jueves, mayo 3

HOLLANDE: la última esperanza de la izquierda

Artículo publicado en DEIA el 3 Mayo 2012:
En la tremenda situación de crisis que nos atenaza, lo más destacable es la ausencia de una izquierda europea que ni está ni se la espera. Los sucesivos fracasos electorales de los últimos dos años, culminados con la pérdida del poder en los tres países más débiles: Grecia, Portugal y España han dejado a esta izquierda totalmente inerme, derrotada después de haber demostrado su incapacidad para dar alternativas a la gravísima situación económica y social que atravesamos, al menos con recetas clásicas de la izquierda. Quizás si se hubiera sido más valiente en lugar de plegarse a las presiones de los “mercados” y de los organismos económicos internacionales, quizás si no se hubiera sido tan sumiso a los dictámenes de la todopoderosa Ángela Merkel, ahora la situación no sería tan dramática. Pero no se hizo y estamos donde estamos, con Merkel dictando las órdenes correspondientes y haciendo del control del déficit público su sancta sanctórum que nadie osa discutir, por más que en los últimos días haya habido algunas, pocas, voces discrepantes como la del Presidente de Italia, el tecnócrata Mario Monti, que han conseguido por primera vez en los últimos años hacerla tambalear levemente. Pero la campaña electoral en Francia ha hecho emerger una figura que casi todo el mundo creía perdida, la de Francois Hollande, especialmente después de su sonada derrota ante la que fuera su pareja Ségoléne Royal. Pero su perseverancia, su tozudez ha hecho que de nuevo esté en primera línea de la política francesa y por tanto europea, tras haber ganado unas primarias democráticas en el seno del PSF y la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas. Sus novedosas propuestas y especialmente las referidas a temas económicos y de defensa de los derechos sociales, su defensa radical del Estado del Bienestar y su confrontación con Merkel han conseguido suscitar la atención de las izquierdas europeas y han levantado su ánimo absolutamente alicaído. Las nuevas tesis defendidas por Holland, próximas por fin a los postulados de la izquierda clásica, de que solo el control del déficit no nos va a sacar de la crisis, la necesidad de renegociar un nuevo tratado de disciplina fiscal al que se debe añadir un programa de estimulación al crecimiento, culminado por la respuesta a la canciller alemana al afirmar que “disciplina presupuestaria sí, austeridad de por vida no”, han reabierto el debate, no solo en esa izquierda huérfana de lideres apenas hace unas semanas, sino también en toda la comunidad política y económica internacional. Especialmente relevante ha sido el comentario, que ha parecido de apoyo, de Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo que al hilo de esas tesis ha defendido la necesidad de volver atrás e ir a un pacto de crecimiento.
La pregunta al hilo de este cambio de rumbo es: ¿Cómo es posible que solo con la victoria por la mínima de Hollande el domingo 22 de Abril, haya provocado este terremoto? Es probable que ésta solo haya sido la gota que desborda el vaso ante el convencimiento en las autoridades económicas europeas, de que con las draconianas medidas impuestas hasta ahora no se están dando los resultados esperados y que quizás en ese ánimo de búsqueda desesperada de soluciones hayan observado con atención y quizás con esperanza las propuestas de Hollande. Pero los resultados del pasado 22 de Abril no solo han supuesto el triunfo provisional de la izquierda, por cierto por la mínima, no vayamos a vender la piel del oso antes de cazarlo, también se ha visto un crecimiento espectacular y preocupante de la extrema derecha que con casi el 20 % ha batido su propio record. La sombra del populismo se cierne sobre una Europa compleja con grandes diferencias, ahora agudizadas por la crisis, entre el norte y el sur y una situación explosiva frente a su gran tasa de inmigración y paro. Los poderes económicos y financieros, o al menos los menos ortodoxos e intransigentes es probable que estén reflexionando que por este camino la cuerda se puede romper y que sus intereses se puedan ver más perjudicados con el auge de ese populismo de reacciones inciertas e incontroladas, que con una hipotética victoria de la izquierda en Francia que abra la puerta en el futuro a un giro en esa dirección en los próximas contiendas electorales, la de Alemania por ejemplo. La reacción del SPD, prácticamente desaparecido en los últimos tiempos, en las semanas posteriores a la victoria de Hollande puede servir de ejemplo. Su defensa de la tasa para transacciones financieras y la necesidad de un plan maestro que impulse el crecimiento en países como España para evitar su colapso, se alinea con claridad con las posiciones defendidas por un líder socialdemócrata francés al alza.
El próximo domingo 6 de Mayo no solo se juegan mucho los franceses en esas elecciones vitales para el futuro de la izquierda, nos jugamos mucho, puede ser que todo, los europeos, o al menos los que en este continente defendemos las viejas tesis de la igualdad, libertad, fraternidad y solidaridad. Va a ser la última oportunidad de dar un giro a la errónea dirección por la que caminamos. Es la última oportunidad para que la izquierda nuevamente lidere un cambio de unas políticas económicas que solo están trayendo el empobrecimiento, la injusticia, paro, supresión de derechos básicos conquistados en décadas de lucha y el peligro de la quiebra del Estado de Bienestar. Da la sensación de que incluso los poderes financieros, económicos ligados a la derecha se encuentran también tan desorientados, tan asustados por lo que puede venir, porque el tsunami que puede originar la situación de desesperación en la que se encuentran millones de personas también les pueda llevar por delante, que aunque al principio reaccionaron con una leve oposición a la victoria de Hollande, ahora dejan hacer a ver si éste, a ver si la izquierda les saca de este atolladero al que nos han llevado. El domingo puede ser el principio de una nueva era, la última oportunidad y si fracasa, fracasamos todos Entonces la única opción que nos quedará será aplicar la praxis revolucionaria, o todos o ninguno, e iniciar un proceso de lucha revolucionaria hasta el final, radical, sin concesiones al enemigo. Entonces lo que ha ocurrido en Grecia los últimos meses quedará empequeñecido por lo que puede pasar en España, en Portugal, en Italia y se podría extender como un reguero de pólvora por toda Europa. Hollande es la última oportunidad de la izquierda, sí, pero probablemente también del resto. Mientras deseamos que el domingo 6 la ciudadanía francesa acierte, estaremos esperando el resultado con expectación y esperanza.

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