jueves, junio 17

LIBREPENSADOR

Recupero estas reflexiones que publiqué en DEIA hace ya cinco años: En alguna ocasión, y en los últimos tiempos con más razón, me he preguntado cómo me definiría desde el punto de vista ideológico. ¿Socialista? ¿Socialista, anarquista? ¿Socialista, liberal? ¿Liberal de izquierdas? Pero he llegado a la conclusión de que en realidad me considero "librepensador", o aunque pueda ser una redundancia "librepensador de izquierdas". Entendiendo por librepensador la definición clásica de "persona que forma sus opiniones sobre la base de la razón. Independientemente de la tradición, la autoridad o de creencias establecidas".
Además, y como agravante, me considero utópico. Aquel que persigue la utopía porque la utopía está en el horizonte: cuando yo camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Yo camino diez pasos, y ella esta diez pasos más lejos: ¿Para qué sirve pues la utopía? Sirve para eso, para caminar, para avanzar, para crecer intelectual y humanamente.

Por tanto a la vista de cómo está la militancia política en estos tiempos, resulta casi una contradicción definirse así y al mismo tiempo militar…, perdón, sería más adecuado decir estar afiliado a un partido. Aunque siguiendo el argumento de cómo están los mismos tampoco sería tan desafortunado emplear ese término.
Utilizando la lógica la mayoría de los afiliados a partidos considerados de izquierdas deberíamos ser librepensadores, y utópicos, pero me temo que eso no es así ya que la práctica de estos principios llevaría inexorablemente a la expulsión en más o menos tiempo. La disciplina en cualquier partido político que se precie está por encima de cualquier otra componente. Y ya se sabe que la disciplina si hay algo que coarta es la libertad, también la de pensar, especialmente cuando el pensamiento se transforma en palabras o se pone negro sobre blanco.

Derivado de esas circunstancias se me puede preguntar: ¿Cómo te las apañas para ser leal a tu ideología librepensadora, y al mismo tiempo seguir militando en un partido político? Buena pregunta si señor/a, y de difícil respuesta. Por lo menos de difícil respuesta que sea totalmente sincera si quiero seguir estando ahí: Pues limitando mi actividad librepensadora, o al menos dejándola en eso, en lo que pienso, y evitando en lo posible trasladarla a lo que digo y mucho menos aún a lo que escribo. En alguna ocasión ya he elucubrado sobre eso de la censura y autocensura. Bueno pues la respuesta más correcta sería: practicando la autocensura.

¿Eso supone una contradicción, o incluso una traición a mis ideas? Puede ser, pero al menos permite mi supervivencia en una actividad política que deseo mantener. Pero a medida que pasan los años uno se vuelve menos pragmático, y comienza a romper ataduras y compromisos, por lo que no sería de extrañar que en breve tiempo lleve mi ideología librepensadora a su máxima expresión. Pase lo que pase, y tenga las consecuencias que tenga.

Espero que alguno al leer esto no se apresure a elaborar el correspondiente expediente disciplinario. Desprecio profundamente a ese tipo de burócratas.
Siempre he defendido que en los partidos políticos nos deberían cuidar como si de una especie en vías de extinción se tratara, porque la verdad es que quedar quedamos bastante pocos, pero me temo que no va por ahí la cosa. Sobre todo teniendo en cuenta la experiencia vivida con los numerosos "tirones de orejas" que he tenido que sufrir en los últimos tiempos. Y eso que a veces me libro porque consideran mis opiniones "cosas de Úriz", como si estuviera loco o algo así, lo cual no se si interpretarlo como un favor o como un insulto.

Esto no quiero que se interprete como una crítica a mi partido, el PSN, porque probablemente en cualquier otro además de cómo estoy (marginado) estaría expulsado, y en alguno incluso algo peor. Mi crítica se dirige a todos, todos los partidos en general, y especialmente a los que se definen como progresistas o de izquierdas.
Aunque no nos confundamos, tampoco la sociedad actual tolera el librepensamiento. Bueno, cuando éste supone una crítica a los demás sí, pero si está dirigida a nosotros la cosa cambia. No hay nada más que ver, leer, las respuestas a algunos artículos. Como eso se suele transformar en epidemia, también algunos medios de comunicación se suman a la cruzada. Uno de Navarra sólo me saca los artículos que escribo cuando son críticos con la actitud de mi partido, no porque respete el librepensamiento sino para erosionarlo. Debo reconocer que eso jamás me ha pasado durante mi larga colaboración en DEIA, durante la que nunca he tenido el menor problema. Gracias.

No vivimos una buena época para el librepensamiento. A pesar de ello habrá que aguantar. Intentaremos seguir los consejos de Bertolt Brecht: "Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles". Seguiremos luchando, al menos para que alguien aguante la vela hasta que otros más jóvenes vengan a relevarnos, aunque a la vista de lo que viene detrás no me extrañaría que nos muramos sujetándola.

En fin, mi compañera en esta parte de la vida me dice que me estoy volviendo demasiado pesimista y crítico a la hora de valorar la sociedad actual. Será cosa de la edad, ya se sabe que algunos nos volvemos gruñones con los años.
Pero no quiero finalizar sin lanzar un grito bien alto:

¡Viva el librepensamiento! ¡Viva la utopía!

P. D. Aunque se pueda interpretar que no tiene nada que ver con este artículo, no quisiera privarme de reflejar una frase que me ha parecido simplemente genial, dicha por Blanca Li: «Si tuviera que morir esta noche, quisiera tener la sensación de haber sido bueno. Cualquier tonto puede ser malo, pero la bondad precisa inteligencia».

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