sábado, diciembre 20

KAMIKAZES ENAMORADOS

Conocí a Quique González a través de la gira que Los Secretos, ese grupo indispensable a la hora de analizar la música pop española de los últimos tiempos, hizo en homenaje al malogrado Enrique Urquijo.

Siempre he sido admirador de los hermanos Urquijo y eso me hizo seguir esa gira que tuvimos el placer de contemplar en Villava-Atarrabia. Durante ese seguimiento descubrí que una de los temas que Enrique cantaba en un espléndido disco que sacó al margen de la banda, era de Quique, la fantástica “Aunque tú no lo sepas”, una canción llena de ternura y sensibilidad.

Cuando uno escucha una canción que te llega muy dentro, que te hace despertar los sentimientos que una sociedad oscura e insensible te van desgastando, siempre te surge la necesidad de conocer algo más de quién ha sido capaz de componerla. Vivimos malos tiempos para la lírica, para que la sensibilidad se traslade a cualquier cosa que hagas en la vida, sea a través de la escritura, la música, del amor, o por qué no, la política. La capacidad para sentir, para estremecerte ante un atardecer o al escuchar una canción como ésta, se interpreta como un gesto de debilidad. Estamos en una época que sólo se valora la fortaleza, la contundencia, la intransigencia, la rigidez que producen la insensibilidad, y esterilizan los sentimientos.

Por eso encontrar gente como Quique González es como un oasis en medio del seco y terrible desierto de nuestra sociedad. Sus canciones nos devuelven al pasado, a los años románticos rodeados de idealismo, de batallas por lo imposible, de la utopía, cuando éramos felices, y a través de ellas deseamos y a veces conseguimos volver a ella, volver a amar, a ser felices. Te ponen la carne de gallina, te invitan a vivir como antes, a vestirte de Don Quijote en busca de los molinos de viento, para luchar contra los canallas que dominan nuestro mundo, a sentir, a amar, a acariciar, a besar con ternura, sin que haga falta abandonar la pasión, a soñar, a desear, a vivir…..

Como no podía ser menos detrás de un cantautor que es capaz de componer canciones como “La ciudad del viento”, “Salitre 48”, “Rompeolas”, “Estación de servicio” o “Reloj de plata”, por citar algunas de las que llenan de belleza sus discos, tiene que haber una gran persona, pensaba al escuchar su música. Y acerté.

Lo conocí personalmente cuando tuvimos la suerte de traerlo a nuestro pueblo. Fue un concierto que como algún crítico local tituló en su crónica “para no olvidar”. Dos horas y media de música en estado puro, sin trucos, sin engaños. Algo raro en esta época en la que la música basura nos inunda.

A través de las breves charlas que mantuve con él, supe que había roto con la multinacional que editaba sus discos, porque quería crear con libertad, y hoy en día las multinacionales de la música son mafias que lo que menos les preocupa es la calidad del producto. Se había metido en un proyecto que denominaba “peleando a la contra” según la obra de Bukowski. Había escrito una especie de declaración de intenciones con el mismo título que leí con atención. Debo reconocer que me impresionó, y también que me recordó a cómo era yo en 1968.

Quiero recoger como homenaje a aquella lucha el comienzo de ese escrito. “En un artículo sobre Luis Cernuda, el poeta granadino Luis García Montero venía a decir que en un mundo en el que todo es fácilmente homologable, incluso las personas somos susceptibles de ser carne de hipermercado, así que es muy importante que predomine la conciencia individual sobre el pensamiento globalizador. En estos días, tratar de seguir tu propio camino, de ser coherente con tus convicciones, se convierte precisamente en la única manera de actuar en el mundo…”. ¿Les suena? A mi desde luego sí.

Es reconfortante, saludable conocer a gente que le importa más la música que el dinero, que es capaz de romper con todo lo que le puede suponer fama y grandes ventas a cambio de mantener su libertad, su honestidad. No abundan ni en el mundo de la música ni en otros campos de la vida que conozco más directamente.

Ahora ha vuelto a Villava, donde ya ha estado nada menos que cinco veces, ayer estuve con él, charlamos, nos reencontramos, pero sobre todo recuperé su música, su expléndida música, en un concierto en el que desgranó sus diez años de trabajo, y me volvió a emocionar, a acongojar, me hizo sentir con intensidad, profundamente, haciendo que ese sentimiento abriera mi corazón, mi capacidad de amar, provocando incluso que alguna lágrima bajara suavemente por mis mejillas.

Que una canción te haga llorar de emoción dice mucho de ella, y de quien es capaz de componerla. Fue, al menos para mí, una noche especial, muy especial, quizás el concierto con más sentimiento de los muchos que le he escuchado, o quizás pasó que el que estaba especialmente sensible era yo.

Ahora con la resaca de esa noche escribo estas líneas con la satisfacción de saber que existen jóvenes que siguen peleando de esta forma, con sensibilidad, desde la honestidad, la sinceridad, sin violencia sea esta física, verbal o psicológica, y eso reconforta. Vuelves a confiar en que esta sociedad aún se puede salvar con gente así. Sirvan mis palabras como homenaje y reconocimiento a todos los Quiques González que luchan contra corriente, pelean a la contra, en una sociedad aborregada en la que no se consiente al diferente, al heterodoxo, al rebelde, al revolucionario, al sensible lo sea en cualquier campo de la vida.

Mientras tanto seguiré disfrutando de su música, emocionándome, amando, deseando, soñando con caricias y besos, e incluso llorando con la sensibilidad desbordada por cada poro de mi cuerpo.

Gracias Quique, por tu música y por tu ejemplo.

P.D. Titulo el artículo con una de las canciones de su cuarto disco, porque ahora me siento así. Y añado una parte de la letra de una de mis favoritas “Rompeolas” que hacía mucho tiempo que no se la escuchaba y ayer cantó una versión especial, muy especial.



Llévame a ver salir el sol
cuando enrede los cabellos en tu nuca
llévame al puerto de náufragos
y a los muelles que no escuchan tus preguntas
Desatando pañuelos de bruma
hace algunas horas que perdí la suma
desde el rompeolas me alejo de ti
vuelo equivocado, tu voz es el viento
que rompe las olas

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