jueves, mayo 17

El mundo al borde del precipicio

Desde mi observatorio de la realidad observo y reflexiono hoy 17 de Mayo, un poco harto ya de ver problemas alredor que no nos permiten vivir la vida con un mínimo de calidad. Ayer escuché mucha música y leí poco, me dediqué más a sentir que a elaborar y quizás hoy debiera darle una vuelta haciendo lo contrario. Ya veremos. Mi primera observación a través de los medios de comunicación digitales me dice que todo sigue igual. Que todo sigue igual…de mal, de catastrófico y que no existe ningún motivo para la esperanza de que cambie ni a corto, ni a largo plazo. Gris, tirando a negro en esta fresquita mañana de un Mayo extraño. Toda reflexión que se precie además de un análisis científico y riguroso debe aportar algunas soluciones. Vengo repitiendo machaconamente que ante esta situación existe las reacciones clásicas, la más radical, la subversión, la rebelión como camino a la revolución. Una revolución moderna y civilizada (¿es posible hacer una revolución moderna y civilizada?) pero que sea capaz de derrotar a poderes extremadamente poderosos y que además tienen a su favor el no disponer de cara. ¿Alguien le pone cara a los “mercados”? Pero también existen otras soluciones menos……como diría, violentas. Las de carácter electoral se están produciendo ya en otros países como Francia, Alemania o Grecia, pero aquí tardarán aún tres años y medio en llegar. Para entonces todos calvos.
Pero ¿y si vamos a la raíz del problema? ¿Y si atacamos a la línea de flotación del sistema (ahora a mis 63 años me vuelvo anti sistema, manda carajo!)? ¿Qué pasaría, ahora que nos acojonan con lo del posible “corralito” si retiramos en masa los pocos fondos que nos quedan en los bancos? ¿Qué pasaría si todos, TODOS dejamos de pagar nuestras hipotecas, la luz, el gas, el teléfono? ¿Sería eso una revolución de nuevo tipo? Indudablemente produciría un terremoto de consecuencias imprevisibles, pero qué más da, si ya nos sitúan al borde del precipicio. Si hacemos una cosa así nos situamos a todos, a ellos también, al borde de ese mismo precipicio. Sería una medida radical, pero para que fuera eficaz debiera ser seguida por todos, o al menos por la mayoría. ¿Es eso posible? Me temo que no, pero ahí queda dicho por un loco (¿o cuerdo?) una mañana fresca de primavera del 2012. También añado mi reflexión de ayer: Acabamos de celebrar el 15-M, desde hace un año cada vez que nombramos o escribimos esta fecha nos referimos a un movimiento popular espontáneo e ilusionante que nació hace un año en nuestro país y que supuso un instante de viento fresco en un enrarecido ambiente. Surgía como reacción ante las agresiones de un sector financiero, económico y político que en su afán de lucrarse fácilmente nos había conducido al borde del abismo, pretendiendo ahora resolver sus errores arrasando nuestros derechos. Es cuando menos para hacernos reflexionar, al menos a la izquierda, que precisamente haya surgido con ella en el poder y también que se haya ido desinflando precisamente cuando gobierna la derecha más reaccionaria de Europa. Después de un complejo año de vida, con un transcurrir parecido al Guadiana, aparecer y desaparecer, ahora se celebra este aniversario con asambleas y concentraciones al estilo del original, pero que me da la sensación no tiene ni la ilusión ni el espíritu de aquel. Del análisis de lo que ocurrió hace un año lo más a resaltar es que aquel movimiento no consiguió ninguno de sus propósitos, ni levantó a una masa cada día más aborregada, aletargada, entregada y humillada, ni movió un ápice a los poderes que pretendía frenar. Todo siguió según lo planificado en los oscuros despachos de siniestro “mercado”, nada cambió con su aparición y me temo que nada va a cambiar con su resurrección actual. Esa sensación de frustración, de que algo se está haciendo mal puede que de nuevo acabe con él, provocando aún más desánimo y desilusión a las élites que lo impulsan. Por que quizás ese sea uno de sus problemas: que son élites, pero no las clásicas capaces de luego movilizar a las masas siendo capaces te trasladar su impulso revolucionario hasta las últimas consecuencias. También la extraña mezcla que se está produciendo entorpezca su misión revolucionaria. Gentes de izquierdas desencantadas con los partidos que debieran representarles junto a complejos y ambiguos anti sistema con un tufillo pseudo fascista hacen que no consigan la confianza de la mayoría. Además faltan ideólogos y líderes consolidados, potentes, porque estos, al menos los más formados, siguen militando en los partidos clásicos, aburguesados y paralizados por la esclerosis que les afecta.
Por eso el poder, el que parece y el real, no está sintiendo la más inquietud por lo que está ocurriendo, se siente seguro en su torre de marfil y lo que más teme, el posible efecto electoral, se encuentra aún lejos. ¿Qué hacer pues? ¿Qué podemos hacer para que esta rabia, esta indignación se canalice hacia cambios realmente revolucionarios? Solo queda una esperanza: despertar a los partidos de izquierda, especialmente al PSOE. Presionar desde fuera pero sobre todo desde dentro para desperezarlos, para que salgan también a la calle y lideren un movimiento que ellos debieran haber creado desde el inicio. Que sean capaces de ser activistas y también de dotarlo de contenido ideológicos, profundo, poniendo negro sobre blanco las propuestas que están surgiendo y llevarlas a donde realmente pueden ser eficaces: Parlamentos, Ayuntamientos, Diputaciones, medios de comunicación, allí donde sí hacen daño realmente a estos siniestros poderes financieros, económicos, políticos o religiosos. Eso combinado con una campaña para internacionalizar el movimiento, para llevarlo al resto de Europa de manera organizada y coordinada, para lo que también los partidos de izquierda son necesarios, vitales. Movimientos de masas, vanguardias organizadas, elites que aporten el soporte ideológico, táctica, estrategia, lucha, resistencia. Proceso revolucionario, cambio, transformación. Todo ello con alguna gota de sentimiento, pasión, ilusión y esperanza. Quizás, puede que quizás………………

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