miércoles, enero 21

A veces me pregunto



Como el cantor a veces me pregunto por la perversidad de ciertas personas que generalmente suelen ser profundamente mediocres a pesar de las apariencias.

A veces me pregunto cómo gentes que admiras y respetas se pueden transformar perdiendo su principios.

A veces me pregunto cómo esas personas son capaces de traicionar esos principios a las gentes que les rodean.

A veces me pregunto  qué mecanismos influyen en esas profundas transformaciones.

A veces me pregunto si esas 30 monedas realmente les merecen la pena. 


Los traidores serán traicionados. De una u otra manera la mayoría hemos visto alguna película donde los traidores son ejecutados después de haber consumado su traición, precisamente a manos de aquellos a quienes se habían vendido.

Judas Iscariote tal vez sea el más famoso de los traidores de la historia por delatar a Cristo a cambio de las famosas 30 monedas de plata. Junto con el asesinato de César suponen los ejemplos más siniestros de traición. 

La traición –decía Maquiavelo- es el único acto que los humanos no justifican jamás, todo lo demás puede ser perdonado y explicado según las circunstancias en cambio los únicos seres que merecían las torturas del infierno han sido los traidores sin nada que pudiera excusarles.

La traición es el acto más despreciable, ruin, vergonzoso que el ser humano puede cometer contra otro u otros.

Hay actos de traición por los que a menudo los traicionados pagan un alto precio. Cuando lo comete alguien que por su relevancia o ascendencia de él depende un grupo o proyecto los efectos pueden ser devastadores, destructivos, por unas míseras 30 monedas de plata o por alcanzar un mejor estatus dentro de su ámbito social, político, o una posición de mayor poder y control.

Según cuenta la historia Judas cuando comprendió la gravedad de su acción quiso devolver sus monedas a los sacerdotes pero viendo que ya no era posible, que su acto no tenía vuelta atrás corrió a quitarse la vida ahorcándose. Al menos tuvo algo de honor para ser capaz de imponerse a sí mismo el castigo que merecía.

Hoy en día el honor es como las especies en vías de extinción, al igual que la solidaridad, o la ética, especialmente a nivel político. Todos vemos que sinvergüenzas que traicionan a su gente salen sonrientes de esas situaciones incluso sin pagar por sus deleznables actos. Además son aplaudidos por una cohorte de borregos que les siguen ciegamente jaleando sus peores acciones y fechorías.

Produce una gran pena y al mismo tiempo un profundo desprecio que estas destructivas personas puedan salirse con la suya, aunque más pronto que tarde el peso de una justicia natural acabe cayendo implacable sobre ellos.

Sigamos al menos por éste largo y curvo camino con honestidad y dignidad, porque eso permite estar conforme con nuestras conciencias y dejemos a los Judas recorrer el suyo de vergüenza y deshonor.




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