lunes, febrero 22

Dar una oportunidad a la paz (DEIA 19-02-2010)

El pasado lunes Batasuna presentó en sociedad el resultado de su debate en forma de un texto que había levantado mucha expectación: “Zutik Euskal Herría” que viene a significar algo así como “Euskal Herría en pié”. No me suena que estuviera postrada o de rodillas, más bien todo lo contrario en los últimos tiempos en los que se ha producido una profunda reacción política y lo que es más importante social contra todo tipo de violencia, venga ésta de donde venga.

En ese debate interno ha habido de todo, desde momentos confusos al filtrarse documentos diferentes, incluso contradictorios, quizás uno que provenía de la línea política y el otro de la militar, hasta inconcebibles vetos de ETA a representantes de Batasuna, sólo porque les llevaba la contraria en una mesa creada para ser controlada por los militares, ya que las organizaciones allí presentes no tenían una representación homogénea. ¿Cómo si no se puede entender que Batasuna con sus miles de militantes tuviera un representante, y otras muy minoritarias se sentaran en igualdad de condiciones? Incluso se comenta que ha habido “reconversiones” sobre la marcha y que algunos duros (¿o debo decir duras?) se han cambiado de bando en el transcurso de los debates fruto del convencimiento dialéctico de gentes como Otegi o Díez Usabiaga.

Pero lo que sí parece contrastado es que por primera vez en la historia de este ya largo y doloroso conflicto, los políticos se han rebelado ante el poder militar, y quizás el documento sea producto de esa rebelión. Este dato debía haber sido considerado con más cuidado, o al menos de manera relevante por el resto de las fuerzas políticas, especialmente las de ámbito estatal, y más concretamente por el PSOE y el Gobierno de Zapatero. No parece lo mismo lo ocurrido en esta ocasión que en otras anteriores, aunque no debe extrañar el recelo que provoca después de tantos fiascos, de tantos engaños, especialmente a consecuencia del impacto que produjo la ruptura de la anterior tregua con el terrible atentado de la T 4. Terrible no sólo por los dos fallecidos como consecuencia del mismo, también por la quiebra que suponía ante una situación de esperanza, de ilusión, cuando mucha gente, incluido el Presidente del Gobierno, pensaba que esa vez sí iba la cosa en serio. Con esa bomba ETA no sólo destrozó dos vidas y una terminal emblemática, también rompió en mil pedazos el sentido esencial de una tregua, y como consecuencia reventó el diálogo abierto en Loiola. Ahora probablemente los que seguimos defendiendo la vía dialogada para la resolución de este conflicto, incluidos los autores intelectuales del documento y las miles de personas que lo han debatido y aprobado sufriremos las consecuencias de ese gravísimo error, y las reacciones que han provocado caminan en esa dirección.

Pero deberíamos procurar mirar hacia delante, y no tanto hacia atrás que siempre trae el peligro de convertirnos en estatuas de sal. Leer el texto con mente abierta no sólo con esa lectura entre líneas que algunos hemos heredado del franquismo, también con lo que realmente pone. Sin manipulaciones ni recelos, con la previsión de que esta vez sí pueden ser sinceros cuando dicen en su página quinta, casi a modo de síntesis de todo lo anteriormente expuesto, que: “será el empuje de la unidad de acción y la activación popular, desarrolladas mediante la utilización de vías y medios exclusivamente políticos y democráticos…”. ¿Quién en la otra orilla puede estar en desacuerdo con esta afirmación? ¿No es eso y precisamente eso lo que les hemos venido exigiendo durante décadas, que sólo es admisible la vía política?

Pero dicen más. A continuación introducen un párrafo aún más contundente: “El proceso democrático tiene que desarrollarse en ausencia total de violencia y sin injerencias….” ¿A quién sino a ETA se refieren al plantear que no debe interferir en ese proceso? ¿A quién sino a ETA le comunican que debe hacerse sin su violencia? Pero aún lo dejan más claro en el siguiente párrafo: “Nadie podrá utilizar la fuerza (violencia se debe entender) o amenazar con su uso para influenciar en el curso o el resultado de las negociaciones multipartidarias, así como de modificar el acuerdo que nazca de las mismas”. O sea que no debe haber más T 4.

Está claro que no señalan en este documento explícitamente una condena a la violencia de ETA. ¿Existe alguien tan ingenuo que pensaba que en este primer paso lo iban a hacer? Tampoco me parece una exigencia básica ahora, si de lo que se trata, como decíamos en mi etapa marxista, es de “agudizar las contradicciones internas del contrincante”. Pero lo que dicen, no siendo suficiente, era necesario para emprender un camino, esperemos que esta vez sí definitivo, hacia la paz.

Han dado un paso hacia adelante. Para algunos como es mi caso, importante, histórico, para otros insuficiente, aunque para la mayoría sea “más de lo mismo”. Se equivocan quienes minimizan la importancia de una decisión estratégica representada no sólo por el contenido literal de este documento, también por los gestos que ha habido en la “trastienda”, con desencuentros profundos entre la línea política representada por Otegi, Usabiaga, y otros, con la dirección actual de ETA cada vez más alejada de sus bases sociales, y eso los demócratas deberíamos explorarlo y potenciarlo.

Una banda a la deriva masacrada por constantes caídas, taladrada por la desconfianza, y además, como preludio de su fin, con grandes dosis de mala suerte, como si el destino les estuviera enviando un mensaje claro de que éste es el momento de su desaparición; que ya sólo les queda salvar los “cuatro trastos” que aún les quedan antes de morir, no ya tanto por la presión policial y judicial como por inanición (la foto de los últimos etarras colgada en Facebook resulta de un patetismo significativo).

Que desde todos sus frentes, y los editoriales de Gara (que también les ha abandonado) son elocuentes, ya sólo se pide al Estado medidas sobre sus presos, y respeto a las normas democráticas, y cito textualmente su reflexión: “Por parte de los estados, la lista de gestos y acciones que sin duda allanarían el camino a recorrer hacia un marco democrático y que acelerarían el proceso comienza por aquellos que tienen que ver con derechos humanos y libertades políticas. Por un lado, deberían empezar por anular los castigos añadidos que sufren los presos políticos vascos, utilizados como auténticos rehenes. Por otro lado, deberían comenzar a desmantelar la telaraña legal que durante las tres últimas décadas ha tejido en Euskal Herria un estado de excepción.”

Sólo por esta reflexión que viene de su más importante medio de expresión ya valdría la pena explorar este nuevo camino. Demostrar desde los poderes del Estado, y desde los partidos políticos mayoritarios altura de miras, reacciones generosas, audaces en aspectos que parecen fundamentales para ellos: presos y posibilidad de actuar libremente en el marco político, preparando así la pista de aterrizaje para una resolución adecuada a este conflicto, sin humillaciones, incluso me atrevo a decir sin que parezca una derrota, y después poder restituir a las víctimas de ambos bandos, y restañar las heridas desde el perdón y la reconciliación.

Me consta que esta tesis se sitúa fuera del guión oficial, pero quizás si todos los que pensamos así dentro del PSOE expresáramos de nuevo contra corriente nuestras opiniones, y al menos existiera un contrapeso frente a las posiciones más duras, más extremas, podríamos conectar con quienes en la otra orilla han sido capaces de elaborar este texto también contra corriente, y ayudarles a cruzar a la otra orilla.

En definitiva que quizás ahora sí debemos poner toda la carne en el asador, con valentía, con audacia, dando así una nueva oportunidad a la paz. Ojala sea así.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Portavoz PSN en el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia)

Villava-Atarrabia 18 Febrero 2010

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