miércoles, octubre 9

Villava-Atarrabia: de perros, mala educación y/o tortura


Siempre me he manifestado en contra del maltrato animal, racional o irracional y de la tortura manifestada de cualquier forma posible. Hace unos años un informe de la ONU recogido por el Defensor del Pueblo de Navarra, señalaba el ruido como una forma de tortura que podía provocar secuelas físicas y psicológicas de largo alcance. Instaba a los poderes públicos a poner coto a esa práctica deleznable y de ahí que en Villava consensuamos una ordenanza contra el ruido, que se ha demostrado eficaz hasta los últimos tiempos.

También he defendido que cualquier idea puede ser defendida por vías democráticas y que solo se debe medir lo que cada partido haga por la eficacia de su gestión. Afortunadamente la historia y los votos han hecho que Bildu gobierne en Villava los últimos 28 meses, tiempo suficiente para demostrar su eficacia o ineficacia gobernando.

He pensado en titular esta reflexión como “Villava ciudad sin ley” pero me ha parecido excesivo y solo voy a centrarme en un fenómeno acrecentado en los últimos meses que creo merece alguna medida eficaz para evitarlo.

La proliferación de animales domésticos siempre me ha parecido un signo del terrible individualismo que nos invade, que la gente en lugar de comunicarse con el resto de los humanos decide hacerlo con animales que entre otras garantías tienen la de no discutir. Al menos no discutir con palabras, aunque si lo hacen con, en el caso de los perros, ladridos.
 

Cientos de perros inundan nuestras calles y mientras sus dueños recojan sus excrementos y controlen el ruido que producen no hay problema, éste surge cuando como en los últimos tiempos y sin ningún control del “poder establecido” se ha puesto de moda estar en los comercios, tomando algo en un bar o cafetería y dejar al perro atado a un árbol o señal de tráfico. El pobre animal al sentirse abandonado ladra por el sufrimiento al que se le castiga y ese castigo se traslada a los cientos de vecinos colindantes que sufren ese ladrido, alguno de intensidad extrema y producida a horas intempestivas. No lo hacen apenas unos minutos, no, sino que algún caso se demora durante horas, especialmente en la zona de Caprabo y aledaños.

Seguro que son gentes que alardean de estar en contra del maltrato a los animales, sin entender, sin ni siquiera pararse a pensar, que son precisamente ellas quienes la ejercen sobre sus mascotas (animales irracionales) y sobre el resto de ciudadanía (animales racionales) que sufre en silencio su mala educación. ¿Cómo es posible que no se den cuenta de esta canallada? ¿Mala educación y/o maltrato?

Pero lo más grave es que lo hacen con la absoluta impunidad, con la pasividad de quienes debieran estar pendientes de proteger el bienestar de la ciudadanía.

Lamentable, recriminable, denunciable ambas actitudes, por eso alzo mi voz alta y clara contra este despropósito esperando que, o bien haga reflexionar a quienes la provocan, o a quienes deben evitarla.

 

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