jueves, noviembre 20

La delgada línea roja

Fue duro lo que ocurrió en el Pleno del pasado martes, fue duro especialmente para quien como yo no sólo sufre por su situación, sino que también lo hace por la que tienen otros. Esto es una locura, porque nos encontramos sin puentes, dinamitados por los descerebrados, entre las dos orillas de un río de aguas turbulentas, orillas en las que se sufre de manera parecida. Alguien debería hacer algo para evitarlo, aunque al mirar alrededor sólo veo mi sombra.

Reconozco que en los últimos tiempos mi sensibilidad se ha incrementado de manera notable, pero no es este el momento ni el lugar para hablar de ello, aunque quizás haya quien lo entienda. Esa sensibilidad me trae momentos de goce, porque hace que de nuevo sea capaz de llorar de emoción al escuchar una canción de Enrique Urquijo. Llorar al notar su ausencia, al sentir el dolor que produce la pérdida de alguien a quien se quiere, como un hermano roquero y transgresor que vivió demasiado deprisa, y nos dejó sin darse cuenta de lo que nos hacía. También hace que las tensiones políticas te pillen en carne viva, casi sin piel que te proteja de cualquier roce, y mucho menos de cualquier golpe. Por eso además de las repercusiones políticas del martes, hubo también personales. Que gentes con las que convives aunque sea en un espacio tan seco como el político, a los que incluso llegas a apreciar a pesar de esas diferencias se comporte de manera tan vil y canalla, a mí al menos me afecta, y quizás la eliminación de mi coraza hace que ese dolor sea aún mayor.

Siento que el martes algo se quebró quizás definitivamente, hubo gentes que cruzaron esa “delgada línea roja” que como la maravillosa película de Malick nunca se sebe cruzar. Desde el oriente panfleto lleno de referencias a “Úriz, de manera casi patológica, repartido en Villava la noche anterior, hasta el comportamiento del Pleno, todo fue un despropósito que tendrá repercusiones en el futuro, en lo político, y en lo personal. No todo vale en la práctica política, no todo debe valer, porque entonces la degradamos más aún de lo que ya lo está.

Desde el “día después” veo lo ocurrido de manera calmada y serena, pero con una gran preocupación. Algunos están empeñados desde hace tiempo en situarme en el punto de mira de los descerebrados. Me preocupa no porque tenga miedo, que no lo tengo, la verdad es que nunca lo he tenido, sino por lo que de indigna supone esa actitud. Luego si pasara algo vendrían las lagrimas de cocodrilo, los lamentos, y las solidaridades.

No los quiero, me asquea en cinismo y la hipocresía, que se las metan por donde les quepa. Porque a pesar de la espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas seguiré siendo como soy, resistiendo ante la intolerancia, la presión, el fascismo, y viviendo el día a día a pesar de ellos.

¡Viva la libertad! ¡Viva los sentimientos!

1 comentario:

  1. Buenas tardes. Supe de la existencia de tu blog gracias a la noticia en la que decidías poner cara al sinsentido nacionalista con una bandera de los Iron Maiden. Luego he ido leyendo tus entradas, el buen gusto musical que tienes, las ideas que transmites en este espacio... y hoy acabo de comprobar, atónito, la situación que viviste el Martes y la pasividad de tus compañeros de pleno.

    Te saluda un joven de León, currante y estudiante a partes iguales, que admira profundamente gestos como el tuyo al poner esa bandera (magnífica bandera, por cierto) mostrando la desnudez del emperador cuando todo el mundo lo ve vestido por miedo. Gente como tu hace que jóvenes como yo tengan cada vez más claro que, en esta vida, es vital pelear por aquello en lo que crees. No te rindas. Un cálido abrazo y, cómo no, ¡Viva la libertad! ¡Vivan los sentimientos!

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