martes, marzo 26

Quique González

(Fotos de Helena Pérez del blog de Chema Doménech)



Vivimos malos tiempos para la lírica, el ruido externo, las corrupciones políticas, la situación dramática de millones de personas, la maldad de los mercados, la crueldad de quienes están en el poder, nos impide dirigir nuestras miradas hacia las componentes culturales en sus diferentes acepciones, música, poesía, literatura, cine, pintura….

Últimamente he vuelto a encontrarme con un  viejo amigo: Quique González, un roquero con alma de poeta cuya música me hace recuperar mi confianza en este puto mundo.

Conocí a Quique González a través de la gira que Los Secretos, ese grupo indispensable a la hora de analizar la música pop española de los últimos tiempos, hizo en homenaje al malogrado Enrique Urquijo.

Siempre he sido admirador de los hermanos Urquijo y eso me hizo seguir esa gira que tuvimos el placer de contemplar en Villava-Atarrabia. Durante ese seguimiento descubrí que una de los temas que Enrique cantaba en un espléndido disco que sacó al margen de la banda, era de Quique, la fantástica “Aunque tú no lo sepas”, una canción llena de ternura y sensibilidad.

 


Cuando uno escucha una canción que te llega tan dentro, que te hace despertar los sentimientos que una sociedad oscura e insensible te van desgastando, siempre te surge la necesidad de conocer algo más A quién ha sido capaz de componerla. Vivimos malos tiempos para que la sensibilidad se traslade a cualquier cosa que hagas en la vida, sea a través de la escritura, la música, o por qué no, la política. La capacidad para sentir, para estremecerte ante un atardecer o una canción se interpreta como un gesto de debilidad. Vivimos en una época que sólo se valora la fortaleza, la contundencia, la intransigencia, la rigidez que produce la insensibilidad, y esteriliza los sentimientos.

Por eso encontrar gente como Quique González es como un oasis en medio del seco y terrible desierto. Sus canciones nos devuelven al pasado, a los años románticos rodeados de idealismo, de batallas por lo imposible, de la utopía. Te ponen la carne de gallina, te invitan a vivir como antes, a vestirte de Don Quijote en busca de los molinos de viento, para luchar contra los canallas que dominan nuestro mundo.

Como no podía ser menos detrás de un cantautor que es capaz de componer canciones como “La ciudad del viento”, “Salitre 48”, “Estación de servicio” o “Reloj de plata”, por citar algunas de las que llenan de belleza sus discos, tiene que haber una gran persona, pensaba al escuchar su música. Y acerté.

Lo conocí personalmente cuando tuvimos la suerte de traerlo a nuestro pueblo. Fue un concierto que como algún crítico local tituló en su crónica “para no olvidar”. Dos horas y media de música en estado puro, sin trucos, sin engaños. Algo raro en esta época en la que la música basura nos inunda.


A través de las breves charlas que mantuve con él, conocí que había roto con la multinacional que editaba sus discos, porque quería crear con libertad, y hoy en día las multinacionales de la música son mafias que lo que menos les preocupa es la calidad del producto. Se había metido en un proyecto que denominaba “peleando a la contra” según la obra de Bukowski. Había escrito una especie de declaración de intenciones con el mismo título que leí con atención. Debo reconocer que me impresionó, y también que me recordó a cómo era yo en 1968.

Quiero recoger como homenaje el comienzo de ese escrito. “En un artículo sobre Luis Cernuda, el poeta granadino Luis García Montero venía a decir que en un mundo en el que todo es fácilmente homologable, incluso las personas somos susceptibles de ser carne de hipermercado, así que es muy importante que predomine la conciencia individual sobre el pensamiento globalizador. En estos días, tratar de seguir tu propio camino, de ser coherente con tus convicciones, se convierte precisamente en la única manera de actuar en el mundo…”.

¿0s suena? A mi desde luego sí.

Es reconfortante, saludable conocer a gente que le importa más la música que el dinero, que es capaz de romper con todo lo que le puede suponer fama y grandes ventas a cambio de mantener su libertad, su honestidad. No abundan ni en el mundo de la música ni en otros campos de la vida que conozco más directamente.

He vuelto a hablar con él varias veces, y lo que quiero trasladarle es: sigue así chaval, no cambies a pesar de las presiones que vas a sufrir. Aunque entiendo que dar consejos es muy fácil, lo difícil es sobrevivir en la sociedad actual con esa manera de pensar y sobre todo de actuar.

Saber que aún existen jóvenes que siguen peleando de esta forma, con sensibilidad, desde la honestidad, la sinceridad, sin violencia sea esta física, verbal o psicológica, reconforta. Vuelves a confiar en que esta sociedad aún se puede salvar con gente así. Sirvan por ello estas líneas como mi homenaje y reconocimiento a todos los Quiques González que luchan contra corriente, pelean a la contra, en una sociedad aborregada en la que no se consiente al diferente, al rebelde, al revolucionario, lo sea en cualquier campo de la vida.


Ahora ha sacado un nuevo disco: “Delantera mítica” espléndido, brutal, compacto, con momentos sublimes como esa excepcional “Dallas-Menphis” que a mí me emociona especialmente y se ha embarcado en una nueva gira con su banda, con otro amigo entre ellos: Edu Ortega. Espero que recalen en Pamplona, lo que sí sé es que si de mí dependieran estarían en Villava seguro. A quienes me leéis no os lo perdáis, será uno de esos momentos mágicos por los que aún merece la pena vivir.
Ahora escuchando precisamente su canción “Peleando a la contra”, precisamente ésa que hizo que titulara así éste espacio de libertad, no puedo menos que volver a recordarle, agradeciendo todos los buenos momentos que me han dado sus canciones.

Gracias Quique, por tu música y por tu ejemplo. Por eso continuo y continuaré PELEANDO A LA CONTRA luchando por la libertad, la justicia, el diálogo, el acuerdo, la sensatez. S

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