jueves, diciembre 15

El PSC en su encrucijada


El descalabro electoral de las pasadas elecciones autonómicas de Catalunya, rematado con el terrible resultado de las generales del pasado 20-N sitúan al PSC, al igual que al PSOE, en sus mínimos históricos en votos, diputados y poder político.

No vale, como por ejemplo ha hecho el PSN en Navarra, escudarse en que el PSOE ha acabado por arrastrar a todas sus franquicias autonómicas. Existen elementos comunes para explicar este abandono en masa de los votantes y es el alejamiento que de la base social se ha producido, no solo como efecto de una crisis mal negociada desde el poder que se tenía (en Catalunya y en España) también porque no se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos el instrumento, la herramienta fundamental en un partido de izquierdas: la estructura del propio partido.

Algunos ya veníamos advirtiéndolo desde hace tiempo recibiendo por parte de los equipos directivos escepticismo primero, incomprensión después, marginación, machaque y finalmente en mi caso aplicación de medidas disciplinarias de quienes han sido incapaces de aceptar la más mínima crítica.

El PSOE, el PSN, el PSC se habían convertido en un instrumento obsoleto para “uso y disfrute” de sus dirigentes, con unas bases sumisas por dos razones: una reducción importante de la militancia, y que en los órganos de dirección existía una abrumadora mayoría de cargos institucionales y de gentes con “algo que agradecer” que inhabilitaba cualquier posibilidad de revolución interna.

La sociedad, nuestra base social ahora nos ha dado un guantazo en la mandíbula dejándonos medio groguis. Todos los oráculos ahora admiten que algo debemos hacer, especialmente en el interior del instrumento deteriorado. Se habla de medidas drásticas, de hacer un partido con paredes de vidrio, transparente, plural, democrático, participativo. Bla, bla, bla.

Pero la realidad resulta bastante negra y lo que se nos viene encima (congresos del PSC y PSOE) no augura que hayamos aprendido del golpe recibido.

El primero que viene, el del PSC, tiene mala pinta. De momento los cuatro candidatos resultan “más de lo mismo” y toda la palabrería inicial queda reducida a que de nuevo los que nos han llevado a este desastre van a cocinar su resultado.

Los favoritos son dos alcaldes que lo primero que debíamos exigirles es que en su praxis política hayan practicado lo que ahora teorizan, ya que de lo contrario no resultan creíbles. Los otros dos, un ex alcalde y un miembro del actual aparato.

Lo que se preveía como una revolución de las bases amenaza con quedarse en “agua de borraja”. Entre otras cosas porque la mayoría de las “bases” que van a decidir este fin de semana son cargos públicos que desean seguir siéndolo o quienes quieren llegar a serlo. Así mal vamos.

Yo la verdad esperaba más de esta hipotética catarsis. Esperaba que la revolución que se palpaba en las redes sociales con diferentes grupos alternativos tuviera una consecuencia directa en el Congreso y un o una candidato-a alternativo a lo ya visto emergería como un tsunami que arrasaría todo lo que ya no nos sirve.

No parece que vaya a ser así y salvo sorpresa de última hora el candidato más “aparatero” (no hay más que ver el cierre de filas en torno a él de quienes no quieren perder su estatus) Pere Navarro va a ganar de calle, eso sí precisamente con las teorías de los revolucionarios lo que resulta cuando menos contradictorio.


La pregunta es: ¿será capaz el día siguiente a su victoria de ponerlas en práctica? ¿Será capaz de hacer un PSC con ventanas abiertas, paredes de cristal, aceptando la pluralidad y la divergencia, limitando los mandatos, aplicando incompatibilidad de cargos, incluso internos y externos, abriendo el partido a la sociedad, con una teoría y una praxis nítidamente de izquierdas? ¿Será capaz? Porque de ser así admitiré mi error y contará con mi apoyo.

Reconozco que mi escepticismo es producto de muchos fraudes en mi largo camino político, aunque mi ingenuidad me lleva a confiar aún en la sorpresa. Puede haberlas, DEBE haberlas y quizás en el desarrollo de este fin de semana ocurra algo sorprendente que me permita, a mí y a los miles y miles que nos han abandonado, volver a confiar en un socialismo, en este caso catalán, que resulta absolutamente imprescindible para afrontar un futuro dramático. ¿Quizás una sublevación milagrosa de las bases? Veremos.

Ahí estaremos para verlo aportando lo que podamos...y nos dejen.

1 comentario:

  1. Tengo que decirte que estoy bastante escéptica, y cansada de que cualquier cargo dentro del PSC nos diga que el partido está en nuestras manos,(me refiero a la base militante) y que eso sea mera palabrería, porque no es cierto. Siempre hay un filtro por el que no se pasa. Ahora, yo me he propuesto hacerlo, desde mi más humilde rincón. NO voy a tirar la toalla tan facilmente.
    Silviacas

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