sábado, febrero 13

Las tribus


Hoy en día la sociedad se divide en izquierda y derecha, del Madrid o del Barsa, o mejor decirlo con el anti delante, en definitiva en tribus, o perteneces a una o a la contraria, no a otra, no, sino a la contraria a la antagonista. La pertenencia a la tribu marca, te protege, te da apoyos que de otra manera no tendrías. Hoy se lleva no ya lo de los míos, sino lo de los míos, míos.

Pero no pertenecer a ninguna, ser partidario de los puentes, del entendimiento, del dialogo incluso entre muy diferentes, eso amigas y amigos te sitúa en un terreno peligroso, una zona de nadie expuesto a los disparos de ambos contendientes.

Esa sensación tengo últimamente. Nunca me he encontrado a gusto entre el rebaño, en la tribu, siempre me ha gustado ir por libre, de pensamiento, palabra, opinión y acción. No ser disciplinado, o mejor dicho ser indisciplinado, no obedecer consignas de los jefes de la tribu correspondiente que no comparta, pertenecer a esa rara especie en vías de extinción de los librepensadores, libreescritores, libreactuadores (perdonar los palabros que me consta no figuran en el diccionario de la RAE), molestos, mal mirados por la masa, marginados y machacados.

No pertenecer a la tribu de los nacionalistas vascos ni a la de los españoles, ni en Navarra estar a favor o en contra del cuatripartito, te permite repartir estopa a ambos y por lo tanto gozar del su repudio y rechazo. Tampoco soy un recalcitrante defensor del euskera ni un detractor irracional de un idioma que respeto. No creo en la independencia pero respeto a quien sí lo hace y defiendo su derecho a expresarlo y a votarlo. Pero lo peor es que desprecio profundamente a los pertenecientes a las diferentes tribus sean del tipo que sean y lo que es más grave ese desprecio se me nota, se me nota mucho.

No soporto a los sectarios, ni a los mediocres lameculos disciplinados del orden establecido, ni a los sumisos, ni a los que comulgan cada día con ruedas de molino. No puedo tragar a quienes no tienen un pensamiento crítico capaz de darle al contrario pero también al tuyo si consideras lo está haciendo mal.

Me salgo de la norma, no estoy etiquetado, los que debieran ser mío no me aceptan así y los otros aún menos salvo que me consideren en un momento dado un “tonto útil” que de todo hay en la viña del señor.

La última experiencia negativa la he tenido en una nueva televisión surgida al calor del cambio en Navarra, que como todo lo nuevo ahora nacía como algo que rompía los moldes clásicos, que se acomoda a los clichés del régimen anterior. El peligro de lo nuevo es que acabe imitando lo peor de lo antiguo y se convierta en otro régimen pero al revés, porque hasta ahora sólo me había encontrado este comportamiento en el otro extremo, el Diario de Navarra, curioso................

Reconozco que el tiempo que me han aguantado he estado a gusto, aunque había algo que me decía que todo lo nuevo rápidamente copia los peores vicios de lo clásico y así ha sido. Al final desean voces ordenadas, ortodoxos de cada tribu, que diferencien muy bien su pertenencia a las mismas y se comporten y confronten unidireccionalmente. No valen quienes den estopa a un lado y a otro en función de errores, aciertos, o diferencias, no, no se puede ser heterodoxo porque te cuesta la silla en el grupo, en la tertulia. Eso sí, de manera poco educada (sí en las formas pero no en el fondo), o al menos poco argumentada.

Qué decepción, lo nuevo es exactamente igual a lo antiguo pero al revés. Se desean sociatas pero de los de verdad, de los que marcan su pertenencia a esa tribu, o de UPN, o PP, o nacionalistas de uno u otro color, pero clásicos. Una persona confusa que es sociata pero en ciertos temas entiende a los otros, no, eso confunde al personal, no va en el espíritu de la cadena.

Uffff, qué mal, bueno ha sido una experiencia aunque al final negativa, he conocido gente fantástica,  profesional como la copa de un pino, la periodista que moderaba de manera impecable los debates a la que agradezco su paciencia con un rara avis, la secretaria que me conectaba, las maquilladoras, los técnicos…..Sólo una persona se ha salido de este guión y la mala suerte, para mí, ha hecho que sea el que manda. 

Una pena, me da pena, porque creo que daba juego, que la sociedad del cambio necesita también voces así, verbos diferentes a lo establecido en cada caso, pero bueno…la vida sigue, eso sí continúo por mi camino alejado de las tribus, libre, feliz.





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