domingo, marzo 4

Amigo Enrique Curiel


El pasado viernes 2 se cumplió el primer aniversario de la muerte de un gran amigo, gran político, de esos que ya se encuentran en vías de extinción, uno de los pocos ideólogos que aún nos quedaba a la izquierda y especialmente una gran persona: Enrique Curiel.

Desde mi sancta sanctórum, aquí donde vierto mis reflexiones, mis análisis y en algún momento mis sentimientos quiero rendirle con dos días de retraso mi humilde homenaje, desde el cariño, la añoranza y el respeto.

Fuimos muy amigos, aunque nuestra relación, como la de las buenas parejas, era turbulenta en algunas ocasiones. Él era todo sensatez, mientras que por mi parte mi indisciplina crónica hizo que chocáramos en multitud de ocasiones. “Coño Úriz, es que siempre vas a tu bol” me solía decir cuando le sacaba de quicio con mis salidas de tono. El enfado apenas le duraba unas semanas y creo que al final me dejó por imposible.

Pero siempre existía entre nosotros una química difícil de ver en las relaciones políticas actuales, donde todo se hace demasiado mecánicamente.

Vivimos experiencias históricas, aunque esta palabra resulte demasiado manida, desde nuestra común militancia en el PCE y en el movimiento estudiantil de la Universidad de Madrid, hasta el abandono de una organización a la que dimos tanto, la formación de la Fundación Europa (un grupo de gentes muy importantes, políticamente hablando) como paso previo a nuestra entrada en el PSOE.


Admiraba de él su lucidez, como era capaz de analizar los acontecimientos políticos y sociales con una gran perspicacia y rapidez, envidiaba la manera en que luego lo trasladaba al negro sobre blanco de sus escritos.

Creo que en los dos partidos en los que militó, al igual que mi caso, se le trató injustamente. Las envidias en algún caso y los recelos en otros impidieron que aunque ocupó puestos importantes, vicesecretario del PCE, diputado del PCE y PSOE y senador, no acabó de rematar la faena. La mediocridad que impera en los partidos políticos reaccionó mal ante su brillantez en el análisis y la dialéctica.

Pero quizás en el terreno donde más coincidimos fue en nuestro trabajo por conseguir la paz en Euskadi. Cuando las circunstancias de la vida me llevaron a Navarra hablábamos constantemente de la situación allí y de las medidas que se debían adoptar para acabar con ese largo conflicto. Era partidario del diálogo, del entendimiento y de la negociación y llevó esa tesis a sus últimas consecuencias personales.


Conocer a una figura emergente como Patxi Zabaleta, se lo presenté allí por 1989, fue fundamental para conseguir su interés definitivo por este asunto. Combinamos relaciones políticas y personales por igual, comidas, cenas en casa de Patxi, en la mía, o en Restaurantes de Pamplona o Medinaceli (un pueblo e Soria que acogió diversos contactos) fue sedimentando una amistad que duró hasta el final de sus días.

Hay mucho que escribir de aquellos años, anécdotas más o menos importantes pero tengo la sensación que aquellas actividades, de aquellas relaciones, tuvieron más responsabilidad en lo que sucedió después que muchas otras más mediáticas. Pasaron por nuestras vidas mucha gente, Almunia, Rubalcaba, Felipe, Borrell, Patxi, Barrena, Permach, Odón, Dani, Txiki…….

Habíamos hablado de escribir un libro sobre todas aquellas “aventuras”, pero se ha ido sin hacerlo, me temo que me ha dejado a mí la responsabilidad de hacerlo, al menos para que se conozca el esfuerzo, la aportación. Se lo debo, se lo debemos.

Me llamó la atención la facilidad con la que firmaron el artículo que escribimos en su memoria gentes tan diferentes como Nicolás Sartorius, Santiago Carrillo, Txiki Benegas, Xoxe Manuel Beiras, Odón Elorza…., personas que le querían, le respetaban.

Hoy aquí mientras escribo estas líneas se agolpan acontecimientos, imágenes, momentos amargos y dulces, debates, reflexiones, incluso alguna bronca, pero sobre todo la figura de un amigo, de una persona excepcional cuyo hueco es imposible de cubrir. También ahora me acuerdo de Carmen “la rubia”, su compañera. Componían una de esas parejas que no pasan desapercibidas, llenas de vida, de cariño, diferentes, brillantes.

Bueno Enrique, allí donde estés (como buen comunista no era creyente) seguro que me echarás una mano para que me extravíe demasiado. Quizás algún día nos encontremos de nuevo de alguna manera y me volverán a reprender con paciencia y cariño. Que sepas que ese 2 de Marzo me quedé un poco más solo, me dejaste huérfano políticamente, pero cuando en alguna ocasión en estos doce meses he estado a punto de meter la pata he sentido que alguien, supongo que tú, me daba un tirón de orejas para hacerme rectificar.

Un abrazo fuerte viejo amigo, compañero de aventuras, maestro. Te quiero y te recuerdo. Me tomaré un tequila a tu salud.


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