miércoles, febrero 2

Qué le pido al 2011

Ha pasado ya más de un mes desde el desarrollo unas fechas festivas que cada año que pasa me parecen más tristes. Quizás porque son en las que más echas de menos a los ausentes, a quienes se fueron demasiado jóvenes dejando un vacío difícil de llenar. Al mismo tiempo nos influye que vivimos tiempos oscuros, no solo por la crisis económica también por los escándalos políticos, la violencia que cada vez se manifiesta más agresiva en una sociedad individualista y falta de valores o la insolidaridad galopante que nos invade.

Pero como lo habitual ahora es elaborar deseos para el año que acaba de comenzar, intentaré hacer lo propio con los míos: le pido a este 2011 que sea el año de la PAZ definitiva. Dentro y fuera. Que podamos ver el final de la pesadilla en Irak, Palestina, de las guerras que desangran África especialmente su norte y por supuesto que aquí en nuestro país (ponga cada uno el que desee) sea el momento, el año, en el que con imaginación, audacia, y generosidad por parte de todos, podamos conseguir lo que antes no fuimos capaces. Ahora que parece se dan las condiciones necesarias -aún no tengo claro si las suficientes- espero que todas las partes estén a la altura de las circunstancias.

Para eso hace falta que en éste 2011 que acaba de entrar nadie pueda ser acosado por sus ideas o por su profesión, ni pierda la vida en un accidente al ir a visitar a un familiar preso a 500 Km, ni existan ideologías ilegales porque ya no haga falta condenar la violencia terrorista al haber dejado de existir. Que dejemos de sufrir en una y otra orilla de este río de aguas turbulentas, construyendo puentes, abriendo espacios de diálogo y entendimiento desde un nuevo espíritu de reconciliación. Que nos escuchemos mutuamente, respetándonos desde la diferencia y todos nos encontremos cómodos en un nuevo marco de convivencia.

Que en las elecciones de este nuevo año, los ciudadanos tengan la suficiente habilidad para que sus votos provoquen un resultado que obligue a un pacto entre diferentes, castigando a quienes se dedican a tensar y separar.

Le pido también un país más tolerante, más solidario, más respetuosos con esas diferencias. Donde se pongan medidas eficaces para acabar con todo tipo de violencia y de intolerancia. Que deje de existir la violencia sexista que destroza la vida muchas mujeres -el año que nos deja ha batido un terrible record histórico de muertes- y otra igual de cruel como la del acoso sea laboral o escolar. Que sea el año en el que seamos capaces de acabar con esa lacra terrible que es el SIDA, o encontremos solución para enfermedades que nos diezman como el cáncer.

Un país que integre a los inmigrantes, sin construir muros ni guetos. Que sea capaz de entender que la mejor ayuda es la que se produce en el país de origen, favoreciendo su desarrollo, y evitando así que miles de personas se jueguen la vida en un intento de llegar al “paraíso” occidental, para no perderla por hambre o guerra en su lugar de origen.

Le pido que aporte cordura y sensatez a la Jerarquía de la Iglesia Católica para evitar que siga su confrontación en temas tan delicados como el aborto, matrimonio entre homosexuales y su derecho a la adopción, divorcio, reforma educativa, y en general en todo lo que tiene que ver con la libertad del individuo, en un estado liberal y aconfesional.

Apuesto porque este nuevo año los partidos políticos que nacieron en el siglo XIX se reciclen al XXI, adaptándose a los nuevos tiempos. Que protejan la disidencia, apoyen a los heterodoxos -una especie en vías de extinción por culpa de los burócratas- como una forma de enriquecerlos, y al mismo tiempo persigan a los inmorales, a los que se sirven de ellos para medrar o para enriquecerse, a quienes rompen las normas éticas básicas, a los traidores a sus ideas.

También deseo un nuevo año donde los hombres seamos capaces de entender de una vez por todas, que la igualdad entre sexos en una de las asignaturas pendientes del mundo. Igualdad desde la diferencia. Espero un impulso definitivo en el mundo occidental, y que se empiece a caminar en esa dirección en el segundo y tercer mundo, allí donde la situación es extremadamente grave, insostenible.

Le pido a este nuevo 2011 que las madres y padres sepamos educar mejor a nuestros hijos e hijas. Que Entendamos no se puede continuar creando una sociedad extraordinariamente permisiva con los niños desde el mismo momento en que nacen. Que se acabe con esa cultura de seguir creando reyes absolutos del hogar, que a medida que van creciendo aumentan su prepotencia convencidos de que no hay límite para sus caprichos, y que se transforman después en adolescentes adustos y engreídos en familia, y matones maleducados en la sociedad.

Espero que el 2011 sirva para recuperar el gusto por la buena música moderna, para que triunfen aquellos que pelean a la contra defendiendo la calidad por encima de otras cuestiones más materiales. Que no haga falta hacer leyes que protejan la propiedad intelectual, porque todos tomemos conciencia de que no se puede robar la creación, que hay que comprarla.

Deseo también poder seguir disfrutando de las personas que quiero, que me quieren y me dejen en paz las que no lo hacen.

Me conformaría con que pueda ver hecho realidad en lo que me queda de vida, una parte importante de lo que le pido a este pobre 2011, que ya debe estar agobiado al leer esta larga lista de peticiones. Pero si hoy tuviera que elegir una sola de mis peticiones, me decantaría por la paz. La paz allí y la paz aquí.
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Por último y como no poda ser menos, deseo todo lo mejor en este nuevo año para los que me leen ahora y para los que no lo hacen.

Ah y antes de terminar permitirme un deseo más personal: que la razón se imponga y me permitan seguir militando en el PSN.

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