jueves, enero 19

El silencio imposible.


Hace varios años el Defensor del Pueblo de Navarra elaboró un informe en respuesta a las quejas de unos vecinos contra el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia. En ese informe además de dar la razón a la vecina que se quejaba de los ruidos producidos por una puerta metálica incluía diferentes informes en los que diferentes organismos internacionales equiparaban al ruido con la tortura. Una tortura que puede producir graves daños en la salud de la ciudadanía que los sufre.

Es cierto que hoy en día es casi imposible disfrutar del silencio. Un silencio que te permite relajarte, reflexionar, leer, o simplemente mirar el paso de la vida con un mínimo de tranquilidad. El silencio es salud al igual que el ruido es enfermedad.

Incluso en los lugares más apartados (ahora vivo en uno de ellos, Sant Fost, sobre el que estoy escribiendo un artículo que titulo “Sant Fost, ciudad sin ley”) es prácticamente imposible disfrutarlo. La incivilización de nuestra sociedad actual, la falta de respeto a los demás, a su derecho (inalienable según todos los expertos) al descanso y al silencio hace imposible su disfrute. La música a toda pastilla de los niñatos (y menos niñatos) que se creen con la capacidad de imponer ésta a los demás, los ladridos constantes de los perros que en soledad esperan a sus dueños (es curioso ese empeño en sustituir a humanos por animales que nos invade), las motos y coches trucados que indican la manera en que sus conductores se quieren “dar a conocer”, incluso el indirecto, pero no por ello menos molesto del run run del tráfico que a veces resulta insoportable, estropean la posibilidad de escuchar el silencio.

Si tuviéramos que valorar algo que nos falta hoy en día entre las primeras deficiencias sería el silencio. Es uno de los bienes más preciados que nos están arrebatando sin que hagamos nada por conservarlo.


¿Quién debe hacerlo? Sin duda la propia ciudadanía que debería recuperar viejos hábitos de respeto, pero si eso no es así y no parece, los poderes públicos, especialmente los Ayuntamientos que son los más próximos a los ciudadanos, que deben poner medidas, educativas por un lado y coercitivas por otro, para hacer que esto pueda ser realidad.

Un mundo en el que se pueda disfrutar del silencio o al menos solo con los ruidos del trinar de los pájaros, el aíre al rozar las hojas de los árboles o el murmullo de un torrente es imposible, pero sí lo es controlar que no se convierta en una tortura. Hagamos algo para evitarlo.

¡Reivindiquemos el silencio!

1 comentario:

  1. Cuánta razón se desprende de tu entrada.
    El silencio es un lujo al alcance de muy pocos.
    Los portazos, gritos, ladridos, niños corriendo por pasillos imposibles, sin unas tristes zapatillas de andar por casa, televisiones a un volumen insano, música latina o tecno que logra desquiciar al más cuerdo de los humanos, es el único silencio al que se puede aspirar a día de hoy.

    En semana santa del año pasado, me escapé unos días con mi retoño a un hotel/spa para disfrutar de unos agradables sonidos. El del agua, el del aceite untándose en tu cuerpo, el rumor de las olas del mar a lo lejos y el del silencio. Agradable plan ¿a qué si?
    Pues la primera mañana, nos despertó el loco que habitaba la habitación contigua a las 06.30h. de la mañana poniendo las noticias en tv a todo volumen. El muy cafre puso tan sumamente alto el volumen que, no oyó el teléfono de la habitación al que le llamaban desde recepción,ni los toques a su puerta. Nada de nada. Porque, el desaprensivo botarate, tuvo la feliz idea de, pretender escuchar las noticias mientras se duchaba, afeitaba y acicalaba en el baño.
    No hay respeto, no lo esperamos. Por eso no lo cedemos ni lo regalamos. El mundo es cada vez más egoísta y triste por unos seres que, cada vez son menos humanos y más animales.
    Puro egoísmo o egoísmo en estado puro.

    ResponderEliminar