viernes, octubre 29

Libertad de expresión: un derecho esencial. (Art. publicado en DEIA el 29/10/10)

Una frase como: “vivimos malos tiempos para la lírica” puede ser, y de hecho lo es, interpretada de manera muy diferente en una sociedad convulsa como la actual. Hay quien la liga con la mala situación económica por la que atravesamos, con el incremento peligroso del racismo y la xenofobia, o la crisis de valores y sentimientos a la que conduce un mundo cada vez más individualista, materialista y egoísta como el que vivimos

Pero creo que la acepción más adecuada está centrada en la falta de libertad de expresión que sufrimos. No en lo referente a la vulgaridad y simpleza de críticas y comentarios, que se contagian de los programas de televisión o de radio “basura” que nos invaden noche y día, sino más bien en todo aquello que a través del análisis y la reflexión puede poner en cuestión el poder establecido, especialmente en los partidos políticos. Unos partidos políticos cuya “revolución interna pendiente” trae como consecuencia una cada vez mayor separación de una ciudadanía que ya no confía en ellos, y de ahí que en las sucesivas encuestas los señalen como uno de los principales problemas actuales.

Alguien en su interior debería pensar sobre ello y propiciar la transformación de unas maquinarias más propias del siglo XIX en el que surgieron que del actual XXI. Serían eficaces medidas por las que algunos llevamos batallando infructuosamente desde hace demasiados años ya, como la limitación de mandatos, las listas abiertas, la incompatibilidad de cargos políticos u orgánicos, o diferenciar entre la lealtad a los ideales del partido y la sumisión a los líderes, aplicándolas en su praxis diaria si no queremos que nuestra distancia del resto de la sociedad a la que en teoría servimos, se vuelva inalcanzable.

Pero quiero centrarme en uno de estos aspectos: la libertad de expresión al hilo de la compleja situación en la que me encuentro después del lanzamiento del cohete de inicio de fiestas de mi pueblo: Villava-Atarrabia.

Independientemente de la manipulación que se ha hecho de mis palabras la noche anterior a su lanzamiento, dando la sensación de que lo que se dice que dije fue en el transcurso del acto institucional, cuando realmente era una reflexión personal previa al mismo, quisiera profundizar en un derecho de la persona que debería ser inalienable como es la libertad de expresión. Incluso en el interior de los partidos políticos. Porque cabe exigirles que ese derecho y el resto también, se apliquen con igual rango como militantes que como ciudadano. En caso contrario, si los derechos como afiliado a un partido son menores que como ciudadano, algo muy grave está pasando en su interior.

Las normas internas debieran estar centradas en la praxis política, en la obligación de acatar las decisiones internas democráticamente tomadas, pero nunca en lo referente a los análisis, reflexiones, o teorías políticas que debieran poder expresarse interna y externamente sin ninguna limitación. Se puede abrir expediente sancionador si después de decidir un sentido de votación alguien por su cuenta y riesgo rompe esa disciplina de voto, pero no debiera ser motivo de sanción expresar una opinión diferente a la mayoritariamente establecida.

Esta norma tiene incluso un efecto electoral positivo para los partidos mayoritarios, ya que al ser la sociedad extraordinariamente plural cuantos más matices, cuanto más plurales se visualicen desde el exterior, más posibilidades existen de ganar la confianza de ese electorado. Quizás esa sería una de las medidas más eficaces para que las encuestas dejaran de verles como un problema, el tercero en el ranking actual.

Aplicando esta norma a mí caso surge algún interrogante: ¿parece lógico que a un militante socialista, que precisamente se ha distinguido por su trabajo en tender puentes entre ambas orillas de este río de aguas turbulentas, se le expulse de su partido por hacer una reflexión sobre Otegi? Más aún si esa reflexión tiene que ver con la certeza de que en el mundo de Batasuna se están produciendo movimientos, quizás no tan rápidos como deseáramos, en la dirección de romper su cordón umbilical con los violentos y que uno de los que están impulsando esos cambios es precisamente Arnaldo Otegi.

Es probable que para acabar definitivamente con la violencia sea necesario ir tan despacio, para evitar que los que aún no ven esa transformación se queden descolgados con el peligro que eso puede suponer. Pero lo que nadie puede negar, y más leyendo sus declaraciones de los últimos días, es que Otegi está claramente en contra del uso de la violencia (que es sinónimo de condenarla, no podemos ni debemos ser rígidos en los semántico) y a favor de la acción exclusivamente política. Debemos, porque resulta lo más inteligente, reconocérselo, ayudarle en ese empeño de llevar a Batasuna al sistema democrático, fortalecerlo en su batalla interna. ¿Cómo lo vamos a conseguir si a quien aplica esta línea de actuación se le expulsa? No sólo sería un ataque intolerables a la libertad de expresión, sería una profunda torpeza política.

Pero no va a depender de mí que eso ocurra o no. Dije lo que dije donde lo dije. Cité a cinco personas en mi reflexión estrictamente personal: Montse Tura es ahora la número dos del PSC y gran esperanza para las elecciones de Noviembre, Tomás Gómez ganó las primarias del PSM y apunta a nueva figura política en un momento tan falto de ellas, Odón Elorza ha anunciado que seguirá optando a la Alcaldía de Donosti que seguro mantendrá por su gran trabajo, Patxi Zabaleta acaba de ser confirmado como líder de Nafarroa Bai con el 94 % de los votos, y Otegi me regala en el día de mi cumpleaños una entrevista donde deja clara su apuesta por la paz y contra el uso de la violencia. Creo que no anduve muy desacertado al citarlos. Hoy lo volvería a hacer, aunque no en el momento en el que lo hice para evitar manipulaciones como las que se han hecho. Creo que acerté, aunque ahora añadiría a un José Luis Rodríguez Zapatero que vuelve a recuperar su valentía, a un Iñigo Urkullu por su visión de estado desde Euskadi, y Patxi López por su generosidad.

Espero poder seguir reflexionando con libertad y heterodoxia desde el partido en el que milito, y que la verdad y la sensatez se impongan sobre otras cualidades menos respetadas y respetables. La libertad de expresión la atacan sólo quienes no tienen nada que decir, al menos con un mínimo rigor intelectual.

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