jueves, mayo 30

Recomendaciones del Foro social para impulsar el proceso de paz

 
 
Participé en estos foros impulsado por Lokarri, lo hice por coincidir con sus planteamientos básicos y coincido con una parte importante de sus conclusiones, especialmente la recomendación del diálogo y la reconciliación. Lo llevo defendiendo hace muchos años y seguiré aportando mi grano de arena para que la paz sea definitiva.
 
Tras la celebración del Foro Social para impulsar el proceso de paz el pasado 14 y 15 de marzo, las entidades organizadoras, una vez escuchadas las opiniones de los expertos internacionales y analizadas las aportaciones ciudadanas recibidas, queremos proponer las siguientes recomendaciones para impulsar el proceso de paz:
a) Alcanzar consensos básicos para abordar los principales retos del proceso de paz
1.- Recomendamos promover un ejercicio de diálogo y reconciliación que establezca unas sólidas bases para la convivencia futura por medio de una amplia y activa participación de las instituciones, partidos políticos y sociedad civil. Especialmente, recomendamos que trabajen para lograr consensos que contribuyan a abordar los principales retos del proceso de paz: desarme y desmantelamiento de estructuras militares de ETA, reintegración de las personas presas y huidas, garantía de los Derechos Humanos, así como afrontar todo lo sucedido y establecer las bases de la convivencia en el futuro.
b) Diseñar, desarrollar y culminar un proceso de desmantelamiento y desarme
2.- Con el objetivo de garantizar la seguridad a toda la ciudadanía, y como parte esencial del proceso de paz, recomendamos el diseño de un proceso controlado, ordenado y consensuado que culmine con el desmantelamiento de armas y estructuras militares de ETA.
 
3.- Recomendamos que este proceso, a desarrollar en un tiempo prudencial, cuente desde sus inicios con la intervención y colaboración de organismos facilitadores independientes que den seguridad de lo realizado tanto a los Estados y sus instituciones como a la sociedad en general.
 
 
c) Facilitar la integración de las personas presas y huidas
4.- Recomendamos un consenso sobre una solución integral a la cuestión de las personas presas y huidas. Se trata de un elemento esencial para construir una convivencia estable y duradera. Para ello, consideramos que es necesario adecuar la legalidad a la realidad y aplicar una justicia de carácter transicional, ayudando a la sociedad a consolidar la convivencia. Al mismo tiempo, como punto de partida, deben modificarse aspectos de la política penitenciaria que contravienen los derechos humanos o que van contra el tratamiento humanitario de las personas presas, eliminando medidas excepcionales contrarias a los estándares internacionales. En particular la situación de las que se encuentran gravemente enfermas, la negativa a conceder la libertad a aquellas que han cumplido su condena y terminando con la dispersión, que penaliza a sus familias.
 
5.- Recomendamos que el proceso de reintegración se realice por medio de cauces legales, aceptando que el mismo, siendo integral, se debe desarrollar de forma individualizada, escalonada, y en tiempo prudencial. Este proceso requiere por parte de los presos mostrar su compromiso con el nuevo escenario de paz y renunciar a vías violentas. Además, en su caso, debe haber por su parte un reconocimiento del daño causado como consecuencia de su actuación.

6.- Recomendamos que los presos sean actores activos en el desarrollo del proceso de paz y normalización. Por ello es importante facilitar la relación y el intercambio de opiniones entre las personas presas, la ciudadanía vasca e instituciones competentes, con el objetivo de promover una convivencia para el futuro en el que ningún tipo de violencia tenga lugar.
 
7.- Recomendamos estudiar la situación de las personas huidas explorando vías para su integración en la sociedad, dando una solución a las mismas.
 
 
e) Promover y garantizar los derechos Humanos
8.- Recomendamos que se implementen las reformas legislativas necesarias para asegurar que los Derechos Humanos y libertades democráticas estén plenamente garantizados, configurando los mecanismos necesarios para ello. Como primer paso, una entidad independiente debe evaluar la situación de los Derechos Humanos.
 
9.- Recomendamos que se fije el principio de que no puede haber lugar para la impunidad. Además de no tener encaje en el ordenamiento jurídico internacional, iría en contra de los principios de verdad, justicia y reparación y de los derechos de las víctimas. Ahora bien, los estándares internacionales sí permiten que la aplicación de la justicia tenga en cuenta el contexto de un proceso de paz.
 
10.- Recomendamos redimensionar el número y la función de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para adaptarlos a la realidad. Así mismo se deben reforzar los mecanismos de control de las fuerzas y cuerpos de seguridad por parte de las instituciones y la sociedad civil.
 
 
f) Preservar la verdad y la memoria para afrontar el pasado con honestidad y establecer las bases para la convivencia futura
11.- Recomendamos que las instituciones promuevan un proceso amplio de verdad, justicia y reconciliación de carácter integral y que abarque al conjunto de la sociedad. El objetivo es crear los mimbres para la convivencia futura desde el respeto a todos los Derechos Humanos fundamentales. Con este fin es necesario abordar lo acontecido y sus causas y reconocer y reparar al conjunto de víctimas y reconocer todo el daño causado. Así mismo, entendemos que un mecanismo para la Verdad y la Reconciliación, promovido o apoyado por las instituciones e independiente, y donde el protagonismo sea de la sociedad civil, es un instrumento útil para afrontar todo ello.
 
12.- Recomendamos que se faciliten diversas maneras de narrar y recordar, sin negar lo acontecido, fomentando la autocrítica en todos los sectores sociales y políticos y los ejercicios honestos de reconocimiento de los graves errores cometidos. En este sentido, es necesario elaborar una base de datos oficial, pública y completa de todas las víctimas y vulneraciones de derechos humanos, para preservar la memoria de lo sucedido antes de que se pierda o se vuelva borrosa.
Finalmente consideramos que todas las actuaciones recogidas en este documento han de ser compatibles con el respeto a los derechos de verdad, justicia y reparación que asisten a todas las víctimas.

lunes, mayo 27

PSOE: la hora de la verdad

Artículo publicado en DEIA el 27 Mayo 2013
“Vivimos malos tiempos para la lírica”, es una frase que suele resonar a menudo en los últimos años a la hora de analizar, de expresar metafóricamente hablando la situación económica, social, política por la que estamos atravesando. Una frase que intenta reflejar la profunda crisis, no solo económica, también, o quizás especialmente, de valores, de principios en la que estamos inmersos.

El sistema del que nos habíamos dotado en los últimos decenios se desmorona, un sistema que en lo político se basaba en la primacía de los partidos que a través de la soberanía popular expresada en las sucesivas elecciones dirigían, coordinaban las diferentes instituciones: ayuntamientos, diputaciones, parlamentos autonómicos, Congreso y Senado, incluso el poder judicial, dotándoles de un poder casi absoluto.

La aparición en los últimos años de numerosos casos de corrupción en las diferentes instituciones en los que se han visto involucrados especialmente los partidos mayoritarios, PP y PSOE, han conseguido el alejamiento y recelo de la ciudadanía que se reflejan en las sucesivas encuestas del CIS, considerándoles uno de sus problemas fundamentales.

Esa corrupción en sus diferentes formas y procedimientos, crispa los ánimos de los ciudadanos, que perciben en los partidos políticos una vocación enfermiza por ocupar parcelas de poder, para utilizarlo en la búsqueda de un beneficio personal o colectivo al margen de los intereses generales de la sociedad. Éstos se muestran como estructuras de poder inaccesibles, como castas incontrolables, como máquinas de influencia que tienen sus propios códigos de conducta, comunicación y pacto, que engañan y ocultan la realidad con el único fin de mantenerse en el poder al precio que sea.

Esta situación abre una serie de interrogantes que conviene contestar y corregir antes de que la ciudadanía vuelva su vista hacia alternativas menos deseables y peligrosas: ¿Podemos afirmar que la estructura interna de los partidos políticos en España y su funcionamiento son democráticos como establece el referido texto fundamental? ¿Podemos sostener que la transparencia en su gestión y el control interno de sus representantes en las instituciones resulta satisfactorio, eficaz y suficiente? ¿De verdad que nuestros partidos "son instrumento fundamental para la participación política"?
 

Pocos ciudadanos contestarán afirmativamente a estas elementales preguntas lo que debiera preocupar y mucho a sus dirigentes. Especialmente a la izquierda y más concretamente a un PSOE cada vez más a la baja y que en los próximos meses se va a introducir en un periodo convulso que debiera acabar con un nuevo liderazgo y una transformación profunda de sus estructuras internas, adaptándolas a las demandas sociales.

Es un momento en el que surgen nombres para suceder a un Alfredo Pérez Rubalcaba absolutamente amortizado: Eduardo Madina, Patxi López, Carme Chacón, incluso uno de los pocos valores que en su seno aún conserva prestigio social: Odón Elorza. Los tres primero considerados como integrantes de las estructuras de poder actuales y pasadas y solo el último con un historial alejado de ellas, tres ortodoxos y solo un heterodoxo.

Pero se volverá a cometer el mismo error del pasado reciente si ese debate se establece solo en términos de nombres, porque lo que realmente está demandando la ciudadanía al responder afirmativamente a las tres preguntas anteriores es un cambio estratégico en sus estructuras internas, una especie de refundación ordenada del PSOE.

Solo tendrá eco social aquel de entre los que se postulen que recoja el guante lanzado sobre este tema y tendrá alguna posibilidad de liderar el futuro de nuestro país con garantía de éxito. Solo aquel que favorezca el pluralismo político e ideológico, que potencie los hábitos democráticos rompiendo con la falacia de que cualquier debate ideológico interno implica inestabilidad y que tal situación "es castigada por los electores o que cualquier crítica o disidencia hacia la cúpula del partido se presenta como una "deslealtad".

Aquel que no defienda que "Los trapos sucios se lavan en casa, en el interior”. Porque el primer compromiso que tienen los responsables políticos es con los ciudadanos y no cumplen con su obligación si ocultan su opinión sobre asuntos públicos o conductas irregulares "para proteger al partido". Tal comportamiento tiene que ver más con residuos del estalinismo que con la vida democrática en una sociedad plural.
 

Solo aquel que elimine el sistema piramidal y oligárquico actual que se mantiene verticalmente y que reproduce otras cúpulas pequeñas, u oligarquías locales y regionales, que le deben su poder al vértice del partido y dependen de una complicidad política mutua. Ese sistema en el que la aparición del nepotismo y de las redes clientelares internas y externas del partido constituyen un auténtico "aparato de poder" que resulta imbatible. 

Por eso es fundamental que la elección del futuro líder no sea a través de unas primarias “trucadas” solo con la participación de los afiliados, sino a la francesa abierta al resto de la sociedad. También en este tema se deberán manifestar cada uno de los candidatos.

Comienza pues un momento apasionante y decisivo no solo para el futuro del PSOE, sino también para el de la izquierda.

En un momento de desencanto y desidia, donde los ciudadanos dan la espalda a los partidos políticos y la izquierda se encuentra derrotada, a la deriva, en debandada, sería vital que ese nuevo líder además de aceptar los principios antes enunciados se mostrara favorable al reencuentro de las diferentes izquierdas reconduciendo al PSOE por la senda abandonada de la propia izquierda, al reconocimiento de la pluralidad de nuestro país, incluyendo el derecho a decidir de sus diferentes nacionalidades, que fuera capaz de confrontarse con valentía a los poderes fácticos, financieros, económicos, religiosos, que escapara el control de ciertos medios de comunicación siendo absolutamente independiente, que apostara con valentía y generosidad por consolidar definitivamente la paz.

Alguien diferente a lo que conocemos, que fuera capaz de hacer recuperar la confianza y la ilusión a su base social. Valiente, libre, audaz incluso, heterodoxo, imaginativo, demócrata hasta sus últimas consecuencias, capaz de consensuar, de buscar puntos de encuentro, de síntesis. 
 

De entre los postulados hasta el momento solo uno de ellos ha defendido estas ideas en el pasado y en el presente: Odón Elorza, sería pues el más conveniente pero también el que a priori tiene menos posibilidades por no tener ningún acceso al aparato del partido y ser visto con recelo e incluso con animadversión por la mayor parte de quienes ahora lo conforman. Potenciador del “Foro ético” nutrido con los sectores más a la izquierda del socialismo que ha plasmado negro sobre blanco estas y otras cuestiones, solo tendría alguna posibilidad de triunfar con una elección a la “francesa”. Quizás pueda ser el Francois Hollande que necesitamos.

Veremos qué acontecimientos se van dando, pero lo que sí resulta evidente es que el PSOE en particular y la izquierda en general se encuentran en estos momentos en la hora de la verdad. O se adapta a las demandas sociales o tiene muchas posibilidades de desaparecer.

sábado, mayo 18

Es imprescindible una revolución interna en los partidos políticos


En los últimos tiempos, quizás porque mi “tema” dentro del PSOE me ha hecho estar más atento a estas cuestiones, he tenido conocimiento de numerosos casos de respuestas pura y duramente disciplinarias a lo que debiera ser exclusivamente un debate político claro y transparente.
Siempre he denunciado la situación en el interior de los partidos políticos  -de todos ellos-  en lo que se refiere a la falta de democracia interna. Nacieron en el siglo XIX y prácticamente no ha evolucionado nada en esta cuestión. Se han convertido en una maquinaria electoral desideologizada en la que prima exclusivamente la disciplina -sumisión en mi opinión-, cercenando cualquier debate, cualquier disidencia que pueda suponer un peligro para las élites que los dirigen, aunque generalmente la disfracen con el ropaje de que eso debilita al partido y es castigado electoralmente por la sociedad.  
Es probable que esto último sea cierto, ya que la sociedad actual aunque siga considerando a los políticos como uno de sus mayores problemas, castiga cuando en el interior se manifiestan riquezas ideológicas, debates enriquecedores. Esa contradicción es utilizada por sus dirigentes para cortar de raíz cualquier disidencia, cualquier discrepancia con el poder establecido, utilizando un instrumento cruel y deleznable que se conoce como “medidas disciplinarias”. Al principio como amenaza y a la larga con su aplicación estricta.

Por eso en los Estatutos que rigen su vida interna y externa, el apartado disciplinario es el más extenso. En lo que conozco tengo la sensación que todos ellos son claramente inconstitucionales, infringiendo muchos de los derechos básicos contemplados en nuestra Constitución.

Lo normal debiera ser que un afiliado tuviera los mismos derechos como ciudadano que como militante, y que las normas básicas que rigen la vida fuera de los partidos fueran de aplicación también dentro.

Lamentablemente eso no es así, y por eso en los últimos tiempos conflictos que debieran ser solucionados en clave interna trascienden al ámbito judicial. Qué mal está esto cuando ocurre una circunstancia así.



Los ciudadanos perciben en los partidos políticos una vocación enfermiza por ocupar parcelas de poder para utilizarlo en la búsqueda de un beneficio personal o colectivo al margen de los intereses generales de la sociedad. Se muestran como estructuras de poder inaccesibles, como castas incontrolables por los ciudadanos, como máquinas de influencia que tienen sus propios códigos de conducta, comunicación y pacto, y que engañan y ocultan la realidad con el único fin de mantenerse en el poder al precio que sea.

¿Podemos afirmar que la estructura interna de los partidos políticos en España y su funcionamiento son democráticos como establece el referido texto fundamental? ¿Podemos sostener que la transparencia en su gestión y el control interno de sus representantes en las instituciones resulta satisfactorio, eficaz y suficiente? ¿De verdad que nuestros partidos "son instrumento fundamental para la participación política"?

Lamentablemente pocos ciudadanos se pronunciarían en sentido afirmativo a las tres preguntas. Lo cierto es que sufrimos un sistema de partidos que arrastra varios traumas no resueltos desde el inicio de la transición democrática. Uno de ellos se refiere a la ausencia de imprescindible pluralismo político e ideológico en la vida interna de las organizaciones. Por la forma de producirse nuestra transición y por la falta de hábitos democráticos durante el franquismo, se impuso la idea de que cualquier debate ideológico interno implica inestabilidad y que tal situación "es castigada por los electores".

A diferencia del resto de los países europeos, entre nosotros, cualquier crítica o disidencia hacia la cúpula del partido se presenta como una "deslealtad". Los partidos no pueden ser cuarteles con mentalidad militar en aras a un bien superior que define el aparato burocrático correspondiente. "Los trapos sucios se lavan en casa, en el interior", claman algunos. Falso. El primer compromiso que tienen los responsables políticos es con los ciudadanos y no cumplen con su obligación si ocultan su opinión sobre asuntos públicos o conductas irregulares "para proteger al partido". Tal comportamiento tiene que ver más con residuos del estalinismo que con la vida democrática en una sociedad plural.
Desde tal concepción, la mayoría de nuestros partidos políticos han generado unas tramas de poder interno y externo que, en la práctica huyen de cualquier control.

Quizás sea este el momento, aunque sólo fuera para recuperar la confianza perdida en el seno de nuestra sociedad, de poner fin a esta situación y emprender una profunda transformación de los Partidos Políticos en nuestro país. Quizás el primero que tenga el valor de hacerlo acabe teniendo un plus electoral inesperado.


Conseguir que dejen de ser una maquinaria al servicio de sus dirigentes, una fuente de empleo que genera dependencia a quien tiene el poder de repartirlo, que conviertan sus paredes de acero en cristales transparentes, con una mayor democracia interna, fomentando la libertad de expresión, debates activos, rotación constante en su dirección, incompatibilidad de cargos, límite de mandatos, listas electorales abiertas, etc, etc. Que se conviertan realmente en instrumentos al servicio de la sociedad, en los que cualquier cargo suponga un esfuerzo y no una prebenda.

Abrir ese debate, dentro y fuera de los mismos, al menos en los de izquierdas como el propio PSOE, con valentía, imaginación y audacia. Partiendo de una base fundamental: que todas las actuaciones disciplinarias abiertas queden en suspenso. Una especie de amnistía política que permita participar en el mismo a todas aquellas personas que tienen algo que aportar. Porque son precisamente éstas, las que han tenido el valor de enfrentarse a los “aparatos”, las que tienen una mayor capacidad intelectual y por eso están en esa situación. Probablemente lo más valioso de cada partido haya estado o esté bajo el peso de esa terrible disciplina interna.
Somos más quienes estamos a favor de esa profunda reforma. Los que apostamos porque el aire fresco inunde sus salas y despachos, que sean los más valiosos, quienes más valía intelectual e ideológica tengan y no los más serviles, lameculos, burócratas vulgares, los que dirijan estas naves. Somos más quienes desde la base -porque la base es inmensamente mayor que las cúpulas dirigentes- estamos exigiendo esos cambios, y quizás sea bueno y saludable que una profunda revolución interna acabe con el sistema actual.

Nuestros partidos funcionan a través de un sistema piramidal y oligárquico que se reproduce verticalmente y que reproduce otras cúpulas pequeñas, u oligarquías locales y regionales, que le deben su poder al vértice del partido y dependen de una complicidad política mutua. Es un sistema en el que la aparición del nepotismo y de las redes clientelares internas y externas del partido constituyen un auténtico "aparato de poder" que resulta imbatible.



Desde un poder local o regional se distribuyen los cargos públicos a personas de estricta confianza, y, a su vez, tales personas influyen y controlan la vida interna del partido para que no cambie la correlación de fuerzas interna. El pluralismo, la transparencia y el control interno de la gestión desaparecen como por ensalmo, lo que explica la sorpresa que suscita, en ocasiones, la aparición de prácticas corruptas o abusos de poder insoportables. Si además se exige silencio y aparece la figura de la "omertá" para mantener el poder y el respeto a los pactos clientelares, la democracia resultará derrotada, se convertirá en simple hojalata mientras las burocracias fortalecerán su resistencia al control. Éste es el debate

 

jueves, mayo 16

"Agenda propia que active la Regeneración Democrática"


Propuesta remitida el 7 de mayo a la dirección del GPS del PSOE para dotarnos de una "Agenda propia que active la Regeneración Democrática" realizada por el "FORO ÉTICO".

La propuesta de dotarnos en el PSOE de una "Agenda propia sobre la Regeneración Democrática" pendiente permitiría al Partido Socialista adoptar una posición más proactiva para avanzar en la regeneracion de la vida política y en la lucha eficaz contra la corrupción.

La importancia de la puesta en marcha de esta Agenda guarda relación con la idea extendida entre la opinión pública de que el proceso de regeneracion está parado, de que el Gobierno y el Parlamento no hacen nada ante la no aprobación y aplicación de medidas prácticas y cambios normativos que permitan acabar con la corrupcion y un mayor control y transparencia en el funcionamiento del sistema político.

"La corrupción es un veneno para la democracia" -decía Alfredo P. Rubalcaba en su intervención en el Pleno sobre el estado de la nación-  "... pone en cuestión a los poderes y administraciones públicas, lesiona el funcionamiento normal de los servicios y daña a los intereses generales al perjudicar a la Hacienda Pública".

Pero, muy especialmente, la corrupción provoca la desafección ciudadana hacia la política, el desprestigio de la política y de los políticos y deteriora profundamente la confianza de la ciudadanía en la democracia y en sus instituciones. Sobre todo cuando en plena crisis la corrupción es noticia permanente en una realidad cotidiana caracterizada por una situación de sufrimiento y miedo al futuro para millones de familias por el  desempleo masivo y el aumento de la desigualdad social.

Para el PSOE "la lucha contra la corrupción debe ser un compromiso colectivo en el que se impliquen todos los poderes públicos". Por tanto, el PSOE debe plantearse como un objetivo prioritario tanto la prevención de los comportamientos corruptos para impedir su comisión como la sanción de dichos comportamientos en el caso de que, pese a todo, se produzcan.

Pues bien, tras el debate en el Congreso sobre el estado de la nación, se aprobó el pasado 26 de febrero una Resolución con un conjunto de actuaciones propuestas por el PP y apoyada por otros Grupos. No así por el PSOE e IU que se abstuvieron. Con ella, se pretendía dar respuesta a las demandas urgentes de la sociedad española para abordar la regeneración de la política y mejorar la calidad de la democracia.

Sin embargo, esa Resolución no tiene un alcance suficiente para dar respuesta a todos los problemas detectados y a las carencias de la legislación. Tampoco se aprobaron  garantías y un sistema de seguimiento especial por parte de los Grupos Parlamentarios para asegurar que las medidas a desarrollar y las propuestas de reforma legislativa se plantearán por el Gobierno al Congreso con la celeridad exigible y con la profundidad necesaria.

Por eso puedo afirmar que podemos hacer mucho más y que cometeríamos un error si permaneciéramos a la espera dejando que el PP marcara los tiempos de este proceso regenerador y sus contenidos. Sería tanto como dar un cheque en blanco a un Gobierno que no cree en la lucha contra la corrupción y en la transpaencia porque está detrás de los casos Bárcenas y Gürtel entre otros.

No le podemos dar a este Gobierno que se burla del Parlamento gobernando a golpe de Decretos-Leyes e impidiendo Comisiones de Investigación, credibilidad en cuestiones tan sensibles para la democracia española. Y corresponde al Grupo Parlamentario Socialista, como primera fuerza política de la oposición, plantear iniciativas que demuestren que el Parlamento ni está muerto ni es ajeno a las reivindicaciones ciudadanas, realizar el control sobre el impulso comprometido por el Gobierno a los acuerdos aprobados por el Congreso y activar su ágil tramitación dentro de un calendario que debiera ser pactado.

Por otra parte, el PSOE ya recogió entre las resoluciones del último Congreso Federal y en el Programa Electoral del 20-N, diferentes propuestas y actuaciones en materia de regeneración del sistema democrático y recuperacion de la credibilidad para la política. Sin olvidar las iniciativas planteadas contra la corrupción por el propio Secretario General del PSOE en el referido debate plenario sobre el estado de la nación de este año.

De ahí nuestra propuesta a la dirección del Grupo Parlamentario Socialista que se dote de su propia "Agenda estratėgica para activar la Regeneración y la lucha contra la corrupción".

Con esta Agenda se han de perseguir, en definitiva, los siguientes objetivos:

1- Realizar un seguimiento, análisis y control diario de la política general del Gobierno de Rajoy en cuestiones relacionadas con la regeneración, calidad de la democracia y lucha contra la corrupción, creando para ello un grupo intensivo de trabajo y marcaje formado por diputados socialista, especialistas y asesores.

2- Impulsar de modo específico el cumplimiento de los compromisos acordados el pasado 26 de febrero por el Congreso en la Resolución sobre regeneración democrática, transparencia y corrupción como consecuencia del debate sobre el estado de la nación, así como preparar con antelación la respuesta del GPS a los trabajos derivados de dicha Resolución que debe presentar la Vicepresidenta del Gobierno ante las Comisiones del  Congreso y consistentes en propuestas de reformas legales para su debate y aprobación.

3- Preparar y presentar sin demora  un Manifiesto contra la corrupción desde nuestras posiciones-  que de forma a nuevas iniciativas del GPS en el Congreso para complementar las carencias de la Resolución del DEN-13 con el objetivo de afianzar las bases de una democracia ética, transparente y participativa que ayuden a recuperar la confianza de la ciudadanía en la política.