viernes, septiembre 25

El laberinto de Navarra (DEIA 25 Septiembre 2009)

RECONOZCO mi dificultad para escribir estas reflexiones en tercera persona, como suele ser habitual. Quizás porque cuando uno intenta trasmitir ideas, sensaciones o analizar acontecimientos, siempre se guía por su experiencia, por cómo éstos le afectan personalmente y, aunque pueda parecer excesivamente individualista, creo que es más sincero hacerlo así.

Llegué a Navarra de manera definitiva en 1980 y lo primero que me llamó la atención, marcando mi devenir por ella, fue que aunque llegaba con una posición nítidamente de izquierdas al ser militante del Partido Comunista en lo político, de Comisiones Obreras en lo sindical y además ateo y republicano, me encontré que para un sector de la sociedad, en concreto para los nacionalistas especialmente los más radicales, era considerado como de derechas. ¿Por qué? ¿Cómo se podía producir esa transformación en los apenas 400 kilómetros que separan Madrid de Villava? Pues muy sencillo y al mismo tiempo tremendamente complicado: porque era español, me consideraba español, no sabía euskera y además entendía que todo lo relacionado con el sentimiento nacionalista era una manifestación pequeñoburguesa.

Con el tiempo aprendí a convivir con esa contradicción, a respetar y ser respetado, y quizás mucha culpa la tuvo un buen amigo que, desde la izquierda radical, me hizo comprender que se puede ser nacionalista y de izquierdas y al que supongo que en nuestras largas horas de charla le convencí de lo contrario: que también se puede ser español y de izquierdas. Por tanto, lo normal, lo lógico en la praxis política de Navarra, debiera ser que esas izquierdas de diferentes tipos se entendieran, colaboraran e incluso pactaran, y que lo realmente aberrante, antinatura, era que ese entendimiento, y mucho más aún el pacto, se diera con la derecha, con el agravante de que aquí se desarrolla la más reaccionaria de todo el Estado política y socialmente.

Es justo reconocer que la presencia activa de ETA distorsiona este razonamiento, porque introduce un elemento perturbador: que una parte de la izquierda, en este caso la abertzale radical, apoya el uso de la violencia como instrumento político e impide cualquier comunicación y mucho más cualquier acuerdo con ellos. Afortunadamente, la aparición de Aralar solucionó parte del problema, aunque no todo por el difícil equilibrio que deben hacer en la búsqueda de la equidistancia, entre ser gentes que no apoyan esa violencia, y al mismo tiempo tener que competir electoralmente con los que sí lo hacen.

Precisamente esa dificultad impidió que en estos momentos pueda haber un gobierno de progreso en Navarra. Estoy convencido de que si lo hubiéramos conseguido, el resultado de las elecciones generales del 2008 habría sido el mismo, por lo que Zapatero estaría también de presidente del Gobierno de España, pero también lo estoy de que Navarra habría tenido un avance espectacular en estos dos años, especialmente en los temas sociales. Puras no tiene nada que ver con Sanz, y la Sanidad pública estaría sin duda en mejores condiciones que las deplorables en las que ahora se encuentra, lo mismo que la Educación, o los Servicios Sociales. La cuestión económica afectada por otros componentes externos, no habría variado demasiado, aunque posiblemente ciertos poderes fácticos no muy recomendables y que campan a sus anchas en estas circunstancias tan favorables para ellos estarían más controlados.

Pero hay un elemento importante en el que sí se habría avanzado mucho: la necesaria, imprescindible, normalización de relaciones con la CAV. ¿Podemos hacer un ejercicio de imaginación para adivinar cómo sería la comunicación entre Fernando Puras y su gobierno con Patxi López y el suyo?

Fue una oportunidad perdida, pero no de manera definitiva. Al menos para una parte de la sociedad navarra progresista y de izquierdas y para los militantes de esa izquierda, estemos en una orilla o en la otra, que no renunciamos a que se pueda hacer realidad en un futuro próximo. Es cierto que en los momentos actuales esta posibilidad parece lejana. Los últimos acontecimientos así lo indican. El acuerdo entre Pepe Blanco y Miguel Sanz posterior (¿o no?) a aquellos convulsos acontecimientos trajo como consecuencia un pacto tácito, aunque quizás esperemos que también sólo táctico, entre el PSN y UPN, consolidado tras el complejo Congreso socialista en verano 2008.

La posterior ruptura de la derecha, más el debilitamiento del CDN, la jaula de grillos que en algunos momentos parece Nafarroa Bai, añadida al fracaso del proceso de paz y la locura terminal en la que se encuentra ETA y a la que arrastra a su entorno político, parecen dar la razón a quienes lo diseñaron. Pero sólo parece, porque la ruptura de UPN y PP puede ser un arma de doble filo que acabe dándoles la mayoría absoluta en el 2011, más aún teniendo en cuenta que Yolanda Barcina es una figura más mediática, más atractiva socialmente que un Miguel Sanz, profundamente desgastado en los últimos años. Es probable que el PP también busque un líder con tirón y que al final les salgan los números. Si se dieran esas circunstancias, el efecto sería la caída de un nuevo líder en el PSN (y van ya…) y cuatro años perdidos para la izquierda. Si añadimos el desgaste que en Na Bai está produciendo el peso muerto que le suponen partidos como EA, o que el proceso de reflexión que se está dando en Batasuna y que parece culminará el domingo en un Gudari eguna que habrá que seguir con mucho detenimiento, no aporta nada nuevo a su posición de sumisión a los ferreteros, nos depara un panorama desesperanzador para quienes apostamos por un gobierno progresista en Navarra.

Con respecto a lo que ocurra ese día en Batasuna, habrá que ver si Otegi y los suyos se pliegan de nuevo a las condiciones que les pretenden imponer desde ETA o si con valentía dan la batalla definitiva para imponer sus tesis, al menos en el sector político. En ese acto, que parece se va a desarrollar de manera muy hábil en suelo francés, lo primero que habrá que observar es si el encargado de lanzar el mensaje es Otegi y, si lo es, qué equilibrios va a hacer para expresar sus opiniones sin confrontarse abiertamente con la dirección de ETA. Interesante, muy interesante, teniendo en cuenta que lo que allí pase seguro que afecta a medio plazo a la situación política de Navarra.

A pesar de todo ello, espero y deseo que al final todo vaya en la dirección favorable para que un gobierno diferente pueda darse en una Navarra que ya se lo merece después de tantos años de desatino. Espero, deseo, que la suma de UPN y PP no de los números, que Roberto Jiménez se consolide como alternativa a lo Patxi López, que sus mayores le dejen hacer lo que debe hacer, que Na Bai siga las directrices de Zabaleta y no las de Maiorga Ramírez, que Otegi imponga sus tesis en Batasuna y a ser posible también en el otro lado y, sobre todo, que las gentes de izquierdas navarras despierten de su letargo, tirando todos y todas en una misma dirección, cada uno desde su espacio vital, incluidos algunos medios de comunicación que se encuentran algo despistados últimamente.

Así y sólo así veremos hacerse realidad nuestro sueño y que el laberinto navarro actual pueda transformarse en un bello paseo por las orillas del Arga.

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