sábado, mayo 19

Mensaje en una botella a los dirigentes del PSOE.

Cada día al levantarme hago un repaso de la prensa digital. La nacional: El País, El Mundo, Público y la de Navarra y Euskadi: Diario de Noticias de Navarra, Deia, Gara. Me paro en las noticias y también en los artículos, comentarios, editoriales. Leo mucho de esta manera y lamentablemente poco de la que debía hacer, o sea a través de los libros. En muchas ocasiones me lo echo en cara pero todavía no he sido capaz de romper la dependencia con el instante, con el instante que te da la noticia periodística. También escucho la radio, en este caso solo la SER, debo reconocerlo. Soy como suelo decir un observador de la realidad, ahora que tengo tanto tiempo. Un observador que observa, reflexiona e intenta poner negro sobre blanco esas reflexiones. ¿Para qué sirven? Pues más bien para poco, algunos artículos en la prensa, supongo que alguien me lee en estos lugares virtuales y quizás sobre todo para desahogarme, para vomitar toda la rabia y la indignación que me provoca la situación actual. Es como un grito de rebeldía que queda algo atemperado si no se lleva a la calle, a la lucha. Pero aquí ando un poco dubitativo. No acabo de ver con lucidez lo que está ocurriendo. Sí está bien lo del 15-M, lo de los “yayoflutas”, las manifestaciones de estudiantes. Está bien su lucha pero quizás, uno que es de la generación del 68, falta algo de impuso, de fuerza, de que sean capaces de hacer vibrar a una sociedad totalmente adormecida, aborregada y ahora acojonada.
Siempre he entendido que los cambios, incluso los revolucionarios, los hacen las masas pero los dirigen las élites. Las élites organizadas en los partidos políticos de la izquierda. Eso hecho a faltar ahora en estas pseudo revueltas, a las élites de los partidos, especialmente al mayoritario de la izquierda: el PSOE dirigiéndolas, organizándolas, aplicando sus teorías a la praxis de la calle. Solo así los movimientos revolucionarios, éste dista mucho aún de serlo, pueden ser eficaces y producir cambios reales. Por eso me insistencia, mi machacona insistencia en hacer un llamamiento al PSOE a que se desperece, a que rompa los muros en los que está ahora encerrado y se eche a la calle que es donde debemos estar sus militantes, pero también, o quizás especialmente sus dirigentes. Hay una frase (que vale para la actividad intelectual social y también para la personal) que dice: “hay momentos en la historia en los que la indiferencia es un crimen”, Ahora es uno de esos momentos, ahora es cuando los dirigentes, los cuadros, los militantes y simpatizantes de mi partido no podemos ser indiferentes, debemos romper las cadenas que nos atan a la “responsabilidad democrática” y ponernos al frente de unas masas que aún están en sus casa, temerosas, angustiadas por las agresiones que están sufriendo, pero que algún día, cuando ya no les quede ni la esperanza saldrán como un tsunami. Ese día llegará y ese día al frente debemos estar nosotras y nosotros. No sé muy bien si en Ferraz 70 queda aún algo de mi espíritu, ese que quedó allí cuando nací, pero si así fuera espero que despierte a sus actuales moradores. Que se despierten y comiencen a trabajar, antes de que acaben con nosotros. De nosotras y nosotros depende que mañana no sea igual que hoy:

jueves, mayo 17

El mundo al borde del precipicio

Desde mi observatorio de la realidad observo y reflexiono hoy 17 de Mayo, un poco harto ya de ver problemas alredor que no nos permiten vivir la vida con un mínimo de calidad. Ayer escuché mucha música y leí poco, me dediqué más a sentir que a elaborar y quizás hoy debiera darle una vuelta haciendo lo contrario. Ya veremos. Mi primera observación a través de los medios de comunicación digitales me dice que todo sigue igual. Que todo sigue igual…de mal, de catastrófico y que no existe ningún motivo para la esperanza de que cambie ni a corto, ni a largo plazo. Gris, tirando a negro en esta fresquita mañana de un Mayo extraño. Toda reflexión que se precie además de un análisis científico y riguroso debe aportar algunas soluciones. Vengo repitiendo machaconamente que ante esta situación existe las reacciones clásicas, la más radical, la subversión, la rebelión como camino a la revolución. Una revolución moderna y civilizada (¿es posible hacer una revolución moderna y civilizada?) pero que sea capaz de derrotar a poderes extremadamente poderosos y que además tienen a su favor el no disponer de cara. ¿Alguien le pone cara a los “mercados”? Pero también existen otras soluciones menos……como diría, violentas. Las de carácter electoral se están produciendo ya en otros países como Francia, Alemania o Grecia, pero aquí tardarán aún tres años y medio en llegar. Para entonces todos calvos.
Pero ¿y si vamos a la raíz del problema? ¿Y si atacamos a la línea de flotación del sistema (ahora a mis 63 años me vuelvo anti sistema, manda carajo!)? ¿Qué pasaría, ahora que nos acojonan con lo del posible “corralito” si retiramos en masa los pocos fondos que nos quedan en los bancos? ¿Qué pasaría si todos, TODOS dejamos de pagar nuestras hipotecas, la luz, el gas, el teléfono? ¿Sería eso una revolución de nuevo tipo? Indudablemente produciría un terremoto de consecuencias imprevisibles, pero qué más da, si ya nos sitúan al borde del precipicio. Si hacemos una cosa así nos situamos a todos, a ellos también, al borde de ese mismo precipicio. Sería una medida radical, pero para que fuera eficaz debiera ser seguida por todos, o al menos por la mayoría. ¿Es eso posible? Me temo que no, pero ahí queda dicho por un loco (¿o cuerdo?) una mañana fresca de primavera del 2012. También añado mi reflexión de ayer: Acabamos de celebrar el 15-M, desde hace un año cada vez que nombramos o escribimos esta fecha nos referimos a un movimiento popular espontáneo e ilusionante que nació hace un año en nuestro país y que supuso un instante de viento fresco en un enrarecido ambiente. Surgía como reacción ante las agresiones de un sector financiero, económico y político que en su afán de lucrarse fácilmente nos había conducido al borde del abismo, pretendiendo ahora resolver sus errores arrasando nuestros derechos. Es cuando menos para hacernos reflexionar, al menos a la izquierda, que precisamente haya surgido con ella en el poder y también que se haya ido desinflando precisamente cuando gobierna la derecha más reaccionaria de Europa. Después de un complejo año de vida, con un transcurrir parecido al Guadiana, aparecer y desaparecer, ahora se celebra este aniversario con asambleas y concentraciones al estilo del original, pero que me da la sensación no tiene ni la ilusión ni el espíritu de aquel. Del análisis de lo que ocurrió hace un año lo más a resaltar es que aquel movimiento no consiguió ninguno de sus propósitos, ni levantó a una masa cada día más aborregada, aletargada, entregada y humillada, ni movió un ápice a los poderes que pretendía frenar. Todo siguió según lo planificado en los oscuros despachos de siniestro “mercado”, nada cambió con su aparición y me temo que nada va a cambiar con su resurrección actual. Esa sensación de frustración, de que algo se está haciendo mal puede que de nuevo acabe con él, provocando aún más desánimo y desilusión a las élites que lo impulsan. Por que quizás ese sea uno de sus problemas: que son élites, pero no las clásicas capaces de luego movilizar a las masas siendo capaces te trasladar su impulso revolucionario hasta las últimas consecuencias. También la extraña mezcla que se está produciendo entorpezca su misión revolucionaria. Gentes de izquierdas desencantadas con los partidos que debieran representarles junto a complejos y ambiguos anti sistema con un tufillo pseudo fascista hacen que no consigan la confianza de la mayoría. Además faltan ideólogos y líderes consolidados, potentes, porque estos, al menos los más formados, siguen militando en los partidos clásicos, aburguesados y paralizados por la esclerosis que les afecta.
Por eso el poder, el que parece y el real, no está sintiendo la más inquietud por lo que está ocurriendo, se siente seguro en su torre de marfil y lo que más teme, el posible efecto electoral, se encuentra aún lejos. ¿Qué hacer pues? ¿Qué podemos hacer para que esta rabia, esta indignación se canalice hacia cambios realmente revolucionarios? Solo queda una esperanza: despertar a los partidos de izquierda, especialmente al PSOE. Presionar desde fuera pero sobre todo desde dentro para desperezarlos, para que salgan también a la calle y lideren un movimiento que ellos debieran haber creado desde el inicio. Que sean capaces de ser activistas y también de dotarlo de contenido ideológicos, profundo, poniendo negro sobre blanco las propuestas que están surgiendo y llevarlas a donde realmente pueden ser eficaces: Parlamentos, Ayuntamientos, Diputaciones, medios de comunicación, allí donde sí hacen daño realmente a estos siniestros poderes financieros, económicos, políticos o religiosos. Eso combinado con una campaña para internacionalizar el movimiento, para llevarlo al resto de Europa de manera organizada y coordinada, para lo que también los partidos de izquierda son necesarios, vitales. Movimientos de masas, vanguardias organizadas, elites que aporten el soporte ideológico, táctica, estrategia, lucha, resistencia. Proceso revolucionario, cambio, transformación. Todo ello con alguna gota de sentimiento, pasión, ilusión y esperanza. Quizás, puede que quizás………………

martes, mayo 15

¿Del 15-M a la revolución necesaria?

Hoy celebramos el 15-M, desde hace un año cada vez que nombramos o escribimos esta fecha nos referimos a un movimiento popular espontáneo e ilusionante que nació hace un año en nuestro país y que supuso un instante de viento fresco en un enrarecido ambiente. Surgía como reacción ante las agresiones de un sector financiero, económico y político que en su afán de lucrarse fácilmente nos había conducido al borde del abismo, pretendiendo ahora resolver sus errores arrasando nuestros derechos. Es cuando menos para hacernos reflexionar, al menos a la izquierda, que precisamente haya surgido con ella en el poder y también que se haya ido desinflando precisamente cuando gobierna la derecha más reaccionaria de Europa. Después de un complejo año de vida, con un transcurrir parecido al Guadiana, aparecer y desaparecer, ahora se celebra este aniversario con asambleas y concentraciones al estilo del original, pero que me da la sensación no tiene ni la ilusión ni el espíritu de aquel. Del análisis de lo que ocurrió hace un año lo más a resaltar es que aquel movimiento no consiguió ninguno de sus propósitos, ni levantó a una masa cada día más aborregada, aletargada, entregada y humillada, ni movió un ápice a los poderes que pretendía frenar. Todo siguió según lo planificado en los oscuros despachos de siniestro “mercado”, nada cambió con su aparición y me temo que nada va a cambiar con su resurrección actual. Esa sensación de frustración, de que algo se está haciendo mal puede que de nuevo acabe con él, provocando aún más desánimo y desilusión a las élites que lo impulsan. Por que quizás ese sea uno de sus problemas: que son élites, pero no las clásicas capaces de luego movilizar a las masas siendo capaces te trasladar su impulso revolucionario hasta las últimas consecuencias. También la extraña mezcla que se está produciendo entorpezca su misión revolucionaria. Gentes de izquierdas desencantadas con los partidos que debieran representarles junto a complejos y ambiguos anti sistema con un tufillo pseudo fascista hacen que no consigan la confianza de la mayoría. Además faltan ideólogos y líderes consolidados, potentes, porque estos, al menos los más formados, siguen militando en los partidos clásicos, aburguesados y paralizados por la esclerosis que les afecta.
Por eso el poder, el que parece y el real, no está sintiendo la más inquietud por lo que está ocurriendo, se siente seguro en su torre de marfil y lo que más teme, el posible efecto electoral, se encuentra aún lejos. ¿Qué hacer pues? ¿Qué podemos hacer para que esta rabia, esta indignación se canalice hacia cambios realmente revolucionarios? Solo queda una esperanza: despertar a los partidos de izquierda, especialmente al PSOE. Presionar desde fuera pero sobre todo desde dentro para desperezarlos, para que salgan también a la calle y lideren un movimiento que ellos debieran haber creado desde el inicio. Que sean capaces de ser activistas y también de dotarlo de contenido ideológicos, profundo, poniendo negro sobre blanco las propuestas que están surgiendo y llevarlas a donde realmente pueden ser eficaces: Parlamentos, Ayuntamientos, Diputaciones, medios de comunicación, allí donde sí hacen daño realmente a estos siniestros poderes financieros, económicos, políticos o religiosos. Eso combinado con una campaña para internacionalizar el movimiento, para llevarlo al resto de Europa de manera organizada y coordinada, para lo que también los partidos de izquierda son necesarios, vitales. Movimientos de masas, vanguardias organizadas, elites que aporten el soporte ideológico, táctica, estrategia, lucha, resistencia. Proceso revolucionario, cambio, transformación. Todo ello con alguna gota de sentimiento, pasión, ilusión y esperanza.
Quizás, puede que quizás……………… Como dice esta preciosa canción de CHAMBAO: "en el cambio está la evolución".

lunes, mayo 14

El momento de la verdad.

Una maravillosa mañana de primavera, observando de nuevo la realidad y reflexionando lo que hace complicarme la posibilidad de la tranquilidad que desde que cumplí los 60 me propuse alcanzar, pero que esa realidad se empeña machaconamente en entorpecér. Hoy leo noticias, comentarios, artículos, pensamientos cortantes de Twitter sobre el aniversario de aquel ilusionante 15-M de hace ahora un año. Detrás de todos ellos detecto una cierta frustración, desencanto, como si la celebración se hubiera convertido en una fiesta como el que conmemora su cumpleaños o el aniversario de su boda. Algo superficial, sin enjundia, de ahí la tranquilidad con la que lo perciben los poderes reales, financieros, políticos, religiosos, que más allá de enviar a sus txakurras a disolver las concentraciones apenas se han inmutado. Quizás lo único que les ha puesto algo nerviosos han sido los últimos resultados electorales, los de Francia, Grecia, Italia, pero especialmente los de Alemania. El bofetón a la Merkel en su estado más poblado ha sido histórico. Lo cual me hace reflexionar que es probable que ante la imposibilidad real de una insurrección popular, una revolución como la que llevo teorizando en los últimos tiempos, ya que nuestra aborregada sociedad aún no está suficientemente castigada, humillada, machacada para hacerla, solo nos queda el arma electoral. Eso en Europa, porque en nuestro país lo que más cerca nos queda son las elecciones en Euskadi y allí la cosa se mueve en otros parámetros.
¿Qué hacer entonces? Como teorizaba nuestro olvidado Lenin que quizás junto a Marx y Engels debamos resucitar. Pues en mi opinión es hora de los valientes, en concreto de los partidos políticos valientes. Los de izquierdas deben romper las cadenas que les atan a lo que denominan “responsabilidad democrática” y ponerse al frente de la marea revolucionaria que debe inundar este país. Incluso el PSOE ahora tibio, dubitativo, aún renqueante de los últimos descalabros debe recuperar sus raíces, volver a aquellos momentos que fue capaz de liderar el cambio de rumbo. Debe darse cuenta que o se pone al frente de las masas o el tsunami que va a venir también se lo llevará por delante. Hago desde este mi sancta sanctórum un desesperado llamamiento a sus dirigentes para que asuman su histórico papel de liderar como organización de la izquierda que es el cabreo, la indignación social que está provocando las agresiones de una derecha absolutamente desbocada, sin control. No vale en este nuevo escenario aplicar recetas del pasado reciente, hay que ponerse el mono de trabajo y salir a la calle abandonando la torre de marfil en la que se han convertido sus despachos. Esa es una de las claves, que la izquierda, que su máximo exponente, el PSOE baje a las calles, que sus dirigentes se mezclen entre la ciudadanía, que hablen y expongan sus tesis en las asambleas populares, que estén donde se le exige a un dirigente de la izquierda, con el pueblo a pié de obra. Que teoricen, reflexionen, que busquen soluciones revolucionarias y que las trasladen para su aprobación. Escuchando a nuestros pocos ideólogos, que debieramos analizar por qué tienen más de 80 años y sobre todo por qué son los más lúcidos a la hora de analizar lo que está ocurriendo.
Lo que voy a decir ahora puede sonar a herejía, pero en estos duros tiempos la defensa de la democracia, de la justicia, la igualdad, la solidaridad ya no se consigue en los parlamentos, en los ayuntamientos, se conquistan en la calle. La defensa de nuestros derechos también se hace en la calle y es ahí, precisamente ahí donde debemos estar los socialistas, los comunistas, las gentes de izquierdas. La pregunta es: ¿Estaremos? ¿Estaremos a la altura de las circunstancias? ¿Estaremos donde debe estar la izquierda ahora? Aunque hoy soy pesimista, le voy a dar un punto de esperanza a la respuesta. Veremos.......

jueves, mayo 3

HOLLANDE: la última esperanza de la izquierda

Artículo publicado en DEIA el 3 Mayo 2012:
En la tremenda situación de crisis que nos atenaza, lo más destacable es la ausencia de una izquierda europea que ni está ni se la espera. Los sucesivos fracasos electorales de los últimos dos años, culminados con la pérdida del poder en los tres países más débiles: Grecia, Portugal y España han dejado a esta izquierda totalmente inerme, derrotada después de haber demostrado su incapacidad para dar alternativas a la gravísima situación económica y social que atravesamos, al menos con recetas clásicas de la izquierda. Quizás si se hubiera sido más valiente en lugar de plegarse a las presiones de los “mercados” y de los organismos económicos internacionales, quizás si no se hubiera sido tan sumiso a los dictámenes de la todopoderosa Ángela Merkel, ahora la situación no sería tan dramática. Pero no se hizo y estamos donde estamos, con Merkel dictando las órdenes correspondientes y haciendo del control del déficit público su sancta sanctórum que nadie osa discutir, por más que en los últimos días haya habido algunas, pocas, voces discrepantes como la del Presidente de Italia, el tecnócrata Mario Monti, que han conseguido por primera vez en los últimos años hacerla tambalear levemente. Pero la campaña electoral en Francia ha hecho emerger una figura que casi todo el mundo creía perdida, la de Francois Hollande, especialmente después de su sonada derrota ante la que fuera su pareja Ségoléne Royal. Pero su perseverancia, su tozudez ha hecho que de nuevo esté en primera línea de la política francesa y por tanto europea, tras haber ganado unas primarias democráticas en el seno del PSF y la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas. Sus novedosas propuestas y especialmente las referidas a temas económicos y de defensa de los derechos sociales, su defensa radical del Estado del Bienestar y su confrontación con Merkel han conseguido suscitar la atención de las izquierdas europeas y han levantado su ánimo absolutamente alicaído. Las nuevas tesis defendidas por Holland, próximas por fin a los postulados de la izquierda clásica, de que solo el control del déficit no nos va a sacar de la crisis, la necesidad de renegociar un nuevo tratado de disciplina fiscal al que se debe añadir un programa de estimulación al crecimiento, culminado por la respuesta a la canciller alemana al afirmar que “disciplina presupuestaria sí, austeridad de por vida no”, han reabierto el debate, no solo en esa izquierda huérfana de lideres apenas hace unas semanas, sino también en toda la comunidad política y económica internacional. Especialmente relevante ha sido el comentario, que ha parecido de apoyo, de Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo que al hilo de esas tesis ha defendido la necesidad de volver atrás e ir a un pacto de crecimiento.
La pregunta al hilo de este cambio de rumbo es: ¿Cómo es posible que solo con la victoria por la mínima de Hollande el domingo 22 de Abril, haya provocado este terremoto? Es probable que ésta solo haya sido la gota que desborda el vaso ante el convencimiento en las autoridades económicas europeas, de que con las draconianas medidas impuestas hasta ahora no se están dando los resultados esperados y que quizás en ese ánimo de búsqueda desesperada de soluciones hayan observado con atención y quizás con esperanza las propuestas de Hollande. Pero los resultados del pasado 22 de Abril no solo han supuesto el triunfo provisional de la izquierda, por cierto por la mínima, no vayamos a vender la piel del oso antes de cazarlo, también se ha visto un crecimiento espectacular y preocupante de la extrema derecha que con casi el 20 % ha batido su propio record. La sombra del populismo se cierne sobre una Europa compleja con grandes diferencias, ahora agudizadas por la crisis, entre el norte y el sur y una situación explosiva frente a su gran tasa de inmigración y paro. Los poderes económicos y financieros, o al menos los menos ortodoxos e intransigentes es probable que estén reflexionando que por este camino la cuerda se puede romper y que sus intereses se puedan ver más perjudicados con el auge de ese populismo de reacciones inciertas e incontroladas, que con una hipotética victoria de la izquierda en Francia que abra la puerta en el futuro a un giro en esa dirección en los próximas contiendas electorales, la de Alemania por ejemplo. La reacción del SPD, prácticamente desaparecido en los últimos tiempos, en las semanas posteriores a la victoria de Hollande puede servir de ejemplo. Su defensa de la tasa para transacciones financieras y la necesidad de un plan maestro que impulse el crecimiento en países como España para evitar su colapso, se alinea con claridad con las posiciones defendidas por un líder socialdemócrata francés al alza.
El próximo domingo 6 de Mayo no solo se juegan mucho los franceses en esas elecciones vitales para el futuro de la izquierda, nos jugamos mucho, puede ser que todo, los europeos, o al menos los que en este continente defendemos las viejas tesis de la igualdad, libertad, fraternidad y solidaridad. Va a ser la última oportunidad de dar un giro a la errónea dirección por la que caminamos. Es la última oportunidad para que la izquierda nuevamente lidere un cambio de unas políticas económicas que solo están trayendo el empobrecimiento, la injusticia, paro, supresión de derechos básicos conquistados en décadas de lucha y el peligro de la quiebra del Estado de Bienestar. Da la sensación de que incluso los poderes financieros, económicos ligados a la derecha se encuentran también tan desorientados, tan asustados por lo que puede venir, porque el tsunami que puede originar la situación de desesperación en la que se encuentran millones de personas también les pueda llevar por delante, que aunque al principio reaccionaron con una leve oposición a la victoria de Hollande, ahora dejan hacer a ver si éste, a ver si la izquierda les saca de este atolladero al que nos han llevado. El domingo puede ser el principio de una nueva era, la última oportunidad y si fracasa, fracasamos todos Entonces la única opción que nos quedará será aplicar la praxis revolucionaria, o todos o ninguno, e iniciar un proceso de lucha revolucionaria hasta el final, radical, sin concesiones al enemigo. Entonces lo que ha ocurrido en Grecia los últimos meses quedará empequeñecido por lo que puede pasar en España, en Portugal, en Italia y se podría extender como un reguero de pólvora por toda Europa. Hollande es la última oportunidad de la izquierda, sí, pero probablemente también del resto. Mientras deseamos que el domingo 6 la ciudadanía francesa acierte, estaremos esperando el resultado con expectación y esperanza.