respectivos liderazgos, a intentar montar un gobierno alternativo a Rajoy. Su debilidad es ahora mucho más evidente y no tendría mucho sentido. ¿La gran coalición? Tampoco parece la opción más real, más bien parece que la lógica apunta a un gobierno del PP con la abstención crítica del PSOE.

Quizás la única posibilidad para el futuro de esa izquierda abatida será reconocer su estrepitoso fracaso y el triunfo sin paliativo de la derecha, permitiendo gobernar a un PP y Rajoy mucho más controlado, con una oposición fuerte y unida. Después proceder a recogerse en sus cuarteles de invierno, lamerse las heridas abriendo un profundo proceso de reflexión tanto en el seno de Podemos como del propio PSOE y desde luego a abrir vías de comunicación entre ellos menos suicidas que las actuales. Aunque por lo que se va viendo por las redes sociales no parece vaya a ser así y probablemente si sus líderes no lo evitan se seguirá el proceso cainita de autodestrucción.

Nos espera pues otro periodo de al menos tres años de gobierno de la derecha. Más sufrimiento, recortes, castigo para las clases populares de nuestro país. Esperemos que al menos esa izquierda ahora fracasada  aprenda a mantener el tipo, a proteger a los suyos y a recuperar la dignidad perdida.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)


Villava-Atarrabia 27 Junio 2016.

martes, junio 21

El momento de la verdad

Artículo publicado en Publicoscopia el 21 Junio 2016 y en Gara y Diario de Noticias de Navarra el 24 Junio 2016

Los taurinos (está muy mal visto nombrarlos hoy en día) definen el momento de la verdad como el instante en el que el torero toma su estoque de verdad, se perfila ante un toro cuadrado y entra a matar. Es cuando se recoge, o no, toda la faena hecha con anterioridad, porque aunque hayas hecho una magistral levantando literalmente la plaza en pié, pero a la hora de matar entras seis veces y otras diez a descabellar es probable que salgas abroncado, con pitidos y almohadillas, mientras que si de una certera estocada acabas la cuestión eres capaz de abrir la puerta del éxito.

El 26-J en lo que a política se refiere se va a producir también ese momento de la verdad. Es igual lo que hayas hecho anteriormente, que te hayas esforzado en buscar alternativas transversales, o fórmulas intentado el “sorpasso”, o creas que a pesar de estar rodeado de casos de corrupción entiendas que lo haces muy bien en lo económico, incluso que pienses que eres el más regenerador de la historia. Ese día la ciudadanía dictará su sentencia y como no remates de una certera estocada saldrá por la puerta de atrás.

Quedan pues cinco días para ese fatídico momento. El cuatripartito pretende consolidarse y cada cual superar al de al lado, pero lamentablemente no todos lo conseguirán. PP, PSOE los clásicos y Podemos, Ciudadanos los nuevos y emergentes, se juegan mucho más que un resultado electoral, se juegan su propio futuro, incluso el devenir de este país.

Ahora todos miran con inquietud la lluvia de encuestas que nos desbordan. Dicen que éstas sólo indican tendencias y parece evidente siguiéndolas que a día de hoy el PP gana aunque perdiendo fuelle (mucho menos del que merece a la vista de los casos de corrupción que le corroen), el PSOE a duras penas se mantiene, aunque en los últimos días se observe un leve repunte, Podemos parece la estrella rutilante aunque menos y Ciudadanos lo que se parece cada vez más a uno de esos futbolistas que apuntan maneras pero no acaban de triunfar.

Pero dicen mucho más las tendencias. Dicen por ejemplo que de manera sorprendente las izquierdas van a sumar más y las derechas menos que el pasado 20-D y que incluso su suma les puede aportar la mayoría absoluta.

Curioso dilema el que se abre a partir de esa evidencia, ya que esa situación, que podría ser una gran noticia a la hora de plantearse un gobierno alternativo de Rajo y su PP, puede resultar quebrada si el PSOE queda detrás de Podemos y no es capaz de dar la talla.
Ante esa hipótesis, que la izquierda tenga un gran resultado pero el orden del 20-D se invierta, surge una cruel pregunta: ¿serán capaces los dirigentes del PSOE de frustrarla y darle el gobierno a una derecha en minoría? ¿Qué efectos puede tener esa decisión en su futuro a medio y largo plazo? ¿Acabarán siguiendo dramáticamente la senda abierta por el PSI primero y el PASOC posteriormente?

¿O por el contrario Pedro Sánchez tendrá el coraje, la valentía de hacer lo que desean la inmensa mayoría de sus votantes, aceptando un gobierno con Podemos aunque sea con Pablo Iglesias encabezándolo y pasar a la historia? Siguiendo los símiles taurinos, ¿se atreverá a salir por la puerta grande, o huirá a escondidas de manera vergonzante recibiendo los pitidos del respetable?

Difícil dilema entre lo malo y lo peor, especialmente para su propio futuro político. Los políticos de talla, los que realmente valen la pena, cuando demuestran que lo son es precisamente en estos momentos especialmente complejos y difíciles.

Sólo hay una circunstancia que puede evitar esa terrible decisión, que a última hora el electorado socialista consciente de esa peligrosa situación acabe movilizándose y consiga salvarle los muebles situándolo aunque sólo sea por un diputado por encima de Podemos.

En cualquier caso parece que la pelota estará situada sobre su tejado, el del PSOE y especialmente el de su líder Pedro Sánchez. Poca gente confía en su valor, aunque en política a veces surgen las sorpresas y gentes que parecen vulgares se convierten como consecuencia de verse situadas en circunstancias límites, en políticos para la historia. Ojalá sea esta una de esos casos excepcionales.

Éste es el momento de Pedro Sánchez, ese instante en el que las decisiones cruciales las debe tomar él en su soledad más cruel. Confiemos en que nos dé la sorpresa, consiga estar por delante o detrás de Pablo Iglesias. Confiemos en que sea consciente de que la historia le ha situado en ese dilema por alguna razón y nos demuestre que está hecho de una pasta especial. Desde estas líneas se le anima a eso, que consiga como Ulises desoír las voces perversas de quienes pretenden enviarle al culo de la historia. Los políticos de verdad se visten desde abajo.

El 26-J a la noche tiene toda la pinta así de convertirse en uno de esos instantes cruciales de la historia de nuestro país. De esos en los que algo muy profundo puede cambiar para siempre. Veremos………………

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 20 Junio 2016



martes, junio 14

De CIS, campaña y resultados

Artículo publicado en Publicoscopia el 14 Junio 2016

Comienza el espectáculo, pasen y vean señoras y señores, en este circo tenemos de todo, enanos que crecen, equilibristas, saltimbanquis, tigres, leones y corderos silenciosos, hasta payasos  y magos que sacan votos de la chistera. Pasen, pasen y vean que comienza la función.

Después de seis meses sin gobierno y más de un año en constante estado electoral llega el momento de la verdad. Cuando el 26-J se acuda a las urnas esta vez puede y debe ser la definitiva. De estas elecciones saldrá un gobierno sí o sí, por eso resultan tan cruciales porque sólo existen dos opciones, que siga gobernado Rajoy y su PP, sea cualesquiera el método para lograrlo, o que exista una alternativa por la izquierda.

La última encuesta del CIS da para muchos análisis, hipótesis, reflexiones y alguna consecuencia. Según ésta, por muy “cocinada” que pueda estar, existen también dos evidencias: que el PP vuelve a ganar esas elecciones a pesar de que esté inmerso en cien procesos de corrupción, lo que dice mucho de la sociedad que tenemos y que el famoso “sorpasso” por el que suspira Pablo Iglesias y el propio Rajoy está a punto de producirse.

Pero además de estas dos evidencias existen otras dos sorprendentes teniendo en cuenta que la falta de entendimiento de la izquierda ha provocado esta nueva situación y que parecía que su electorado podría castigar esa irresponsabilidad absteniéndose de acudir a las urnas. Que sumen más que el 20-D, de 161 a 172 en la mejor hipótesis y que la derecha sume menos, de 163 a 156.

La situación, de mantenerse la noche del 26-J, sería más favorable a la izquierda que la resultante del 20-D, concretamente en aquellas elecciones la correlación de fuerzas fue 163-161 favorable a la derecha y en estas sería 156-172 a favor de la izquierda. Un vuelco total de mantenerse estas previsiones. Incluso sumándole los 5 diputados previstos para el PNV daría una mayoría absoluta que antes no alcanzaba y que parecía absolutamente inalcanzable.

¿Eso supone una mayor garantía de que ahora sí será posible el cambio? Evidentemente no, porque en esta ocasión estaríamos hablando de que el PSOE debía apoyar un gobierno de Pablo Iglesias cuestión ésta absolutamente improbable, por no decir imposible.

Lo que nos lleva a una terrible conclusión: que la única posibilidad de que el cambio sea posible sería que el PSOE aguante la presión y se mantenga como segunda fuerza política liderando la izquierda. O sea que los datos del CIS se den pero al revés.

Esto tampoco traería ineludiblemente el cambio, porque aunque esta circunstancia se diera no garantiza que las presiones internas y externas hicieran que Pedro Sánchez diera un paso atrás acogotándose cómo le pasó la vez anterior. Por lo tanto ignoramos si esta vez aguantaría ese escenario o por el contrarío tendría el coraje de dar un puñetazo en la mesa y hacer lo que 14 millones de españoles y españolas desean y exigen: un gobierno de cambio desde la izquierda. Quizás sólo anunciando esa posibilidad la misma noche electoral llevando a la votación en las bases socialistas la propuesta, permitiría dejar fuera de juego a los barones que seguro se opondrán.

Estamos pues en la encrucijada de un camino complejo. De un lado resulta decepcionante que una parte importante de nuestra ciudadanía, en torno a un 30 % o traducido a votos unos 8 millones, sigan votando a un partido corrupto hasta las cejas, que ha practicado la mayor agresión a nuestro Estado del Bienestar de nuestra reciente democracia. De otro resulta igualmente decepcionante que aunque la izquierda pueda mejorar su resultado éste pueda seguir gobernando a pesar de ambas circunstancias.
Pero antes d ese instante nos quedan aún doce insufribles días de esta interminable campaña. Más de lo mismo, promesas falsas, debates insulsos, actitudes teatrales, la política como telebasura o programa rosa del peor talante. Si muchos de los padres de la I Transición desaparecidos levantaran la cabeza se avergonzarían del bajo nivel actual.

Desde que los partido políticos, los nuevos y clásicos, están dirigidos por expertos en encuestas y en marketing, las campañas se mueven por espacios muy alejados de la ideología y de las propuestas políticas. El CIS les acaba de mostrar que uno de cada tres electores está indeciso. Lo que no significa que esa indecisión tenga que ver con su opción política, más parece dirigirse a si van a ir a votar o no. Todos creen que esa indecisión si cambia de sentido les podría beneficiar, aunque seguro que alguno se equivocará en su vaticinio.

Es mucho ese 31 %, tanto que podría cambiar el sentido de la encuesta. Por ello a partir de ahora veremos la versión más cutre y vergonzante de la política en la que vale absolutamente todo, incluso dejar colgados en la puerta los mínimos valores éticos y estéticos.

Una verdadera pena, teniendo en cuenta que este próximo 26-J nos jugamos demasiado. Quizás sean las elecciones más cruciales de nuestra democracia, porque el gobierno que salga de ellas deberá afrontar retos como las tensiones centro-periferia en Catalunya y Euskadi, la consolidación de la paz, la posición ante el tratado TTIP, la crisis de los refugiados, las tensiones sociales derivadas de una crisis que no acaba nunca, o la corrupción que corroe pilares fundamentales del Estado.

Quedan sólo 12 días. Dicen que el pueblo nunca se equivoca. Me temo que esta vez sí pueda hacerlo….

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 13 Junio 2016


jueves, junio 9

Francia y su izquierda en la encrucijada


Artículo publicado en Deia el 90 Junio 2016

Al otro lado del Pirineo un poderoso incendio se propaga por nuestro país vecino. Francia vive días de violencia, huelgas, manifestaciones contra la reforma laboral impulsada por el gobierno de Manuel Valls. Esa confrontación de un gobierno del PSF con la poderosa central sindical CGT tiene componentes suicidas para la izquierda. El pulso entre Manuel Valls y Philippe Martínez, curiosamente ambos descendientes de republicanos españoles, puede ser letal para esa izquierda a punto de dejar de ser dique de contención para una extrema derecha desbordante.

Quienes intenten buscar comparativas con nuestro 15-M se equivocan y mucho menos hacerlo con el memorable Mayo del 68. Aquella experiencia transformó la sociedad francesa y la izquierda europea e iba acompañada de un potente movimiento cultural y social. Escritores, cineastas, cantantes, pintores, artistas en general, intelectuales aportaron a aquel Mayo elementos ideológicos profundos de los que hoy carece el actual.

Más bien parece una pelea de gallos (Valls y Martínez) por hacerse con el gallinero, e incluso otra más deplorable entre sindicatos por conseguir el botín de la mayoría ante las próximas elecciones sindicales de 2017. La hasta hora hegemónica y radicalizada CGT se enfrenta a una emergente y moderada CFDT por esa mayoría. La primera lidera las protestas la segunda apoya la reforma del gobierno.

Para entender en profundidad este pulso se debe comenzar por analizar qué medidas contempla esta controvertida reforma y por qué se lanza precisamente ahora sabiendo la controversia que iba a originar. El paro en Francia ha ido creciendo paulatinamente en los últimos años llegando a superar el 10 % de la población activa, que comparado con el de nuestro país parece una bendición. Pero conviene no olvidar que con quienes se comparan tradicionalmente los franceses no es con España, es con Alemania y el Reino Unido que están en torno al 5 %.
Este dato ha activado todas las alarmas y ha propiciado esta reforma planteada por la terna Holland-Valls-Macron. Presionados por el exterior porque conviene recordar que tanto desde el FMI, que apunta a la negociación colectiva, la inseguridad jurídica que supone la interferencia de los juzgados laborales y los altos costes de despido, como las causantes este incremento, como desde la OCDE que critica la falta de dinamismo del mercado y la rigidez de los contratos.

También desde hace años se ha disparado el empleo temporal, que ya alcanza a uno de cada cuatro trabajadores. Los contratos laborales de corta duración han subido su incidencia sobre el total en once puntos, según datos de Acoss. Entre 1998 y 2015 el coste laboral ha subido más de un 50% pero la productividad apenas ha crecido un 20%. Como consecuencia de todo ello Francia ha caído al puesto 22 en el Índice Global de Competitividad, mientras su vecina Alemania ha subido al número 4 a base de contener el aumento de los costes laborales y flexibilizar su mercado de trabajo.

Todo ello ha obligado a tomar esta dolorosa decisión con dramáticas consecuencias y sorprendentemente impulsada por las élites del Partido Socialista Francés. Su ministro de Economía, Emmanuel Macron, ya anunció en enero que Francia iba a importar aspectos de la reforma laboral española con ánimo de "eliminar rigideces". El grueso de los cambios que ha introducido pasan por introducir convenios a nivel empresa y por acabar de facto con la jornada de 35 horas semanales.
La legislación reduce de 27 a 15 meses de salario las indemnizaciones con despido, abarata los despidos ligados a causas económicas, pauta que las horas extra se paguen con un plus del 10% frente al 25% que estaba en vigor.

La reforma plantea que los empresarios ganen en flexibilidad y reduzcan los costes laborales. La nueva legislación permitiría el despedido si la empresa prevé perder beneficios, como la reforma laboral del PP, en la que se inspira. Si se trata de una filial de un grupo internacional, podrá hacerlo si las cuentas en Francia no van como esperaban, con independencia de que a las otras filiales les vaya bien.

Hollande y Valls respaldan a Macron, hasta el punto de que la reforma se aprobó por decreto del primer ministro, esquivando un trámite parlamentario que hubiese exigido votar hasta 5.000 enmiendas y modificaciones.

Cierto es que se inspira en la legislación aprobada en nuestro país en 2012, aunque mucho menos dura en su aplicación especialmente en ciertos aspectos.

En lo que se refiere a despidos improcedentes Rajoy impuso una drástica rebaja de 45 a 33 días, mientras que la propuesta francesa es mucho menos dura. Aunque quizás las máximas diferencias se den en lo referido a la modificación de las condiciones de trabajoUna empresa en Francia podrá cambiar las condiciones de trabajo fijadas en el contrato de un trabajador, aunque con su aprobación. No podrá hacerlo, eso sí, con el salario. En este punto, la reforma de España parece más agresiva: ha permitido que las empresas hagan modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo, incluidos los sueldos, y de forma unilateral, si bien también tienen que negociarlo con los representantes sindicales.

Según todos los indicios la ciudadanía recha de plano esta reforma situando según las encuestas a un 90 % de los franceses contrarios a la misma, aunque en las últimas semanas se detecta ya un cierto cansancio por esta situación. Todos los indicios reflejan que la inmensa mayoría de la población francesa desea ahora acabar con ella y volver a la normalidad.
La batalla sindical entre la CFDT y la CGT puede llevar a su debilitamiento definitivo en un país con una minúscula tasa de afiliación, en torno al 10 %.  Igualmente continuar PSF y CGT su pulso actual puede resultar desastroso para ambos y para la izquierda en su conjunto.

No sería la primera vez ni la última que una confrontación fratricida como esta termina con un largo periodo de gobierno de la derecha, o lo que aún sería mucho más grave, abriendo la puerta a un histórico triunfo de la extrema derecha de Marine Le Pen cuya fortaleza electoral se está sustentando en los desencantados de los lugares más marginales de la clase obrera.

Parece en los últimos días que el incendio va adquiriendo menos virulencia, aunque no se puede confiar el Gobierno Valls, quizás lo más inteligente sería recuperar el diálogo con Martínez y buscar una salida consensuada a este callejón sin salida en el que se encuentran Lo contrario puede ser letal para ambos y para sus respectivas organizaciones.

Éste es el momento para intentar apagar este incendia, especialmente ante el inicio de un evento como la Copa de Europa de Selecciones que va a situar a Francia en el foco informativo europeo y mundial.

Veremos si existe cintura y humildad suficiente para lograrlo o si por el contrario anteponen sus egos personales a lo que PSF, CGT, la izquierda y Francia en general necesitan. Veremos.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)

Villava-Atarrabia 6 Junio 2016




martes, junio 7

Iglesias Vs Ribera, comienza el espectáculo


Artículo publicado en PUBLICOSCOPIA y Gara el 7 Junio 2016

Aunque lo normal sería decir que continúa el espectáculo después de más de un año de agotadora, intelectualmente hablando, campaña electoral, o quizás de historia interminable.

El debate del pasado sábado en el programa Salvados entre dos de las “jóvenes promesas” de la política española defraudó a muchos, entusiasmó a los incondicionales, pero dejó indiferentes a la mayoría de los espectadores que tuvieron el valor de visionarlo, hartos ya de tanto esperpento.

Pero la curiosidad pudo con la decepción reconociendo el gran trabajo que está haciendo Jordi Ébole tanto en temas sociales como políticos. No fue culpa suya el lamentable espectáculo que se dio, él estuvo perfecto en su papel de sacar las vergüenzas que ambos tienen, desde el papel de políticos espectáculo hasta las contradicciones del primero que mientras condena Arabia Saudí su líder en Cádiz apoya la fabricación de fragatas para este país, o el silencio cómplice de Rivera sobre lo que está ocurriendo con los refugiados mientras asegura que Venezuela está en situación de emergencia social.

Visitar ese país el mismo día que la policía griega desalojaba el campo de Idomeni sin merecer un solo comentario suyo refleja perfectamente su hipocresía.

El papel de ambos, los rifi rafes descalificatorios, el que apenas se apuntaran ideas, propuestas, líneas ideológicas, indica claramente el pobre nivel de los políticos actuales. Los de los partidos de antes y los que se denominan novedosos. En ese debate quedó claro que la política más rancia habita también entre los recién llegados.

Ha sido el preludio de lo que viene, un final de la larga campaña electoral que va a resultar insoportable para quien exija un mínimo de rigor a los políticos que nos toca sufrir.

Por una parte el actual Presidente del Gobierno y probable ganador seguirá con su posición inamovible a la gallega, esperando como parece probable ver pasar, desfilar, el cadáver de su enemigo por delante de la Moncloa. Pedro Sánchez a la defensiva intentando no perder demasiado y que los Bruto y Casio que esperan agazapados a las vuelta de ese 26-J no puedan clavarle su afilados cuchillos, Pablo Iglesias intentando que le toque el segundo premio de la lotería consiguiendo el “sorpasso” aunque sea a costa de destrozar la izquierda y Albert Rivera buscando minimizar la pérdida tenida el pasado 20-D. Todo ello después de haber tomado el pelo a la ciudadanía durante más de seis meses.

Nada nuevo en el horizonte. Es probable que los resultados se parezcan mucho a los anteriores y sólo dos posibilidades pueden suscitar alguna emoción: que el PP y Ciudadanos sean capaces de sumar lo suficiente para juntos montar gobierno, o que la izquierda consiga conservar e incluso incrementar sus resultados siempre con el PSOE por delante, única manera de que haya una mínima posibilidad de cambio.

A nadie se le oculta que si Podemos supera al PSOE la posibilidad del mismo sería sencillamente imposible. A Sánchez jamás le permitirían apoyar un gobierno presidido por Iglesias. Incluso si ocurre lo contrario debería hacer un movimiento audaz la misma noche de las elecciones comprometiéndose a ello y así dejar en fuera de juego a Susana Díaz, Felipe González, el IBEX 35, Cebrían y compañía.

Es de temer pues una campaña sucia, pobre en argumentos, en la que lo peor de la política campe a sus anchas por nuestro país.

Mientras tanto miles de ciudadanos y ciudadanas sufren las consecuencias de una crisis que no termina nunca, la sanidad, la educación, los servicios sociales se desangran, las tensiones centro-periferia continúan sin resolverse y la muerte y la desolación planean por el Mediterráneo.

Vivimos y viviremos malos tiempos para la lírica…lamentable.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Afiliado al PSC viviendo en Navarra)


Villava-Atarrabia 6 Junio 2016