viernes, marzo 30

29-M: táctica y estrategia

Artículo publicado en DEIA el 30 Marzo 2012


Llegó el momento de la verdad, el 29 de Marzo ha sido la fecha en la que los sindicatos, esta vez por fin todos nacionalistas y no nacionalistas juntos codo con codo, nos han convocado a la población de este país (ponga aquí cada cual lo que desee) a una nueva huelga general, la enésima desde el inicio de nuestra reciente democracia.

Motivos existían ya que las últimas medidas tomadas por los gobiernos, tanto del estado como de las comunidades autónomas, más las de carácter europeo significan la mayor agresión que ha sufrido la clase obrera, la que trabaja y la que está en el paro, en toda su historia. Lo significativo es que esa agresión ha venido desde las instituciones gobernadas por la derecha, como parece que debiera ser lo natural, pero también de manera anti natural desde las dirigidas por la izquierda en un gesto de sumisión sin precedente.

Esa extraña situación en la que la izquierda ha propiciado medidas más propias de la derecha clásica ha producido, primero un cierto desconcierto en sus bases sociales, después enfado y por último indignación, cabreo. No era la primera vez pero quizás las anteriores, las que tomaron los primeros gobiernos de Felipe González, se interpretaron a pesar de haberse respondido con la mayor huelga general de la historia: la del 14 de Diciembre de 1988, como medidas dolorosas pero necesarias para la modernización de un país al que la larga dictadura franquista había situado en el vagón de cola de una Europa emergente.

Esta vez no ha sido así, la anterior convocada durante el gobierno de Zapatero, tan reciente y al mismo tiempo tan olvidado (quizás el Presidente que menos recuerdo haya dejado en nuestra reciente historia) y esta, más lógica pues es contra un gobierno de derechas, han sido la reacción ante una situación creada por el poder económico y financiero, al que todo el mundo considera responsable de la dramática situación en la que nos encontramos, pero al que nadie sabe o se atreve a meterle mano, a controlarlo, a exigir responsabilidades e incluso aplicar un castigo ejemplar.

En su momento ya se teorizó que Zapatero “el olvidado” debió convocar elecciones anticipadas y haber dejado la responsabilidad de las dramáticas medidas a tomar a la derecha, porque hay que ser muy de derechas para tomar ese tipo de medidas. No tuvo el valor de hacerlo y consiguió el debilitamiento de una izquierda perpleja ante decisiones que tomaba un gobierno de “los suyos”.


Ahora Rajoy y el PP pueden seguir la senda iniciada con coartadas difíciles de rebatir: “oigan señores socialistas, pero si esto me lo enseñaron ustedes” parece decirle a un Rubalcaba, empequeñecido como cómplice de lo anterior, cada vez que éste se atreve a abrir la boca.

Ante una izquierda política desactivada solo quedaban los sindicatos, aunque estos también se encuentran en entredicho, no solo porque se les ve incapaces de dar alternativas serias, también porque se han convertido en pesadas maquinarias burocráticas repletas de liberados a sueldo, alejados de las fábricas, de los tajos, mirados con desconfianza por una clase obrera agredida y malherida.

Las últimas encuestas rebelaban, debido fundamentalmente a esta dramática situación de desconfianza ante los partidos de izquierda y los sindicatos, que solo el 30 % de la población estaba dispuesta a seguir su llamamiento de huelga general y parece a la vista de los resultados que esa previsión era excesivamente pesimista pero indicativa de que aunque en la industria haya sido un relativo éxito, los servicios y transportes se han quedado a medio camino, con la típica y tópica guerra de cifras. Tiene una cierta lógica este resultado ya que la huelga la hacen los que tienen empleo, que son ahora los sectores más conservadores de la clase obrera ya que se agarran como a un clavo ardiendo de sus puestos de trabajo al borde de un abismo al fondo del cual, se encuentran ya más de cinco millones de compañeros y compañeras. Es difícil que en estas condiciones, desconfianza de sus organizaciones y miedo, mucho miedo a perder lo poco que tienen, la huelga pudiera ser un éxito rotundo, o al meno que fuera el éxito suficiente y necesario para que la derecha rectificara.

Quizás los resultados del pasado domingo en Andalucía y Asturias hayan producido una mayor desazón en ella que esta huelga, porque el mensaje lanzado en esas urnas es que con estas medidas y en pocos meses han dilapidado una parte importante de su activo electoral (y los partidos funcionan con estos parámetros electoralistas) ganado en los últimos años.

Es probable por tanto que nuevamente la izquierda, esta vez a través de sus organizaciones sindicales, se haya equivocado en el tempo, en lo que el marxismo analizaba como táctica, como ya se equivocó al no convocar elecciones anticipadas cuando debió hacerlo y que sea como consecuencia, siguiendo este análisis, de no actuar con la estrategia, o sea viendo el largo plazo, adecuada. La derecha nos ha echado la carnaza y hemos picado como bobalicones.


Es cierto que había que responder ante estas agresiones históricas, pero no es menos cierto que quizás la respuesta no debiera haber sido una huelga general que parecía condenada al fracaso, sino a través de una serie de movilizaciones que fueran in crescendo, animando a todos los sectores de la sociedad cabreados con lo que está ocurriendo: clase obrera, clase media, profesiones liberales, afectados por los desahucios, jubilados, parados, estudiantes (lo que denominamos acumulación de fuerzas) y llegar a un estadio superior a largo plazo: una revolución, moderna, sin sangre, pero contundente, que pusiera en cuestión las bases mismas del sistema capitalista. Esta estrategia habría necesitado más tiempo de maduración preparación y aplicación, pero sería más eficaz a la hora de cambiar una correlación de estas fuerzas, que en este momento nos es totalmente desfavorable.

Pero la suerte estaba ya echada (alea jacta est), es probable después del fracaso de este 29 de Marzo nuestras fuerzas hayan quedado mermadas, especialmente la de los sindicatos clásicos y la de los partidos de izquierdas (por cierto, lamentable la posición del PSOE que se ha negado a hacerla en el Congreso), pero de los errores se aprende y quizás ahora empecemos a analizar que lo planteado en esta reflexión no es tan descabellado y la idea de una revolución novedosa comience a abrirse paso entre los sectores más dinámicos de las izquierdas. Porque históricamente esas revoluciones las han propiciado, lanzado, encabezado sectores minoritarios pero valientes y dispuestos.


Esta huelga no va a cambiar la dirección marcada por los poderes económico-financieros que dirigen el gobierno del PP, pero si la izquierda sindical, política y social toma conciencia de lo que debe hacer puede ser el inicio, debe ser el inicio, de una nueva época en la que seamos capaces de cambiar la actual correlación de fuerzas y conseguir una profunda transformación de la actual sociedad.

miércoles, marzo 28

¡Libertad para OTEGI!


El 16 de Septiembre de 1998 ETA declaraba unilateralmente una tregua con carácter indefinido. Aquel periodo que duró apenas 14 meses, hasta noviembre del siguiente año, sirvió para dar realce a una nueva figura surgida en la izquierda abertzale: Arnaldo Otegi. Recuerdo que en una de sus primeras entrevistas después de la declaración de la tregua en un diario catalán respondía a una de las preguntas proclamando con solemnidad: «No me importaría ser el Gerry Adams de Euskadi». De hecho ése fue el titular que eligió el periodista.

No sonaba mal para muchos los que al leerlo recordábamos que había sido uno de los autores intelectuales del ‘‘Pacto de Lizarra’’, y que además, a semejanza del líder irlandés, había militado en la organización armada, por lo que se intuía que algún ascendente podría tener aún. Surgía así una esperanzadora figura para poder llevar las riendas, en su orilla, de las negociaciones hacia la paz.

Después de 14 años hoy la justicia decide si efectivamente ha sido así, si la construcción de la alternativa Bateragune por la que fue detenido, juzgado y condenado realmente fue un proceso para llevar a la izquierda abertzale hacia la senda de la paz y presionar a la organización terrorista ETA al final de su estéril y cruel violencia. Para culminar un proceso de paz serio, es necesario tanto en el campo político como en el ‘‘militar’’ líderes que no sólo apuesten por impulsarlo y fortalecerlo, sino que además tengan autoridad sobre los si suyos y Otegi ha demostrado que lo es.

Una de las veces que he coincidido con él fue en el debate que tuvimos junto a Joseba Egibar en la Universidad de Barcelona en 1999 en el seno del curso que organizaron sobre la transición española, que luego tuvo reflejo en un interesantísimo libro. Me gustó una parte de su intervención, la que aportaba algún breve síntoma de ser de izquierdas.

Decía en aquella ocasión refiriéndose a los retos de la izquierda abertzale: «Cómo hacemos frente en este siglo XXI a la globalización económica, a los problemas que el neoliberalismo está planteando todos los días encima de nuestra mesa. Desde los medioambientales, los referentes al empleo, los sociales, los de ordenación territorial, etcétera. Es decir, cómo sobrevivimos en un mundo globalizado económicamente, y cómo vamos a dar salida a los problemas cotidianos de los ciudadanos vascos con un carácter estratégico». No es que sea un modelo de análisis clásico de izquierda, pero al menos se salía del ‘‘sota, caballo, rey’’ habitual.

Hoy se enfrenta a la posibilidad de continuar en la cárcel y en el caso de que se decida que sí la pregunta que me hago es ¿Eso va a ser negativo o positivo de cara al proceso de paz iniciado?

Batasuna ha declarado que su encarcelamiento lo entorpece y al menos por mi parte desde la profunda discrepancia política que me separa de él y de su organización política coincido con este análisis. No tiene ningún sentido ni en lo jurídico, ni en lo político, ni en lo puramente intelectual.


Otegi ha demostrado en los últimos años que ha sido uno de los artífices de que en estos momentos nos encontramos a las puertas mismas de una paz consolidada, ha tenido la valentía de enfrentarse a ETA en un momento crucial y la ha derrotado en lo ideológico, en el debate que abrieron, él, Rafa Díez, Miren Zabaleta, Pernando Barrena o Rufi Etxebarría y antes una de las figuras que habrá que estudiar y reconocer con el paso del tiempo: Patxi Zabaleta, en el seno de la izquierda abertzale. Si ETA declaró la tregua, si acepto su desarme y si finamente desaparece será gracias al esfuerzo de este grupo que en su momento apostó por esa línea.

Con él fuera además de consolidarlo se fortalecería el debate interno sobre si Batasuna debe ser más una fuerza de izquierdas o nacionalista, si su componente ideológico prevalece sobre el puramente visceral o de pertenencia a la tribu.

No parece descabellado preveer que si gana esa nueva batalla, si la izquierda abertzale es primero izquierda y luego todo lo demás, se abriría un nuevo escenario en la política vasca y navarra. Ya no sería tan descabellado un gobierno con las izquierdas, en Euskadi encabezado por Patxi López y en Navarra, si el PSN rompe sus cadenas con la derecha y decide lanzarse por la senda de esa izquierda.

Empezar a vislumbrar ese nuevo escenario es una obligación para todos pero en especial para los partidos políticos. Otegi en la izquierda tiene capacidad para unir nuestras fuerzas con el fin de ganarle a la derecha, es capaz de dialogar y llegar a acuerdos con las otras izquierdas. Con todas. Por eso es necesario, imprescindible que esté en libertad, que pueda culminar un trabajo que él mismo inició.

Desde estas líneas clamo por esa libertad consciente de que mi capacidad de influir es nula, pero al menos quiero en este mi espacio de libertad de expresión opinar, contracorriente como casi siempre, mi deseo de que hoy sea posible.

¡Libertad para Otegi! Desde mi militancia socialista, de izquierdas, aquí y allí. Recordando que fuí expulsado del PSOE en Julio de 2011, a instancias de los Torquemadas del PSN, por afirmar que: "Otegi trabajaba en el seno de Batasuna para llevarla por la senda de la paz". La historia dictará sentencia sobre aquel hecho.


lunes, marzo 26

¡Hagamos la revolución!


Llega el momento de la verdad, un 29 de Marzo 2012 que puede pasar a la historia como el momento en el que la sociedad española reaccionó ante las mayores agresiones a la clase obrera hechas en los últimos 30 años, o bien como la culminación del descalabro de una izquierda confundida y aturdida.

Todo empezó cuando desde un poder importante, en el estado, las comunidades autónomas y ayuntamientos, esta izquierda fue incapaz de plantar cara a los canallas del mudo económico y financiero causantes, culpables de la mayor crisis económica de los últimos años.

Aplicar métodos que correspondían a la derecha, haciendo oídos sordos a quienes les reclamábamos que debían convocar elecciones anticipadas, para que fuera ésta la que de manera natural lo hiciera, consiguió el enfado de su base social y la confusión y aturdimiento de los más fieles.


Tener que defender lo indefendible, porque las decisiones las tomaban gobiernos socialistas provocó que sus bases perdieran el prestigio conseguido durante años desactivándolos para los próximos. Ese error lo pagará la izquierda a corto y medio plazo, al menos hasta que se olviden los agravios.

Como consecuencia de aquellos errores ahora Rajoy y el PP pueden seguir la senda iniciada por esa izquierda timorata, con coartadas difíciles de rebatir: “oigan señores socialistas, pero si esto me lo enseñaron ustedes” parecen decirle a un Rubalcaba empequeñecido como cómplice de lo anterior, cada vez que éste se atreve a abrir la boca.

Ante una izquierda política desactivada solo quedaban los sindicatos, aunque estos también se encuentran en entredicho, no solo porque se les ve incapaces de dar alternativas serias, también porque se han convertido en pesadas maquinarias burocráticas repletas de liberados a sueldo, alejados de las fábricas, de los tajos, mirados con desconfianza por una clase obrera agredida y malherida.

Veremos qué pasa el próximo jueves, aunque soy pesimista a la vista de las encuestas que dicen que solo el 30 % están dispuestos a hacerla y porque lógicamente la hacen quienes están en posesión de un puesto de trabajo al que se aferran como lapas al borde de un abismo al fondo del cual se encuentran más de cinco millones de compañeras y compañeros.


Si como parece resulta un sonoro fracaso la izquierda política y sindical quedará herida para un largo tiempo y todas las nuevas agresiones que tienen preparadas se aplicarán sin ninguna piedad. La derrota demostrará el error táctico, quizás por no haber previsto que las decisiones debían haber sido de más largo alcance, debían haber sido estratégicas. Pero aún estamos a tiempo. Si dedicamos nuestro esfuerzo a acumular fuerzas, a ser capaces de unir en un frente común a la clase obrera, media, a parados, jubilados, estudiantes, autónomos, hombres y mujeres que representan a los nuevos oprimidos por el poder económico- financiero y sus representantes de la derecha política. Si somos capaces de cambiar la correlación de fuerzas actual y crear una situación revolucionaria, en la calle, en los centros de trabajo, en las universidades y centros de estudio, aún será posible frenar esta situación.

No debemos tener miedo a utilizar métodos revolucionarios, no debemos temer el defender que solo una revolución, moderna, sin sangre, pero revolución en el sentido clásico del término como método para cambiar las cosas.

Todo ello combinado con el método democrático de la presión en las urnas. Lo ocurrido el pasado domingo favorece esta posibilidad, aunque no debemos eludir el análisis de que un incremento de la abstención en ambas elecciones por encima del 10 % es extremadamente peligroso.

Releer a los clásicos, Marx, Keynes, nos puede dar claves para la situación actual.

Volver a las trincheras de la lucha de clases clásica debe ser una obligación para quienes nos consideramos de la izquierda. Despertar a esa izquierda, levantarla en pié, azuzar a sus bases, desperezarlas, animarlas a la lucha, una lucha encabezada como en todas las revoluciones que se precien de la minoría más activa, audaz, valiente, transformadora.

Una minoría que sea capaz de adaptar sus instrumentos de transformación, el partido y el sindicato a los nuevos tiempos, a las nuevas necesidades. Unas herramientas obsoletas de la que probablemente habrá que excluir aquellos dirigentes anclados en la burocracia, el inmovilismo que nos esteriliza. Hacer la revolución social necesitará previamente realizarla en el interior de esos partidos y sindicatos.


Estamos al borde del abismo o sea que no podemos, no debemos perder más tiempo, hay que movilizar ya a esas minorías, iniciar la lucha. Hacer la revolución interna y externa. Ya!

viernes, marzo 23

De corrupciones y corruptelas

Artículo publicado en DEIA el 23 Marzo 2012



QUIZÁ la palabra más pronunciada cuando alguien se refiere a la actividad política sea "corrupción". Desde hace unos años es la condición que ensucia, desprestigia y acaba con la credibilidad de una actividad que debiera ser el paradigma de la dignidad y del servicio a la sociedad. En estos años, comentar en conversaciones y tertulias que uno es político significa algo así como que es un parásito social, alguien que se puede lucrar y beneficiar de un trabajo que en teoría debe ser de primera categoría, pero que algunos se han encargado de convertirlo en una ocupación de tercera regional.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, "corrupción" es: "En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores". O sea, que alguien desde su cargo institucional, o aprovechándose del cargo de alguien próximo y con su connivencia, se lucra económicamente. En términos coloquiales es lo que al resto de los humanos le llaman robar. Es decir, los corruptos políticos son realmente ladrones puros y duros. Por eso, en algunas manifestaciones se pueden leer eslóganes como "este país está lleno de chorizos" y parecidos.

Al inicio de la democracia todos teníamos la sensación de que este peculiar vicio, o delito ahora, solo era propio de las clases más elevadas y desde el punto de vista ideológico de la derecha. El franquismo vio crecer como hongos corrupciones de todos los tipos posibles y además amparadas por un régimen corrupto por naturaleza. Casi nadie pagó por ello. Pero con el hermanísimo de Alfonso Guerra se descubrió que también en la izquierda se daban ese tipo de chorizos, aunque quizás el caso de Urralburu, Aragón, Roldán y otros en la Navarra de gobierno socialista fue el que definitivamente descubrió que en la izquierda también existían ladrones, sinvergüenzas que utilizaban sus cargos institucionales para enriquecerse.

Además, ese caso fue especialmente doloroso porque tuvo dos componentes que lo agravaron: que se utilizaron las amenazas de ETA sobre una emblemática obra como la Autovía del Norte para alcanzar sus objetivos y que se mezcló con una hipotética financiación ilegal del PSOE, que nunca se pudo comprobar pero que abrió la puerta de la desconfianza, el descrédito y la pérdida del poder consiguiente.

Con aquellos casos, la izquierda demostraba que su seña de identidad fundamental: la ética que debe presidir todos sus actos, había sido pisoteada por canallas que aprovechándose de sus cargos políticos habían sido capaces de tirar por la borda años de lucha honesta de miles de personas, de militantes que sin tener ninguna culpa pagaban la vergüenza, su vergüenza, ante vecinos, compañeros de trabajo y amigos sin saber muy bien cómo salir de ese cruel bucle.


El debate posterior giró alrededor de qué mecanismos se debían de aplicar para evitar que eso pudiera ocurrir en el futuro. Quizás el poder casi absoluto que el PSOE llegó a tener en esa época creó en esos sinvergüenzas la sensación de impunidad, de que todo era posible y de que nunca les podrían pillar. Afortunadamente no fue así y los escándalos salieron a la luz, uno tras otro.


La posterior llegada de la derecha al poder consiguió un pequeño respiro, aunque el poder municipal y autonómico que aún se conservaba siguió produciendo una sangría de escándalos que nadie era capaz de parar. Se pasó de las pequeñas hazañas del hermanísimo en Andalucía a la gravedad del caso de los ERE. La derecha, mientras tanto, desangraba el prestigio político con los casos derivados de la trama Gürtel, Palma Arena, etc. La monarquía se unía al coro con Urdangarin de abanderado y la Iglesia no quiso quedarse al margen con el expolio del patrimonio religioso-cultural. Un desastre, un perfecto desastre.

También ha pegado cerca. Antes con un PNV que estuvo demasiado tiempo en el poder (quizás un método eficaz para evitarlo sea la alternancia constante) y ahora con el caso del cuñado de Patxi López. Todo indica que algo huele a podrido con Melchor Gil, con sus billetes de 500 euros, y lo mejor que puede hacer el PSE es investigar a fondo lo ocurrido y depurar con la máxima urgencia las responsabilidades que se hayan podido producir. Esa es la clave, que la izquierda responda de diferente manera a como lo hace la derecha en los casos de corrupción . Nuestra ética nos debe llevar a crear cortafuegos eficaces que los eviten y a que en el caso de que no sean eficaces se responda dando la cara, sin tapujos ni ocultaciones.

Siempre he odiado esa frase que pronuncian solemnemente los que quieren perpetuarse en el poder interno: "la ropa sucia se lava en casa" sin luz ni taquígrafos. ¡De eso nada! La ropa sucia se lava de cara a una sociedad que nos exige hacerlo así. Los partidos políticos detentan tal poder que deben ser absolutamente transparentes hasta en la hora de hacer la colada. Es la única manera de ir recuperando la credibilidad perdida y consiguiendo trasladar que los corruptos son una minoría que se nos cuelan de vez en cuando pero que somos extraordinariamente rígidos a la hora de perseguirlos, caiga quien caiga.

La creación de cortafuegos exige que la estancia en la política institucional tenga una rotación constante, de ahí lo del límite de mandatos, evitando la acumulación de cargos, la profesionalización de quienes en su vida solo ejercen de políticos. Hay que estar (de paso) en política, no ser político, como si fuera una profesión.

Pero no solo ocurren casos mediáticos de corrupción, quizás las corruptelas que también nos abrasan y que pasan más desapercibidas sean el caldo de cultivo de las primeras. Que en Navarra, por ejemplo, el acceso del PSN a un poder compartido con la extrema derecha que representa UPN, además de un terrible error haya supuesto la colocación de todos los amiguetes, resulta una aberración para un partido de izquierdas. Es lo primero que habría que desterrar, cada puesto debe ser cubierto por quien sea más eficaz, por quien conozca el área más de cerca. ¿Cómo puede encargarse de obras públicas quien solo conoce las autopistas por haber circulado por ellas? ¿O bienestar social quien lo más cerca que ha estado de su problemática es al besar a sus abuelos?

La izquierda en general, la de allí y la de aquí, debe hacer un análisis en profundidad del porqué en los últimos años han aflorado en su seno tantos casos de corrupción, teorizar sobre las medidas a tomar y aplicarlas con la máxima rigidez. Siempre dando la cara y asumiendo con rapidez nuestras responsabilidades, evitando reaccionar con el: "pues anda que tú", que utilizamos a veces a la defensiva.

La izquierda debe ser adalid en la lucha contra la sinvergüencería en política, expulsando sin piedad a quienes la practiquen en su interior. Quizás así seamos capaces de que la sociedad nos deje de ver como oportunistas, caraduras que entramos en ella solo para aprovecharnos de su práctica y así volver a darle la dignidad que tuvo desde que se inició hace siglos ya en la Grecia clásica. Ojalá seamos capaces de hacerlo.

miércoles, marzo 21

Morir lentamente


En este poema, falsamente atribuido a Pablo Neruda pero que su autora real es la escritora brasileña Martha Medeiros, se reflejan diversos aspectos que pueden suponer una muerte lenta. Existen muchos más pero creo que para conmemorar el Día Internacional de la poesía viene muy bien al menos para que no acabemos muriendo lentamente. En este mi sancta sactorum debería haber puesto un poema mío, pero me manejo mejor en la prosa que en el verso.

Solo añadir a la belleza de estas estrofas que a menudo la cobardía, la sumisión, la autocensura, la falta voluntaria de libertad, el control de las sensaciones y sentimientos, es lo que realmente nos hace morir lentamente.

Por eso hoy el mejor homenaje que podemos hacer a la poesía en este inicio de una primavera loca es recuperando la ternura, las caricias, abrazos, besos, la pasión, hacer el amor con intensidad, charlar plácidamente esta tarde con nuestros amigos, leer un buen poemario, pasear por el bosque con el aire dándonos en nuestra cara, o bajo la lluvia primaveral, o quizás simplemente queriéndonos más, a nosotros mismos y a los demás, valorando lo que tenemos, esforzándonos para no perderlo.

A quienes entráis aquí con buena voluntad os deseo que hoy especialmente seáis felices y a quienes no lo hagan…..también.


Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su
vestimenta
o bien no conversa con quien no
conoce.

Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones
destrozados.

Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...

¡Vive hoy!

¡Arriesga hoy!

¡Hazlo hoy!

¡No te dejes morir lentamente!

¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

(Martha Medeiros)

martes, marzo 13

QUIERO


Quiero ser feliz y hacer felices a quienes tengo cerca, quiero que sea primavera todo el año, quiero tener de nuevo ganas de cantar, quiero escuchar el silencio, quiero que me respeten ser librepensador, quiero besar y que me besen, quiero que los coches no hagan ruido ni contaminen, quiero sentir aún más, quiero un mundo justo, quiero la sonrisa de un niño, quiero que no haya fanáticos de nada, quiero que se cultive más la mente que el cuerpo, quiero paseos cogido de la mano de quien amo, quiero seguir amando, quiero que no se agreda a nadie.


Quiero respetar y ser respetado, quiero hablar libremente sin que me quemen en la hoguera de la disciplina, quiero que la izquierda sea izquierda, quiero una sociedad despierta, quiero el olor de una flor, quiero acariciar y que me acaricien, quiero sentir y sentir, quiero pasear por un bosque limpio, quiero personas limpias…de espíritu, quiero hombres y mujeres libres, quiero poder mirar con placidez, quiero la brisa del mar en la cara, quiero ver cine de calidad, quiero escuchar música que me emocione.

Quiero leer y escribir, quiero que mi hijo me vuelva a querer, quiero no perder mis orígenes ni que mis orígenes me pierdan a mí, quiero dialogar, quiero escuchar y ser escuchado, quiero un baño en un mar cálido, quiero el olor de los hayedos en otoño, quiero el trinar suave de los pájaros, quiero el pleno empleo, quiero que no muera la gente de hambre, quiero que no existan guerras ni violencia, quiero sentarme solo a reflexionar, quiero no estar solo acompañado, ni acompañado solo, quiero sentirme vivo, quiero una sociedad más honesta, quiero recordar a la gente que me quiso, quiero hablar, dialogar, negociar, quiero que desaparezca Torquemada.

Quiero plantar lechugas y cebollas, quiero sentir la paz de una tarde, quiero coger de la mano, quiero abrazar y besar, quiero una buena comida para paladearla despacio, quiero paladear despacio el sexo, quiero sentir frío y calor, porque significa que aún estoy vivo. Quiero ser lo que quiero ser, quiero reír y llorar de emoción, quiero a mis buenos amigos y amigas, quiero a un hijo desde la lejanía de la distancia, quiero ser próximo, quiero ser buena persona, quiero el silencio, quiero el ocre del otoño, quiero la impresión de una tormenta en el monte, quiero al monte, quiero al río y al mar, quiero un perro fiel, quiero a la persona leal.

Quiero ternura, amor, cariño, quiero una mirada limpia, quiero un mundo sin corrupción de ningún tipo, quiero sensatez pero también audacia, quiero la generosidad de quien piensa más en los demás que en sí mismo, quiero el tacto de una hoja verde, quiero mirarme a los ojos sin sentir vergüenza, quiero una tarde frente al fuego de la chimenea, quiero tumbarme en una alfombra de lana, quiero ver, oír, saborear, tocar, oler, quiero que se acabe este mundo pero que nazca otro mejor.

Quiero que los que nos dirigen sepan, quiero justicia justa, quiero una buena comida con los amigos y amigas, quiero una sobremesa de debate tranquilo, quiero tranquilidad, quiero ver jugar felices a los niños, quiero que no me engañen, ni engañar, quiero que no me oculten, ni ocultar, quiero conocer aún más mi país, quiero viajes apacibles, quiero conocer aún más gente, sin descuidar a quienes conozco, quiero recuperar conocimiento, quier saber, quiero ver pasar la vida despacio, quiero el olor de la primavera que despierta los sentidos, quiero ser más imaginativo, quiero que la imaginación llegue al poder


Quiero el rock and roll, quiero sus baladas, quiero jóvenes rebeldes, quiero hacer mi revolución pendiente, quiero que la hagan también los demás, quiero las pequeñas cosas, quiero palabras de aliento, quiero el bálsamo en las heridas de la vida, quiero saborear lo que me quede, quiero ver volar los pájaros y como vuelven las cigüeñas, quiero que no me piquen los mosquitos, quiero un verano sin calor y un invierno sin frío, quiero que respetemos el planeta, quiero que los Mayas se equivoquen, quiero que si aciertan el último día estar con las personas que quiero y que me quieren, quier volar con mi imaginación, quiero soñar despierto y despertar soñando, quiero la belleza de un cuadro, quiero sentir que sienten, quiero perdonar a quien me agrede, quiero sensatez para seguir viviendo, quiero amar a quien me ama, ser amado por quien amo, quiero sentir, sentir, sentir…………

Quiero arriesgarme al borde de abismo, quiero oír crecer la hierba, quiero ver el silencio, quiero luchar por imposibles, quiero hacer lo imposible, quiero tocar con mis ojos y ver con mis dedos, quiero no necesitar mentir y no hacerlo, quiero ver el sol en la noche y la luna en el día, quiero subir montañas y bajar por los ríos, quiero sentir lo que siento, quiero que nunca necesite ayuda para vestirme o limpiarme, quiero ayudar a quienes sí lo necesiten, quiero ser condescendiente sin pasar de la gente, quiero ayudar a cruzar la calle, quiero seguir cediendo el asiento a las personas mayores, quiero ver con ternura el alzhéimer…hasta que me toque, quiero morir con dignidad, quiero vivir con dignidad, quiero valorar la valía del otro, quiero respetar al otro incluso en sus contrastes.

Quiero apagar los fuegos del alma, quiero encender las llamas de la pasión, quiero temblar de emoción, quiero llorar por cada poro de mi cuerpo, quiero hablar con nadie, quiero sonreír a la nada, quiero que escuchen mis lamentos, quiero que saboreen mis risas, quiero un tren que nos lleve al infinito, quiero que al llegar haya alguien allí, quiero que además llegue puntual, quiero un plato de alubias de Tolosa comida con gentes que me quieran, quiero las charlas alrededor de una mesa, quiero ser intrépido, quiero ser valiente en todos los aspectos de la vida, quiero desnudar mi alma, quiero atreverme a desnudar mi cuerpo, quiero un mundo sin dogmas ni estigmas, quiero que todas las profesiones sean dignas, quiero pasar tranquilo un paso de peatones, quiero una ciudad sin coches, quiero un bosque de ilusiones, quiero la paz, quiero la paz, quiero la paz.



Quiero que se llenen las bibliotecas y vacíen los gimnasios, quiero la musculatura en el cerebro, quiero una sociedad sin intolerantes y que los intolerantes queden fuera de la sociedad, quiero las rosas rojas, quiero la sangre caliente, quiero que no me salpique el aceite al freír ni cortarme al abrir latas, quiero valorar las pequeñas cosas, quiero enfrentarme a la muerte con honor sin bajarle la mirada, quiero estar loco cuerdo o cuerdo algo loco, quiero poder subir por las paredes y mirar desde el techo, quiero hacer bien lo que hago, quiero el teatro, el cine, la danza, quiero a quienes hacen música audible.

Quiero bajar sin caerme, quiero volver a ser un niño, quiero escuchar la respuesta del viento, quiero mojarme bajo la lluvia, quiero bajar a un volcán sin quemarme, quiero comer dulces sin que me afecte a la glucosa, quiero que el colesterol no me condicione, quiero que la salud no me abandone, quiero que tampoco me abandone el amor, quiero a mis amigos y amigas aunque estén lejos, quiero saborear un buen whisky, quiero disfrutar de un buen vino, quiero un gin tonic en charla amigable, quiero emborracharme con talento, quiero respirar, quiero la usencia y la presencia.

Quiero seguir queriendo.


sábado, marzo 10

Izquierda y los movimientos sociales


Todos los analistas políticos coinciden en apreciar que el éxito de los nuevos movimientos sociales y de las ONG's se está basando en el rechazo de la mayoría de los jóvenes a la militancia política tradicional. Y en su desconfianza hacia el supuesto papel transformador de los partidos de izquierdas; a los que ven como organizaciones cuasi-conspirativas, válidas para trepar y medrar, pero no para cambiar la sociedad.

La fuerza de las ONG's actuales, herederas de la tradición caritativa cristiana y de la filantropía liberal, se debe por tanto a la incapacidad de la izquierda para mostrar el camino de lo político como algo factible y eficaz.

¿Qué es lo que ofrece la izquierda al movimiento social? Hasta ahora sólo palabras como controlar, dirigir, descabezar... forman parte del lenguaje de los partidos cuando se refieren a las organizaciones más o menos volátiles, pero siempre pegadas a la base, de estudiantes, mujeres, consumidores, vecinos, padres y madres de alumnos, ciudadanos descontentos, etcétera. Y cuando se ha intentado algo, siempre ha ido dirigido a instaurar clones estériles de los partidos; que tenían un inmediato eco mediático e institucional descalificador, por su falta de autonomía. Los militantes de izquierda que sinceramente hemos participado en los movimientos sociales, hemos notado suspicacias posiblemente legítimas a la vista de esta situación.

¿Quién ha provocado el divorcio, el movimiento social o una izquierda enferma y debilitada? La respuesta, como en todos los divorcios, es compleja. Internamente, la izquierda está viviendo un periodo de vaciamiento de ideas y propuestas. Una auténtica esterilización ideológica que ha arrastrado a su vida orgánica, derivándose de esto (en el caso del partido mayoritario, el socialista) que sus agrupaciones, sus casas del pueblo, no sean ya centros de debates y de discusiones, sino casi exclusivamente lugares de enfrentamiento entre "familias", "clanes" y "sensibilidades", cuyos ejes de confrontación más que en lo ideológico están en las cuotas de poder a alcanzar. ¿Cómo lo político no va a oponerse a lo social, desde esta realidad?


Lógicamente, los movimientos sociales se han convertido en la vanguardia ciudadana que no encuentra cauce en los partidos. En los que sólo ven estructuras rígidas y caducas, sin capacidad para dar respuesta a sus aspiraciones cotidianas. Los movimientos buscan objetivos de cambios progresistas sin necesidad de revestirlos ideológicamente.

Si hay un discurso común en los Movimientos Sociales, éste es el rechazo del individualismo como filosofía de vida; y el sublevarse contra la pérdida de los referentes, principios y valores. Y si rechazan el individualismo es precisamente porque la teoría del "sálvese quien pueda" existe, y la pasividad actual es una fuerza poderosa de disgregación social.

El mensaje de fondo de los Movimientos Sociales es profundamente político, y opuesto de raíz a las políticas neoliberales que nos llevan a una sociedad escindida. Envían en la práctica el mensaje que la izquierda quiere dar, pero que no sabe transmitir a los ciudadanos. Con un lenguaje nuevo que hasta ahora la izquierda no ha sabido escuchar. Y no sabe porque sus partidos actúan como meros aparatos electorales, sin capacidad para generar ilusión ni para vertebrar las ansias de participar en la "cosa pública".

Por eso es fundamental rescatar el sentido originario que tiene el partido, como punta de lanza transformadora, para el socialismo democrático. Tenemos que reorientar a los partidos de izquierda para que sean instrumentos de participación política. Para que no traten de controlarlo todo sino que, al contrario, sirvan de estímulo y aglutinante. Para que los movimientos sociales encuentren en ellos una herramienta con la cual conseguir en el campo político lo que en el social intentan solucionar.

Es decir, unos partidos que escuchen y aprendan de la base social. Sólo así se podrá construir una sociedad en progreso, más humana y solidaria, cuyos valores no estén basados en el simple crecimiento económico especulativo, sino en el equilibrio social y en la redistribución justa de la riqueza.

Se trata, por tanto, de no aceptar la falsa dicotomía entre el paliar y el cambiar. Si renunciamos a un cambio social profundo, si consentimos que el Estado decline su responsabilidad y la cargue sobre el voluntarismo del movimiento social, si aceptamos una sociedad caminando hacia la disgregación en lugar de hacia el equilibrio, el voluntariado se parecerá cada vez más a la caridad. E irá perdiendo su tremenda fuerza transformadora.

Si al mismo tiempo los que seguimos defendiendo una izquierda activa y renovada renunciamos a escuchar el mensaje que nos viene de las ONG's, estaremos cerrando la puerta a una juventud que tiene muy claro que no puede renunciar a actuar localmente para pensar globalmente. Y que defiende conceptos tradicionales de esa izquierda como la movilización en defensa de los derechos humanos, la ecología, la igualdad entre sexos, una revolución científico-técnica de dimensión humana, etcétera.

El futuro próximo de los partidos de izquierda debe traer consigo un cambio en los ejes de sus relaciones con los Movimientos Sociales. Fortaleciendo un potencial que no ha de perderse: el de las propias bases de esa izquierda, proclives a actuar como dinamizadoras de nuestra sociedad. Si este potencial queda reducido a la lógica de las cuotas de poder, el resultado será una regresión aún mayor de todo cuanto significa la izquierda de este país.

Se logrará un avance social y político para toda la izquierda si aprendemos una lección importante: que hay que escuchar. Escuchar, sobre todo, lo que nos llega de los Movimientos Sociales. Y al mismo tiempo dialogar con ellos con un lenguaje claro y unívoco, de igual a igual. Porque un socialismo que escucha puede llegar a ser de nuevo una fuerza imparable

domingo, marzo 4

Amigo Enrique Curiel


El pasado viernes 2 se cumplió el primer aniversario de la muerte de un gran amigo, gran político, de esos que ya se encuentran en vías de extinción, uno de los pocos ideólogos que aún nos quedaba a la izquierda y especialmente una gran persona: Enrique Curiel.

Desde mi sancta sanctórum, aquí donde vierto mis reflexiones, mis análisis y en algún momento mis sentimientos quiero rendirle con dos días de retraso mi humilde homenaje, desde el cariño, la añoranza y el respeto.

Fuimos muy amigos, aunque nuestra relación, como la de las buenas parejas, era turbulenta en algunas ocasiones. Él era todo sensatez, mientras que por mi parte mi indisciplina crónica hizo que chocáramos en multitud de ocasiones. “Coño Úriz, es que siempre vas a tu bol” me solía decir cuando le sacaba de quicio con mis salidas de tono. El enfado apenas le duraba unas semanas y creo que al final me dejó por imposible.

Pero siempre existía entre nosotros una química difícil de ver en las relaciones políticas actuales, donde todo se hace demasiado mecánicamente.

Vivimos experiencias históricas, aunque esta palabra resulte demasiado manida, desde nuestra común militancia en el PCE y en el movimiento estudiantil de la Universidad de Madrid, hasta el abandono de una organización a la que dimos tanto, la formación de la Fundación Europa (un grupo de gentes muy importantes, políticamente hablando) como paso previo a nuestra entrada en el PSOE.


Admiraba de él su lucidez, como era capaz de analizar los acontecimientos políticos y sociales con una gran perspicacia y rapidez, envidiaba la manera en que luego lo trasladaba al negro sobre blanco de sus escritos.

Creo que en los dos partidos en los que militó, al igual que mi caso, se le trató injustamente. Las envidias en algún caso y los recelos en otros impidieron que aunque ocupó puestos importantes, vicesecretario del PCE, diputado del PCE y PSOE y senador, no acabó de rematar la faena. La mediocridad que impera en los partidos políticos reaccionó mal ante su brillantez en el análisis y la dialéctica.

Pero quizás en el terreno donde más coincidimos fue en nuestro trabajo por conseguir la paz en Euskadi. Cuando las circunstancias de la vida me llevaron a Navarra hablábamos constantemente de la situación allí y de las medidas que se debían adoptar para acabar con ese largo conflicto. Era partidario del diálogo, del entendimiento y de la negociación y llevó esa tesis a sus últimas consecuencias personales.


Conocer a una figura emergente como Patxi Zabaleta, se lo presenté allí por 1989, fue fundamental para conseguir su interés definitivo por este asunto. Combinamos relaciones políticas y personales por igual, comidas, cenas en casa de Patxi, en la mía, o en Restaurantes de Pamplona o Medinaceli (un pueblo e Soria que acogió diversos contactos) fue sedimentando una amistad que duró hasta el final de sus días.

Hay mucho que escribir de aquellos años, anécdotas más o menos importantes pero tengo la sensación que aquellas actividades, de aquellas relaciones, tuvieron más responsabilidad en lo que sucedió después que muchas otras más mediáticas. Pasaron por nuestras vidas mucha gente, Almunia, Rubalcaba, Felipe, Borrell, Patxi, Barrena, Permach, Odón, Dani, Txiki…….

Habíamos hablado de escribir un libro sobre todas aquellas “aventuras”, pero se ha ido sin hacerlo, me temo que me ha dejado a mí la responsabilidad de hacerlo, al menos para que se conozca el esfuerzo, la aportación. Se lo debo, se lo debemos.

Me llamó la atención la facilidad con la que firmaron el artículo que escribimos en su memoria gentes tan diferentes como Nicolás Sartorius, Santiago Carrillo, Txiki Benegas, Xoxe Manuel Beiras, Odón Elorza…., personas que le querían, le respetaban.

Hoy aquí mientras escribo estas líneas se agolpan acontecimientos, imágenes, momentos amargos y dulces, debates, reflexiones, incluso alguna bronca, pero sobre todo la figura de un amigo, de una persona excepcional cuyo hueco es imposible de cubrir. También ahora me acuerdo de Carmen “la rubia”, su compañera. Componían una de esas parejas que no pasan desapercibidas, llenas de vida, de cariño, diferentes, brillantes.

Bueno Enrique, allí donde estés (como buen comunista no era creyente) seguro que me echarás una mano para que me extravíe demasiado. Quizás algún día nos encontremos de nuevo de alguna manera y me volverán a reprender con paciencia y cariño. Que sepas que ese 2 de Marzo me quedé un poco más solo, me dejaste huérfano políticamente, pero cuando en alguna ocasión en estos doce meses he estado a punto de meter la pata he sentido que alguien, supongo que tú, me daba un tirón de orejas para hacerme rectificar.

Un abrazo fuerte viejo amigo, compañero de aventuras, maestro. Te quiero y te recuerdo. Me tomaré un tequila a tu salud.


jueves, marzo 1

¡Obreros y estudiantes unidos!


Hay ciertos detalles de las últimas revueltas estudiantiles (Valencia y Barcelona especialmente) que me recuerdan a los finales de los años 60. En aquella época acababa de ingresar en la universidad de Madrid, primero en Físicas, luego en Telecomunicaciones y finalmente en Económicas, un periplo lleno de vicisitudes y emociones de la mano de mi reciente ingreso en el Partido Comunista y en comisiones obreras. Por cierto, al mismo tiempo que trabajaba en una empresa de Artes Gráficas. Los jóvenes proletarios de aquella oscura época iniciábamos nuestra andadura por una universidad elitista desde el esfuerzo del trabajo previo para poder financiarlo.

Eran años duros en los que desde los sectores de la izquierda se comenzaba a atisbar el final del franquismo, teorizábamos que había que empujarlo fuerte para derribarlo. La aparición del movimiento estudiantil, aún quedan en la imágenes colectivas la manifestación encabezada por Tierno Galván, Enrique Curiel, o Raúl Morodo entre otros muchos, pilló por sorpresa a un régimen que vigilaba de cerca los movimientos obreros y sociales dirigidos desde el PCE y unas emergentes Comisiones Obreras, pero no se esperaban que la confrontación viniera de un lugar como la universidad, tomada por sus cachorros.

Aquellas manifestaciones, aquella revuelta, los grises en la universidad, incluso entrando en su interior con caballos, despertó a un movimiento obrero todavía incipiente. Se empezaba a fraguar la unidad entre obreros y estudiantes. De ahí a la batalla final contra un régimen que solo supo reaccionar con la represión, el encarcelamientos de sus líderes y alguna tropelía mayor, asesinatos de estudiantes, obreros y abogados laboralistas incluido.

Aquella época puede parecer que no tiene nada que ver con la actual, pero quizás lo que está ocurriendo en las últimas semanas nos indique que puede haber muchos más elementos comunes de los que imaginamos.

No hay un franquismo aferrado a un poder obtenido de manera ilegítima, pero sí hay una derecha social, política, financiera, religiosa dispuesta a seguir controlando los mecanismos de poder cueste lo que cueste y caiga quien caiga, incluido los derechos conseguidos durante décadas. El brutal ataque al Estado del Bienestar, el recorte de derechos básicos, llevando a sectores mayoritarios de nuestra sociedad al límite de sus posibilidades hacen que aquel franquismo, aquellos franquistas se parezcan mucho a sus herederos. Y por eso no es de extrañar que las reacciones de los estudiantes se parezcan también a las de sus predecesores. Solo falta ahora que la clase obrera también tenga el mismo parecido.

Una clase obrera que lleva demasiado tiempo anquilosada, dormida, incluso renegando de su denominación: obrera, afectada aún por las tesis manipuladores de Fukujama y su final de las ideologías, con sus dirigentes domesticados. ¿Qué parecido hay entre el Marcelino Camacho o Julián Ariza de entonces y Toxo o Méndez de ahora? Ninguno, ninguno! Quizás ese sea uno de los problemas y la explicación del por qué de nuevo comienzan la lucha los estudiantes. Porque son los que han sido capaces de romper con esa parálisis que nos invade a las izquierdas.

¿Qué hacer?

Como decía Lenin, qué hacer ahora? Pues lo que resulta evidente es que se debe continuar la lucha, como en los años 60 y 70, desde la unidad de obreros y estudiantes, si es necesario pasando por encima de los inmovilistas, burócratas, lacayos del poder, que dominan los aparatos de los partidos y sindicatos. O se ponen a la cabeza del movimiento revolucionario iniciado, o que se aparten al menos para no estorbar.

¿Revolucionario? ¿Hay que plantearse hacer una revolución? ¿Qué supone ese concepto? Revolución, según el diccionario de la RAE significa: “Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”. La única palabra que nos puede chirriar hoy en día es lo de “violento”, el resto es perfectamente aplicable a lo que debemos hacer, pero quizás haya maneras de hacerlo sin violencia. ¿O no? Depende de la aplicación de esa violencia. Si la entendemos como pasar a cuchillo a todos los banqueros, políticos, empresarios, financieros, obispos, causantes de esta terrible situación, pues la respuesta es claramente: NO. Pero si para que se produzca ese cambio, que debe ser radical, profundo, hay que hacer manifestaciones, huelgas, tomas, concentraciones, boicots, y otros mecanismos de presión social, estudiantil, obrera parecidos, la respuesta es: SI!


¡Obreros y estudiantes unidos! Ese grito sonó fuerte, contundente hace casi 50 años. Ese grito, su unidad de acción es necesario, imprescindible en este nuevo tiempo, para evitar que los lobos acaben con nosotras y nosotros definitivamente.

Los estudiantes de Valencia, Barcelona y otros lugares nos han marcado el inicio del camino, solo falta ahora que seamos capaces de recorrerlo juntos. Espero que no haga falta tener que volver a hacerlo desde la clandestinidad.