martes, noviembre 17

Te he echado de menos hoy. 10 años sin Enrique Urquijo.

Te he echado de menos, hoy. No tengo buena memoria para las fechas, pero el 17 de Noviembre es una de las que me han quedado grabadas en lo más profundo. Ese día, mejor dicho esa tarde-noche, de hace ahora diez años moría en una calle de Madrid mi admirado Enrique Urquijo. Sólo, o quizás mal acompañado.

Como en su canción era una tarde tan gris como su vida de entonces. Una tarde gris de un frío otoño en la que nos quedábamos huérfanos, en mi caso por segunda vez. Se moría un amigo, un hermano, y sentí el mismo dolor que cuando murió el real unos años antes. También músico, también rebelde, sensible, artista….diferente. Los dos vivieron deprisa y murieron jóvenes, pero a pesar de ello estoy convencido que esa breve vida fue más plena que la de mayoría de los que en nuestra gris sociedad llegan casi como zombis a los 80.

Enrique es de los pocos que en la música actual ha sido capaz de hacer música que pervive en el tiempo. Sus canciones, que escucho como fondo al escribir estas líneas, son profundas, llenas de sensibilidad, aunque a veces impregnadas de sensaciones amargas como la soledad, o el desamor. Era lo que algunos denominan, intentando darle un tinte despectivo, un perdedor. Bendito perdedor aquel que es capaz de transmitir esos sentimientos, convertir música en caricias, en cataratas de emociones que nos hacen SENTIR, así con mayúsculas, y al mismo tiempo vivir, cuando él estaba dejando de hacerlo.

Ese 17 de Noviembre me di cuenta que había perdido a un compañero de viaje en esto del vivir, aunque no lo conocí directamente, solo a través de su música y de las veces que fui a verle actuar. Alguien que entendía lo que he sentido muchas veces, y era capaz de transformarlo en canciones.

Canciones de esas que a uno le habría gustado haber compuesto: “Volver a ser un niño”, “Cambio de planes”, “Quiero beber hasta perder el control”, “La calle del olvido” y tantas otras. Que forman parte de la banda sonora de mi vida, de la mía y de una parte de aquella generación, aunque quizás nunca se hayan dado cuenta. Canciones que a diferencia de la mayor parte de las que suenan hoy, esas de “usar y tirar”, se mantienen vivas a lo largo del tiempo. De las que te hacen soñar incluso imposibles.

¿Dónde estará ahora? ¿Quizás con mi hermano Javi, y con el resto de esa generación que se nos fue de manera injusta y cruel, componiendo y cantando nuevas canciones?

Enrique se nos fue, nos hemos quedado sin el hermano músico, pero nos queda su obra esa que te hace despertar en medio de un mundo oscuro y anodino, con la pena de no poder escucharle nuevas historias. Aún me acompañan en los viajes, o en las tardes de otoño como en la que escribo este artículo, lo siento cerca, y seguirá vivo mientas sigamos vivos los que escuchamos y sentimos su música. Nos seguirá acompañando en nuestros bajones, en los momentos de depresión, de pena o desamor, nos levantará el ánimo, y nos hará un poco más felices al hacernos comprender que no somos los únicos que sentimos así. Como ya dije el día que conocí su muerte: ¡Qué pena que se vaya la buena gente y se queden los canallas! Ahora después de ocho años me reafirmo en ese comentario.

Enrique Urquijo, te recordamos, te echamos de menos, y quizás como tú decías: “seguimos siendo chavales ordinarios, que nos volvemos vulgares al bajarnos de cada escenario”. Cada uno de un tipo de escenario diferente, y en el de la política identificándonos, más aún en la época que nos toca sufrir, con “Que solo estás”.

El mejor homenaje que te podemos dedicar hoy es escucharte, y escribir estas líneas.

Menos mal que aún nos quedan gentes cono Quique González, su heredero musical que está llenando el vacío dejado por el maestro. Otro poeta roquero, con alma en su música, como ha demostrado en su brillante último trabajo. ¿Qué se puede decir de una sociedad que no apoya este tipo de música? ¿Qué está moribunda, en lo referido a las sensaciones y sentimientos?

Descansa en paz Enrique Urquijo, te recuerdo a tí y a mi amado hermano con lagrimas en los ojos y el sentimiento a ras de piel, mientras escucho de nuevo tu música.

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