sábado, diciembre 15

Quo vadis mundo?


Bon dia, buenos días, egun on, con sol, al fin veo el sol, como un león enjaulado porque ya estoy loco porque se termine esta tos aquerosa, pero habrá que aguantar. Observo horrorizado la masacre en EE.UU., de nuevo en un colegio, pero esta vez de niños pequeños y me pregunto qué puede pasar por la cabeza de un joven de 20 años para hacer algo tan horrible, más allá de la falta de control de armas que tiene ese país, en el que cualquier loco puede poseer un armamento destructivo, me hago esa pregunta. Un joven en el país más poderoso, sin necesidades materiales, pero parace que sí psicológicas y quizás afectivas, dominado por una cultura que les acaba enloqueciendo. ¿Qué leía, qué veía, qué música escuchaba, cuáles eran sus gustos? Quizás ahí estén las claves, pero algo que se nos escapa de las manos está ocurriendo.

Precisamente ayer veía un reportaje del nuevo “juego” que practican jóvenes de este país (no nos confundamos pensando que lo de ayer es propio de américa en exclusiva, creo que los males que asolan a los jóvenes son ahora universales), los “destroyers” que consiste en atizar patadas en la cabeza a otros jóvenes que esperan impávidos la agresión, la graban y la cuelgan en la red como un trofeo. Terrible pero real, en éste país!!!!!!
 

Me viene muy bien para esta reflexión la gran película que vi ayer: “La ola” un espléndida producción alemana que reflexiona sobre la autocracia a través de una experiencia de un profesor con sus alumnos adolescentes, con una pregunta inicial y su consiguiente respuesta final: ¿Sería posible hoy en día en Alemania que un nuevo imperio nazi se impusiera? La respuesta fulminante y unánime resulta un no sonoro, pero el desarrollo posterior les acaba demostrando a través de su propia experiencia que sí es posible, vaya que es posible! Y por lo tanto que no podemos ni debemos bajar la guardia, en especial sobre la educación que damos a nuestros adolescentes. Eso es algo a menudo olvidamos enzarzados como estamos en un día a día que absorbe nuestras energías como si de un vampiro se tratara.
 
 

Soy consciente que soy muy crítico con la juventud actual, una juventud lastrada por nuestros propios errores, que no ha conocido las necesidades (veremos cómo reaccionan ahora que se les vienen encima de manera abrumadora), a los que no se les han fijado los límites, ni las normas básicas de convivencia, que viven más en lo virtual que en lo real. Ver a los y las jóvenes en el metro de Barcelona con sus máquinas, sus móviles, o sus i pone, o phone, u pone, o no sé qué pone, eriza los pelos como escarpias. La crisis de valores que nos asola les está sacudiendo de lleno y mucho me temo que no estamos haciendo nada por evitarlo.

Lo de EE.UU. no es ni una casualidad, ni una excepción, tengámoslo en cuenta.
 

Por último la nota alentadora, como un soplo de aire fresco es el detalle del atleta vitoriano de 24 años Iván Fernández que en el cross del pueblo de al lado, Burlada, dejó pasar al atleta keniano que le superaba de largo pero que se equivocó al llegar a la meta y se paró perdido. Él lo cogió, lo dirigió hacia el camino real a la meta y le permitió ganar. Martí Fiz su entrenador declaró que eso solo lo hace él, que nadie, ni incluso él mismo, lo habría hecho. Es la excepción que confirma la regla y que nos permite al menos un rayo de esperanza. Con eso me quedo al afrontar un nuevo día.

Ser felices a pesar de todo y cuidaros que quedamos pocos y pocas buenas.

 

2 comentarios:

  1. Maravilloso artículo para reflexionar. Yo tengo varias respuestas y creo que coincidirás conmigo, no se si son acertadas pero a mi me dieron resultado, me doy cuento hoy que mis dos hijos ya están grandes (mi princesa, 20 años, mi guapo hijo, 26)y veo cómo han encarrilado sus vidas tomando en cuenta los principios que les inculqué. No voy a negar que con el varón debí hablar mucho pero cuando llegó el momento de darle su primer cachetazo (por faltarme el respeto, algo que jamás hice con él ni con nadie) vino una seguidilla pues si los límites no se entienden conversando y bueno, no soy amiga de la violencia pero si mi hijo está entrando en un laberinto del que no podrá salir, es mi deber no dejarlo entrar sea como sea. Jamás he dejado de ejercer mi profesión y eso no significó que los descuidara, si debía posponer el gimnasio o algunas horas de sueño, allí estaba cuando era preciso. Digo, los jóvenes de hoy son producto de padres abandónicos. Tomando el lamentable caso de este muchacho de 20 años, según palabras de su hermano, su madre le enseñó a utilizar las armas de fuego desde pequeño "Ha creado un monstruo" (sic) pero si queremos tomar la sociedad estadounidense en general, mi opinión es que están tan ocupados corriendo tras "el sueño americano" (léase: Ir tras lo material) que descuidan los valores del alma. Por último, a mi todo este asunto me recuerda a la película "THE WALL.

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  2. Muchas gracias por tu aportación, muy interesante, seguimos en contacto. Un abrazo.

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