lunes, marzo 21

21 Marzo 2011: Día internacional de la poesía

Hoy se celebra el día internacional de la poesía. La tenemos muy olvidada en los tiempos que corren, quizás porque tiene que ver con conceptos y sentimientos en desuso: ternura, sensibilidad, amor, dulzura, por eso desde éste mi lugar de expresión quiero rendirna un pequeño homenaje y como quiera que mis poemas son excesívamente vulgares voy a poner uno de, en mi opinión, el mejor poeta vivo que tenemos: Luis García Montero. Se titula "Inmortalidad" algo que nos empeñamos en alcanzar sin entender que como señala Luis no hace falta llegar a ella para serlo, porque lo realmente importante es lo que hemos vivido y nadie nos podrá arrebatar. Disfrutar este día dedicando un espacio a ella, a la poesía, escribiendo, leyendo o simplemente rindiendo un breve homenaje como pretende ser ésto.

LA INMORTALIDAD

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.



Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.



Y de pronto en el bosque
se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
y el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor en medio de la luz.



Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.


Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.



La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

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