miércoles, marzo 13

PSC versus PSOE



Artículo publicado en DEIA el 13 Marzo 2013:

Ahora que tanto se habla de la necesidad de iniciar una segunda Transición en nuestro país, conviene recordar que de la primera hemos heredado problemas importantes aún sin resolver. Quizás el más complejo, el que requiere una mayor sabiduría política para su resolución, sea el de las complejas relaciones centro-periferia, o sea las dificultades de cuadrar, de convivir pacíficamente un estado con tintes centralistas y unas comunidades históricas que reclaman su estatus propio, en especial Euskadi y Catalunya.

Hasta los últimos meses la que suponía una mayor tensión era la derivada de las demandas, legítimas por otra parte, que llegaban desde Euskadi, donde la actividad terrorista de ETA hacía situar el foco no sólo político sino especialmente informativo sobre ellas. Pero desde la multitudinaria manifestación de la Diada del pasado año, la del 11 de septiembre, ese foco se ha desplazado de manera drástica y sorprendente hacia Catalunya. Allí incluso las demandas han subido de escalafón y ya no solo se centran en un desarrollo incompleto e inadecuado del Estatuto de Gernika como ocurre por estos lares, o por resolver la ecuación Navarra-Euskadi, sino que daban una vuelta más a la tuerca reclamando pura y duramente la independencia a través del derecho a decidir del pueblo catalán.

Haber vivido en los tres lugares del conflicto: Madrid, Navarra y Catalunya, conocer sus gentes, sus opiniones, te dan una visión del conflicto mucho más objetiva, más directo y a pie de obra. Porque quizás ese sea uno de los elementos más distorsionadores, que desde Madrid especialmente no se ve, no se palpa y no existe la más mínima intención de hacerlo, los cambios sociales que están ocurriendo especialmente en Catalunya.

Conviene recordar que es una comunidad nutrida por una gran emigración interior, especialmente de Andalucía y Extremadura, lo que durante años daba una especie de tranquilidad al poder central consciente de que esas raíces impedían que el poderoso árbol pudiera desprenderse de la tierra madre. Pero las cosas han cambiado de una manera radical en los últimos años, especialmente en los últimos meses y ese núcleo duro de la sociedad ha comenzado a  entender, a visionar, que sus raíces le impiden crecer, desarrollarse, caminar por nuevas sendas más rentables incluso desde el punto de vista económico. Esa es la clave y una de las diferencias entre el problema vasco y el catalán: aquí hay una profunda base sentimental, cultural, visceral incluso y allí es fundamentalmente económica. El mundo nacionalista, CiU y ERC principalmente, han sabido trasladar a ese sector venido de la emigración que España les esquilma, les roba y que fuera de ella se puede vivir mejor.


En ese instante la situación de un PSC hasta entonces titubeante, en una profunda crisis de identidad con la tradicional contienda entre sus dos almas, la catalanista y la españolista, aún sin resolver, ha dado un giro brutal, contundente situándolo al borde de la extinción.

Después de una etapa boyante con la dirección de un Pascual Maragall con un gran prestigio social que supo aunar, conjugar, ambas almas, su retirada y el posterior ascenso de un “charnego”, José Montilla ha llevado a un partido clave para Catalunya a una situación extremadamente grave. El sector más catalanista se ha visto en esa etapa marginado, ninguneado y sus tesis relegadas a un segundo plano.

Montse Tura, una de sus figuras más importantes, lo intentó en diversas ocasiones, posiblemente midiendo mal sus tempos y sus apoyos y eso le supuso primero la derrota en las primarias para encabezar la lista de Barcelona y posteriormente para encabezar las del Parlament. Pero el resto también sufrió el efecto de un rodillo equivocado lo que llevó a otra de sus representantes: Ernest Maragall a salirse del PSC y montar su propia opción política al que no siguieron ni Tura, ni Marina Geli, ni el resto de líderes de esa sensibilidad.

Pero la situación a la que ha conducido el conflicto centro-periferia la táctica de CiU, con un Artúr Mas pletórico después de la manifestación del 11 de Septiembre, hizo convocar unas nuevas elecciones en las que éste erró en sus previsiones propias pero acertó en las ajenas lo que supuso una sangría de votos para el socialismo catalán. El ascenso de Pere Navarro a su secretaría general con una nueva derrota del sector catalanista fue un elemento más de desgaste.

El todo poderoso PSOE en esta larga travesía ha intentado controlar el desarrollo de lo que considera su franquicia en Catalunya, aplicando las mismas recetas equivocadas que el estado para resolver esas tensiones.

Ahora ante esta terrible situación los dirigentes actuales del PSC no han tenido más remedio que volver al lugar que jamás debieron abandonar: el de un partido socialista enraizado en una sociedad catalana en profundo cambio, aceptando por imposición táctica algunas de las tesis de su sector más catalanista, no sin antes pasar una travesía dolorosa por el desierto.

Su rebeldía ante la votación realizada en el Congreso de los Diputados sobre la consulta soberanista le ha enfrentado de manera directa a un POSOE difuso en este tema. Sobre la mesa el controvertido “derecho a decidir” o mejor aún el “derecho de autodeterminación” que siempre ha sido un principio básico de la izquierda  que abandonamos en su día en aras de una indigna táctica electoralista, pero que de nuevo resurge con fuerza y  pese a quien pese volverá a figurar en un lugar relevante de sus directrices.
 

Esta crisis, esta confrontación va a provocar, está provocando ya un profundo debate en sus bases muy críticas con la dirección actual del PSOE en este y en otros muchos temas. Surgen iniciativas como el Foro Ético liderado por Odón Elorza que recogen ese derecho, en Catalunya otros como “Ágora socialista”, pero lo que es indudable es que ya nada será igual en las relaciones PSC-PSOE, el primero ha soltado amarras y le sigue ya el PSdG. También en Navarra las últimas declaraciones de un Rubalcaba a la deriva han creado un profundo malestar y algo ya se comienza a mover en sus bases hartas de la sumisión a UPN.
Veremos qué depara el futuro pero parece evidente que el socialismo, el de aquí y el de allí, necesita una profunda revisión, una regeneración y posiblemente una refundación y en eso posiblemente el PSC esté comenzando abrir camino

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